viernes, 22 de noviembre de 2013

Rigor en la política, rigor en el periodismo


Vivimos en tiempos convulsos. La desafección de los ciudadanos por la clase política está engarzada en una multitud de casos de conductas poco ejemplares por parte de quienes operan en la esfera de lo público.  El periodismo ha jugado un papel fundamental en el descubrimiento y la denuncia de estos casos, que poco a poco van concienciando a todos de que los administradores de lo público deben ser rigurosos en su forma de actuar, y transparentes para rendir cuentas de sus actuaciones.  Esta mayor exigencia de los ciudadanos, espoleados por el periodismo, es sin duda un rasgo de la mayor madurez que afortundamente va alcanzando nuestra democracia, en algunos aspectos; no en todos, por desgracia.  

Para poder consolidar este nivel de exigencia de rigor con los empleados públicos, es necesario mantener el mismo nivel de rigor en el periodismo.  Es claro que si se suceden casos de falsas denuncias, o de artículos poco rigurosos que apuntaban a grandes escándalos que realmente no tuvieron lugar, la credibilidad de la prensa se puede ver comprometida; pero con ella se pierde además la capacidad de exigir rigor a los políticos. Si lo que se denuncia en un artículo acerca de un determinado caso no es cierto, podrá deducirse que en otros casos tampoco lo era.  Al incurrir en semejante falta de rigor periodístico, se pierde la capacidad de exigir rigor a los políticos.

En ese contexto, he leído con preocupación las informaciones aparecidas en la edición madrileña del diario El País los días 6 y 7 de noviembre, donde observo, precisamente, una gran falta de rigor y sospecho de una intencionalidad poco objetiva. Es por ello que ahora me veo en la obligación de aclarar los siguientes términos.

El pasado día 5 de noviembre comparecí en la Asamblea de Madrid en calidad de Director Gerente de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social. Expliqué los fines y estructura de la fundación, así como el trabajo que hemos desarrollado en esta fundación desde hace siete meses. Esta comparecencia fue un ejercicio de transparencia de las que cabe esperar de los administradores de lo público.  Como nada tenía que ocultar, respondí a las preguntas de representantes de todo el arco parlamentario, con las limitaciones propias del tiempo establecido.

En esa comparecencia expliqué los fines y objetivos de la fundación; que en estos siete meses hemos elaborado un nuevo Plan de Actuación, hemos procurado de manera denodada la captación, a través de compañías privadas, de patrocinios y donaciones, y hemos llevado a cabo numerosos contactos y visitas a empresas (durante mi comparecencia especifiqué un listado de más de 70). También expliqué que estos contactos han sido muchas veces infructuosos, y cómo esto está relacionado con la crisis económica que ha perjudicado al sector público y privado, y con la creación de fundaciones propias por parte de numerosas empresas (hecho este por el que sin duda debemos felicitarnos).  Este análisis, me lleva, y así lo expuse públicamente en la Asamblea de Madrid, a reflexionar sobre la viabilidad, eficacia y existencia misma de la empresa pública que dirijo y otras de naturaleza similar. Comprendo que es inusual que un empleado público analice la viabilidad del propio vehículo en el que está empleado; pero lo considero una responsabilidad que asumo voluntariamente.

Aclarado lo fundamental de mi comparecencia, quisiera comentar adicionalmente los siguientes puntos que aparecen distorsionados en los artículos de El País:

1. La Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social cuenta con una trayectoria de doce años. Mi responsabilidad, como es natural, se ciñe a los últimos siete meses, en los que he sido su responsable.

2. La plantilla de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social, antaño más numerosa, hoy cuenta con dos trabajadores, incluyéndome a mi mismo, consecuencia de las restricciones para nuevas contrataciones que establece la Comunidad de Madrid.

3. La inversión pública, como es lógico en un contexto de crisis como el actual, ha ido reduciéndose la asignación durante los últimos años hasta los 183.600 euros asignados para el ejercicio 2013.

4. Con respecto a mi salario, en mi comparecencia en la Asamblea de Madrid expliqué (de nuevo la transparencia) que es el mismo que el de cualquier Director General de la Comunidad de Madrid, sueldo que yo no decido. Un sueldo que califiqué de “excelente, más en los tiempos que corren” y del que dije trabajaba a diario para poder estar a la altura de las expectativas que genera quien recibe un sueldo de esa naturaleza.

5. Con mi llegada a la fundación el pasado mes de abril, se realizó el traslado de la fundación a una ubicación austera: nuestra actual oficina en la calle Bretón de los Herreros que, según su periódico, “nadie diría que está en ese bloque”, y añaden el que sin duda ha debido parecerles un detalle relevante: “hay propaganda del club de Spa Metropolitan en el suelo”. Reconoce El País haber husmeado en nuestro buzón y haber preguntado al vecindario por nuestra actividad, quizá buscando un titular del tipo: “La Fundación en la que supuestamente trabaja Abascal no tiene actividad alguna”. Lástima que abriera yo personalmente la puerta y se quedaran con un titular algo menos ambicioso: “El piso que Abascal usa de oficina es propiedad de la Consejería de Economía”. Es decir, que una fundación de la Comunidad de Madrid está ubicada en un piso… que pertenece a la Comunidad de Madrid. Todo un descubrimiento que da incluso para un titular.

En definitiva, y al margen de la austeridad del lugar en el que desempeño nuestra labor, y al que nos hemos adaptado con absoluta normalidad, les invito a seguir conociendo el barrio, el vecindario y fisgoneando en nuestro buzón.

Quizá acaben por dar con su ansiado titular. Aunque tendrán que inventarlo.

Santiago Abascal Conde,
Director Gerente de la Fundación para el Patrocinio y Mecenazgo Social

8 de noviembre de 2013

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