lunes, 7 de noviembre de 2011

Gustavo Bueno, una cabeza por España




Filosofar y defender la patria no es incompatible. Contra lo que sostienen algunos, el patriotismo no es necesariamente un producto irracional, un mero impulso. Defender a España, no solo con corazones, sino con razones, es perfectamente posible. Quizá quien mejor lo haya demostrado en estos tiempos de crisis y de oportunidad para el patriotismo español ha sido el gran filósofo Gustavo Bueno, probablemente uno de los últimos filósofos vivos con “escuela” y con una sorprendente legión de jóvenes conocedores de su obra y de su trayectoria.
Lo más valioso que Bueno ha aportado a la defensa la Nación española, tanto frente a Europa como frente a los separatismos, y frente a las teorías negro-legendarias, son sus razones, su pensamiento, su esfuerzo, su sapiencia. Pero involuntariamente ha realizado otra gran aportación: la de su trayectoria. Que un hombre percibido como un filósofo de la izquierda, con un indiscutible pasado izquierdista, y en todo caso respetado y admirado por la izquierda, despliegue -con todo su vigor intelectual- el mayor de los compromisos patrióticos, es una especie de maná para los millones de españoles orgullosos de serlo y atemorizados ante la posibilidad de ser convertidos en cualquier otra cosa por obra del fanatismo, la inepcia o la cobardía de la nomenclatura política española.
Su magnífico libro “España no es un mito” es la mejor certificación de su compromiso con España, como lo son sus escritos, declaraciones y posiciones públicas de los últimos tiempos. En tal obra apela a la figura quijotesca en varias ocasiones y a la necesaria defensa de España frente a sus enemigos con el discurso “de las letras y las armas” del gran hidalgo de La Mancha. Quizá por eso Gustavo Bueno no se ha contentado con las letras de sus libros y se ha lanzado al ruedo cívico de los movimientos sociales, a las grandes concentraciones y manifestaciones contra la disgregación de España, y a exigir a los poderes públicos una respuesta contundente a los secesionismos.
La desafección de antiguos seguidores no ha sido obstáculo para que el filósofo genial y hombre libre que es Gustavo Bueno haya demostrado su fe patriótica con las más altisonantes y provocadoras proclamas españolistas. El octogenario Bueno ha comparecido antes sus “compatriotas” –así los ha llamado- en la plaza pública, les ha arengado y ha vitoreado a España ante miles de personas. Ha regalado sus 85 años de razones al movimiento cívico asistiendo en Madrid y Bilbao a importantes manifestaciones en defensa de la unidad de España y ha participado en el nacimiento e impulso de la Fundación DENAES, para la defensa de la Nación Española, que me honro en presidir desde 2006, y de la que Gustavo Bueno es patrono de honor desde su fundación.
Los españoles no podemos escatimar agradecimientos a Bueno por su filosofía comprometida, su ímpetu juvenil, y por el hecho de que a su avanzada edad no haya sucumbido nunca a la tentación de encerrarse en la torre de marfil de la universidad, ni de recluirse en su casa a descansar. He sido testigo privilegiado del ardor guerrero de Gustavo Bueno en defensa de la Patria común, de la hispanidad, a lo largo y ancho de toda España. Incluso la asediada Ceuta hemos alcanzado con la compañía inmejorable de Gustavo Bueno en la pretensión de extender la presencia social de la Fundación DENAES por todo el territorio nacional
La apología razonada que Gustavo Bueno viene haciendo de España es quizá la mejor contribución que ningún filósofo español vivo ha realizado al proyecto común de España en las últimas décadas y cuando pasen los años y su obra sea estudiada nadie podrá sortear la guinda patriótica del pensamiento filosófico de Gustavo Bueno producida en su etapa de mayor madurez y lucidez.








(Publicado en el semanario Alba)

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