jueves, 10 de noviembre de 2011

Rogelio Alonso, con nuestros caídos



Coincidimos en la cena del V aniversario de la Fundación DENAES, al que habían asistido numerosas víctimas del terrorismo. Le había saludado y felicitado hacia unos meses por el magnífico libro Vidas rotas, del que era coautor junto a Marcos García Rey y Florencio Domínguez, este último uno de los mejores conocedores de la organización terrorista ETA y uno de los hombres mejor informados de España sobre todo lo relativo a la banda.
Me alegró verle allí. Inmediatamente me dispuse a presentarle a algunas personas: “Rogelio Alonso, el hombre que ha escrito el libro más importante sobre ETA”, dije a varios de los presentes cada vez que le presentaba. Rogelio, entre tímido y agradecido, negaba con la cabeza y decía: “¡Qué va!”. No era falsa modestia. Muy probablemente él no crea haber escrito el libro más importante y decisivo sobre la banda criminal. Pero a mi, su negativa reiterada a tal reconocimiento, me hizo reflexionar. ¿Era el libro de Rogelio Alonso el más importante sobre la historia de la banda? Me volví a responder afirmativamente. Lo era. Probablemente no era la obra en la que mejor se desentrañaban las interioridades de la mafia etarra, ni en la que mejor se explicaban su organigrama y sus diferentes estrategias durante estas cuatro décadas de terror. Pero el libro refleja lo esencial de la banda como ningún texto lo había hecho antes, representando un documento excepcional no conocido hasta que Rogelio Alonso y compañía se pusieron manos a la obra.
Porque la historia de la ETA no es sino la historia de sus víctimas. Eso es lo único que en verdad importa de la organización mafiosa: que no olvidemos los muertos provocados ni los objetivos totalitarios y secesionistas que han animado tantos crímenes. Vidas rotas, en mil trescientas páginas, es el primer gran compendio de todas las víctimas del terrorismo, del casi un millar de muertos provocados, con una breve historia de quiénes fueron y cómo murieron a manos del terror etarra.
Es justo reconocer el esfuerzo no solo científico, sino patriótico de los autores a la hora de acometer tan vasta tarea, un esfuerzo realizado en favor de la sociedad y de la memoria de la misma. Al final, los autores han puesto el acento en lo esencial, en nuestros caídos, en nuestros inocentes -todos ellos- ante la sinrazón de los medios y los fines terroristas.
Pero más que de los autores, yo quiero volver de nuevo al autor; Rogelio Alonso, profesor titular de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos. Siempre me ha sorprendido el conocimiento, pero más aún el compromiso de este profesor con aspecto de estudiante. Parece un chaval. Creo que siempre ha puesto su formación y sus investigaciones al servicio de la sociedad española, dedicándose a estudios absolutamente útiles para la vida colectiva de una nación. Querían comparar el País Vasco con Irlanda para justificar una negociación entre bandos y Rogelio Alonso se convirtió en el mayor experto español sobre el caso irlandés, derribando sin piedad cualquier paralelismo. El yihadismo atacó al mundo occidental, y Alonso volvió a zambullirse en ese otro terrorismo. También ante el reciente comunicado etarra fue de los pocos que no se dejó embaucar. Y afirmó con rotundidad que se trataba de un alivio, pero que ETA seguía siendo una amenaza, y mientras no se disolviera no se podía subestimar su capacidad terrorista. En el futuro, la perpetuación de la memoria de las víctimas de la ETA, será en gran medida obra suya. “Un monumento hecho con palabras” en expresión de Maite Pagazaurtundua. Porque Vidas rotas es una contribución a la memoria, pero también a que los terroristas no consigan romper la vida colectiva, en libertad y democracia, de la Nación española, que tiene en Rogelio Alonso a uno de sus mejores hijos.

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