martes, 11 de diciembre de 2012

Discurso de la Plaza de Colón, por la unidad de España (6/12/12)



Transcripción:


Compatriotas;

¡ESPAÑA,  SOMOS TODOS! 

Formamos parte de una Gran Nación.

Habéis respondido al llamamiento de la Fundación para la Defensa De La Nación Española. GRACIAS, en el trigéismo cuarto aniversario de la Constitución de 1978.

Es un orgullo ver ondear nuestra bandera.  Miles de nuestras banderas.

Es un orgullo estar junto a vosotros hoy y aquí. En el inicio de algo grande.

Dijo Unamuno, y yo quiero y puedo repetirlo hoy:

“Yo soy vasco y, por eso, doblemente español”

Y por eso me permito la licencia de comenzar hoy una proclama de 1808: La de los vascongados a los demás españoles, en el contexto de la Guerra de la Independecia, para -reformulada- dirigírosla  hoy a todos vosotros.

Así decía entonces los vascongados:

Españoles; Somos hermanos, un mismo espíritu nos anima a todos.

 Aragoneses, Valencianos, Andaluces, Gallegos, Leoneses, Castellanos, (catalanes)  todos nombres preciosos y de dulce recuerdo para España, olvidad por un momento estos mismos nombres de eterna memoria, y no os llaméis sino Españoles


Amigos:

Hemos venido hasta aquí para defendernos. Para defender un valor que atesoramos desde hace siglos y que nos ha sido legado: la unidad de la Nación Española.

Hace  pocos meses aun se nos caricaturizaba a todos nosotros, -a todos vosotros-,  como “los del España se rompe.”

Nos llamaban agoreros,  nos llamaban fatalistas.  Ojalá hubieran tenido razón.

Pues bien, ya nadie puede reírse, ya nadie puede hacer chanzas,  porque ya están llamando a la puerta  los que quieren romper España.

Ahora ya no se puede discutir si el peligro para la unidad de España es de mayor o menor gravedad, porque sabemos que es gravísimo. 

Sin embargo, muchos españoles de buena voluntad, -por pereza, por educación, por ceguera o por el deseo de esquivar disputas- aun no le dan a este órdago, -que está sobre la mesa-,  la importancia que tiene, ni se dan cuenta de sus consecuencias.

Algunos –incluso-  infravaloran la capacidad disolvente y dañina del secesionismo, lo que  es -a todas luces-,incomprensible, porque los adversarios de la unidad están bien organizados y son  muy visibles desde hace  décadas.

Están bien financiados con nuestros propios impuestos, asistidos por la poderosa arma de la educación,  una educación adoctrinadora, y una doctrina falseada, que no han dudado en usar contra España,  contra su realidad histórica, contra su democracia, y  contra su proyecto común.

Disfrutan  sin disimulo de los potentes altavoces que les dan "los medios de comunicación  del editorial único", herramienta indispensable de ese régimen que se ha sublevado contra España.

Otros españoles bienintencionados, -por cansancio, por hartazgo-, han caído en la trampa de los separatistas;

¡Cuántas veces no hemos oído! , cada vez con mayor insistencia (incluso entre nuestros propios amigos) esa frase fatal y derrotista:  “¡que se vayan, que les den la independencia!”

Si precisamente los nacionalistas quieren imposibilitar los afectos entre los españoles, borrándolos de un plumazo. No caigamos en su provocación permanente. No nos permitamos entrar en su juego.

¿cómo ibamos a permitir eso? ¿Cómo vamos a aceptar que se vayan solo por no oir a los cabecillas separatistas?

¡Mirad este árbol ¡, símbolo de DENAES, en cuyo tronco se representa a España y en sus ramas a las regiones.  Si la rama se separa del árbol, el tronco sufre. Pero  la rama muere.

Y nosotros no queremos eso. Porque nosotros amamos a Cataluña y al País Vasco precisamente porque amamos a España.

Y queremos a nuestros compatriotas catalanes y vascos,  y nunca nos permitiremos abandonar a  esos compatriotas a su suerte. Menos aun a los más débiles; aquellos que están siendo discriminados por el nacionalismo.

Porque donde España se ha retirado, la libertad ha desaparecido. ! No debemos retroceder!!

Conocemos nuestras debilidades.

 Y también las de los enemigos de la unidad.

Pero igualemente conocemos algo que es mucho más importante: nuestra fortaleza. Nuestra gran fuerza. La solidez de la Nación Española.

España constituye una poderosísima tela de araña de afectos, interrelaciones, y ligazones de todo tipo.

España está mucho más unida de lo que parece, y de lo que les gustaría a los separatistas.

España no se rompe, ni se romperá, gracias a  la fortaleza de la idea de España y gracias a  la fortaleza de su realidad histórica.

Y España no se rompe ni se romperá, por los que estamos aquí, decididos a defenderla.

La pretensión de separar al País Vasco y a Cataluña de su matriz española no es como  coser y cantar.

España no  es una realidad cogida con alfileres. España no es un mito. España no es una cáscara. España no es una entelequia. España no es una fantasmagoría como esas nacioncitas inventadas. Ni una superestructura. ESPAÑA ES UNA GRAN NACIÓN.

La unidad de nuestra Patria se mantiene  y se mantendrá por esa solidez muchas veces centenaria,  y no  sólo porque lo digan unas leyes.

Y por eso, no se romperá porque un puñado de españoles hayan elegido el fracasado  camino de traicionarse a sí mismos.

Nuestras fronteras llevan siendo esencialmente las mismas desde hace 500 años Somos el país más estable de  Europa. España es una Nación  muy definida y muy formada.

Y eso no es por casualidad.

Es porque lo común existe. Además de lo particular, existe el elemento común. Hay una historia común, una bandera común, un himno común, hay una lengua común. Y hay unos sentidos y sinceros afectos mutuos entre los españoles..... y todo ello es precisamente lo que los nacionalistas quieren borrar y sustituir. 

Pero, -aunque conozcamos esa gran fortaleza de la Nación Española-, no podemos dormirnos en los laureles.

Nosotros estamos aquí porque somos conscientes de la gravedad de la situación para la convivencia nacional.

Y porque no nos llamamos  a engaños sobre las intenciones separatistas declaradas,  de los que han elegido el penoso camino de  ser enemigos de España,  de la legalidad, y de la libertad de sus hombres y mujeres.

Y porque queremos seguir mirándonos al espejo cada mañana y que éste no nos devuelva la imagen de la cobardía, de la impotencia, y del desistimiento.

Queremos vernos en ese reflejo -y  queremos sentirnos- reconocidos en los mejores valores que hicieron grande, admirada y envidiada a nuestra nación: la unidad, el honor, la universalidad, la lealtad, la honra,  la gallardía, la humildad, la solidaridad, la hermandad humana.

Queremos ser merecedores de llevar el título de españoles, como un timbre de honor, pues no otra cosa que un honor es ser español. 

Y es por eso que no vamos a tolerar que la unidad de España se precipite por el sumidero de la Historia. Al menos no lo vamos a tolerar mansamente, y sin ofrecer resistencia, sentados en nuestros sofás, viendo el televisor.

Dejar de luchar no es propio de españoles.

Rendirse no es una opción.

Rendirse no es la opción de un pueblo por cuyas venas corre la sangre de Blas de Lezo; de Churruca; de los Héroes del 2 de Mayo, Daoíz y Velarde; de Jaime I el Conquistador,  o de Juan Sebastián Elcano

Rendirse no fue nunca la opción de un pueblo que recobró su territorio tras siglos de pérdida, de un pueblo cuyos vástagos abrieron camino de un confín al otro del un mar ignoto en la mayor aportación de España a la Historia Universal.

De un pueblo cuyo Imperio nunca vieron juntas ni Grecia ni Roma.

De un pueblo que peleó con uñas y dientes, y que derrotó al invicto Napoleón.

Rendirse no es la opción de un pueblo que proclamó en el Cádiz sitiado por el más grande ejército de la época, que la Nación Española no es patrimonio de ninguna persona, de ningún familia; y de un pueblo que con audacia  impulsó la andadura de la España Constitucional, siempre mirando a la hermana Hispanoamérica y apelando a los españoles de ambos hemisferios.

Rendirse no es la opción de un pueblo que en 1978 supo abrazarse en un gran acuerdo nacional, y supo mirar –con generosidad-  por encima de  sus querellas intestinas,  tratando de cerrar las heridas de una cruenta Guerra Civil.

Rendirse no es una seña de la identidad que hayamos heredados.

Ahora tampoco podemos rendirnos ante unos compatriotas equivocados y presos de un auto-odio tan incomprensible como desgarrador, para nostros y para ellos mismos.

Hasta ahora no les hemos combatido, ni les hemos hecho frente como merecían a esos dirigentes  nacionalistas, responsables de haber llevado a su pueblo -confundido y atónito-  a una situación imposible, y de haber iniciado un camino que va a ninguna parte.

Al contrario, durante décadas hemos hecho todo lo posible por integrarles en el proyecto común de España. Lo hemos hecho hasta la extenuación, y sólo hemos recibido su desprecio y su deslealtad. 

No se puede integrar a los separatistas; por una razón muy simple: ¡No se puede integrar a quien no  quiere  ser integrado!

Desde hoy, no vamos a dimitir de nuestras responsabilidades. 

Desde hoy no vamos a defraudarnos a nosotros mismos.

Y por eso lanzamos un mensaje nítido a los  a los dirigentes nacionalistas:

La Nación Española, -el territorio español-, es de todos los españoles sin distinción alguna. Cataluña no es solo de los catalanes. Pertenece a todos los españoles. Del mismo modo que Galicia no es sólo de los gallegos. Pertenece a todos los españoles, entre ellos también a los catalanes y a los vascos.

Porque; España, Somos Todos.

Nosotros no somos nacionalistas españoles.  Un nacionalista odia a otras naciones que considera enemigas. Nosotros amamos a España, y España es sinónimo de universalidad. Lo hemos demostrado en nuestra Historia.

Además el nacionalismo fraccionario busca crear una Nación despedazando otra. España no necesita eso porque ya es una Nación.

Los separatistas son nacionalistas. Nosotros somos, sencillamente,  españoles.

Y como tales. Somos poseedores de una herencia excepcional.

Tenemos la obligación de preservar esa herencia; y tenemos el reto de engrandecerla, para entregársela intacta a las generaciones del futuro, que tienen  a su vez la esperanza legítima de recibir mejorado ese legado extraordinario que se llama España.


Pero hoy el separatismo egoísta, de vuelo corto, y de minúsculo proyecto, quiere destruir ese legado; quiere terminar con nuestra unidad y con nuestra universalidad.

No hay derecho. No hay  ningún derecho, de ninguna clase,  a hacer lo que están haciendo con España, y lo que nos están haciendo a los españoles.

Los separatistas  apelan constantemente a sus sentimientos; pues bien, no son los únicos. También los españoles que amamos a toda España por igual, que apostamos por la solidaridad y la concordia, -también esos españoles- tenemos sentimientos, además de poderosas razones, y elevados ideales, de los que carecen aquellos que sólo buscan la ruptura y la división.

No hay derecho a que millones de  compatriotas  se vean obligados a asistir con estupor,  incluso con angustia, a este espectáculo lamentable en el que algunos han convertido el odio a España en una profesión.

A un estado de cosas esperpéntico en el que algunos pretender ejercer un inexistente derecho de llevarse por separado una parte de la herencia

A una farsa inaceptable en la que algunos, -haciendo de su capa un sayo-, se enseñorean frente a jueces, leyes y constituciones
  
Pero somos muchos los ciudadanos que decimos que hasta aquí hemos llegado:

Que exigimos que se cumplan las leyes o, -si no-, que se cambien.
- Que exigimos que los separatistas no ataquen impunemente las libertades y la igualdad ciudadana.
- Que queremos que nuestra unidad sea preservada como sea necesario.
- Y que vamos dejarnos la piel en el noble propósito de  restaurar los afectos entre los españoles.


Vivimos tiempos de zozobra e incertidumbre por muchas razones. La crisis económica precipita y hace más dañino el desafío secesionista de los quieren expoliar el legado de los ciudadanos de España.

Sin embargo, de la crisis económica saldremos adelante. Tarde o temprano. Mejor o peor.  Pero saldremos. Porque la crisis material es reversible.

Pero de una crisis nacional, -que acarree la ruptura de la Nación y la hipotética secesión de Cataluña o del País Vasco-, nos arrepentiríamos para siempre, y la lamentarían los hijos de nuestros hijos. Por eso no lo vamos a tolerar. Porque puede ser irreversible.

Tenemos la necesidad de estar unidos.

Tenemos la obligación, y la responsabilidad patriótica,  de estar unidos ante este desafío.

Es verdad que hoy los españoles tenemos muchas diferencias...pero ¿cuando no las tuvimos? ¿Acaso no ha sido esa otra de nuestras señas de identidad?

Pero hoy, esas legítimas diferencias deben ser aparcadas, para defender España todos juntos. Para defender la unidad nacional.

Porque…
Los del norte y los del sur
Los del este y los del oeste
Los de la izquierda y los de la derecha.
Los que quieren reformar la Constitución y los que no.
Los que viven holgadamente, y los que sobreviven con dificultades.

Todos, -sin distinción alguna-, tenemos que preservar aquello que nos une y que nos permite vivir en paz, en libertad, y en democracia.

Porque,  como dijo Azaña: "sin Patria, ni hay Republica ni hay Monarquía"

Y añadimos hoy que sin Nación,  ni hay libertad, ni hay democracia, ni hay Constitución.

Necesitamos la unidad.

Unidos somos más fuertes. Unidos somos mejores.

Ningún español por separado es mejor que todos los españoles juntos.

Por todo eso estamos hoy aquí;  en este acto de apología del valor de la unidad.

Porque la unidad de España es moralmente superior a la secesión; del mismo modo que la solidaridad es virtuosa frente la mezquindad del egoísmo, y del mismo modo que la concordia es preferible a la discordia y a la ruptura.

España representa todos esos valores y muchos otros. España es mucho más que una palabra.

España es mucho más que una vieja Historia.
España es una  sólida trama de afectos.
España es libertad.
España es igualdad ciudadana.
España es solidaridad.
España es universalidad.
España es pluralidad.
Pluralidad que sólo puede existir en la unidad.

España es sólo una. 

Vosotros representáis esos valores....los lleváis en la sangre....los portáis en vuestra cultura.  

Ser español no es unicamente  un modo de ser; es un modo de estar en el mundo.

  
Por desgracia no todos los españoles lo creen como nosotros lo hacemos.

Algunos de nuestros conciudadanos, -profundamente malintencionados o simplemente errados-, se han convertido   en los adalides de los contravalores de España,  en los portavoces de taifas liberticidas,  en los portaestandartes del privilegio y de la desigualdad, en orgullosos y descarados  partidarios del egoísmo, en propagadores de la discordia y de la mentira,  en  enemigos de la universalidad.

Y ahora vocean:

Que España no existe,
Que España les roba,
Y que ellos solos tienen derecho a decidir.

¡¡Mienten!!

Al afirmar eso, expolian a los españoles de un patrimonio que les propio e irrenunciable

Y mienten porque TODOS tenemos DERECHO A DECIDIR. Porque la soberanía nacional corresponde al pueblo español en su totalidad sin posibilidad de ser fragmentada.

Todos juntos, -y de ninguna manera  ellos solos-,  tenemos derecho a  decidir.

Y no sólo eso. Como Nación Histórica llevamos ejerciendo ese derecho a decidir  desde hace 500 años; y como Nación política, a través del sufragio,  desde 1812; y en democracia desde 1978; para que ahora algunos pretendan  tirarlo por la borda en el plebiscito   ilegal de  un domingo cualquiera.

Tal pretensión constituye  una inmensa frivolidad, además  una deslealtad incalculable con todos los ciudadanos españoles.

Estamos cansados  de su deslealtad y de su mentira.

Pero también…

Estamos resueltos a que España siga surcando la Historia, y a que lo haga triunfante, victoriosa, y unida.

A que sea una Nación de ciudadanos libres e iguales; y no de vasallos serviles.

Y a que ocupe el sitio y el lugar de honor  que le corresponde  en el  concierto de las Naciones.

Para lograr eso  sabemos que nuestros gobernantes se verán obligados a decir basta a los separatistas y a actuar con determinación y con firmeza desconocidas en décadas. Y estamos persuadidos de que el pueblo español sabrá comprender, -e incluso aplaudir-, esa determinación.

Amigos;

No os hemos pedido que vengáis a esta Plaza para desahogarnos, para hacer terapia, o para lanzar cuatro consignas.

Ni siquiera para dar respuesta a otras movilizaciones a favor de la ruptura.

Os hemos convocado a una gran tarea de reconstrucción de España.

A una tarea de restauración de su unidad,  de defensa de las libertades, de defensa del cumplimiento de la Ley fundamental.

Y os convocamos para que os dejéis la piel en la recuperación de los afectos entre los españoles.

Os convocamos para dejar de lado nuestras diferencias. Para renunciar a los ajustes de cuentas.

Os convocamos para mirar al horizonte, y para que, entre todos, construyamos un proyecto de España, en el que se abracen todos los españoles.

Y os hemos llamado para que os pongáis al frente, a la cabeza, para que seáis la vanguardia del  resurgimiento de la sociedad civil española.

No tenemos excusa. Se lo debemos a nuestros padres. Se lo debemos a nuestros hijos. Nos lo debemos a nosotros.

Tenemos el deber de hacer Historia.

Compatriotas:

Uno a uno, todos somos mortales, pero juntos somos eternos.
  
¡¡Viva España!!



Santiago Abascal, 6 de diciembre de 2012


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