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jueves, 17 de noviembre de 2011

Vargas Llosa, uno de los nuestros



Con el Premio Nobel concedido a Mario Vargas Llosa los españoles hemos sentido la misma alegría y emoción que cuando lo lograron Camilo José Cela, Jacinto Benavente, Santiago Ramón y Cajal, o Severo Ochoa. Al margen de la nacionalidad española concedida a Vargas Llosa, -extremo del que yo no estaba seguro y muchos desconocerán-, lo cierto es que con el galardón otorgado al mismo los españoles nos hemos visto reconocidos por el premio y reconocidos en él, en el premiado. Porque el peruano Mario Vargas Llosa es un español mucho antes de que ningún documento administrativo acreditase la nueva nacionalidad española, concedida precisamente cuando en El Perú autoritario se barajaba quitarle su otra nacionalidad con la excusa típica de caricaturizar su lucha por la libertad como una traición a la patria. “Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que la tengo”, ha hecho público su amor de un modo que eriza el vello a millones de españoles.
Más allá de que esta sea la victoria de nuestro literato compatriota y con él, de nuestra lengua universal, es la de un hombre que ha vivido muchos años de su dilatada vida y amplia trayectoria literaria en España, que nos conoce y se reconoce en nosotros, que nos siente y le sentimos, que nos quiere. No en vano Vargas Llosa dedicó extensos y sentidos párrafos de afecto a España en el discurso mismo que pronunció en Estocolmo mientras degustaba las mieles del triunfo y del reconocimiento mundial. A esa España que le acogió en Barcelona y en Madrid y a esos españoles que fueron y son sus amigos y de los que el bien nacido no olvidó nombres ni apellidos.
Pero la relación de Vargas Llosa con España es aún mayor que la relación del hipotético forastero que es acogido y aplaudido en una tierra, entre unas gentes. Y él mismo lo reconoce y reivindica de alguna manera. La ligazón de Vargas Llosa a España es emocional e histórica, a través de los antepasados, de aquellos que nos precedieron en el gran mundo hispánico. Por eso el maestro de las palabras expresó a la vez que su cosmopolitismo y su patriotismo peruano, el amor a España y la reivindicación de la hispanidad sin leyendas rosas ni negras que ojalá asumieran todos los hispanoamericanos y todos los españoles. “A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas (…), y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron” (…)“La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra”
Más allá de los matices que podríamos señalar sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo, debemos agradecer que la pasión llosiana por España no sea retórica o estética. Es un querer en el que se detecta su preocupación por el devenir de España, de su unidad y de su libertad. Por eso se detuvo para alabar la transición española y la Barcelona de aquellos días para acto seguido abominar con nitidez y crudeza de los nacionalismos: ”Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz”. Siendo tajante en su afirmación de que “detesto toda forma de nacionalismo” se esmeró en distinguirlo del patriotismo al que ensalzó y que claramente practica, distanciándose de otras posturas liberales que relativizan en exceso la patria.
España ha ganado porque Mario ha ganado. Y Mario ha devuelto con su discurso el favor y el amor que España le ha regalado. ” Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esa tribuna, ni a ser un escritor conocido”. Su gratitud es absoluta. La nuestra también.






Publicado en Alba

lunes, 12 de septiembre de 2011

Pascual Osa suena a España

Un prodigio. Con veinte años Pascual Osa logró una plaza de profesor titular de la Orquesta Nacional de España. El jovencísimo profesor había estudiado percusión en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y en la Musikhochschule de Berlín, de la mano del profesor Oswald Vogler. Con ese bagaje decidió completar sus estudios de piano y composición con el maestro Antón García Abril, y de dirección de Orquesta con el maestro Enrique García Asensio. Y con esas alforjas peleó por ese puesto de profesor titular que, casi imberbe, obtuvo como premio a su esfuerzo, a su genio musical y a su talento.

No puedo detenerme ni ocupar el limitado espacio de este artículo glosando el resto de su formación, enumerando sus logros, ni refiriéndome a las orquestas que ha dirigido por toda España e incluso en otros lugares del mundo, ni siquiera haré una relación de las numerosísimas veces que ha dirigido producciones de ópera o zarzuela en dispares teatros. Pero eso no importa, porque me interesa resaltar aquí otras facetas de este talentoso de la música.

Pascual Osa, enamorado de la música —basta oírle hablar de esa pasión—, matemático de las notas, en persecución de perfecto, de lo exacto, de lo indiscutible, no se ha conformado con codearse con los mejores, como uno más. Su pasión por la música sin apellidos tiene matices y límites en su pasión por España y por la música española, acreditado en el compromiso con la misma, que le ha hecho alejarse de modas, nadar contracorriente, y convertirse en un bicho raro para aquellos a los que, en una actitud profundamente snob, les pirra lo de fuera solo por venir de fuera y desdeñan lo de casa solo por ser de casa.

En el año 2000 Pascual Osa se lanzó a la aventura de fundar la Orquesta Filarmonía, de la que es Director Titular, y que, durante los nueve años de edición de El Conciertazo en TVE a cargo de Fernando Argenta, ha sido la orquesta del programa en ese largo periodo, siendo por otra parte la única orquesta sinfónica de carácter y gestión privados en España que ha alcanzado estabilidad y permanencia. En 2009, la Orquesta Filarmonía, en un intento de rizar el rizo de las dificultades y agrandando su aventura, decidió la loca apuesta de estrenar una temporada propia de música española, ante la constatación sorprendente de que de la música clásica que se interpreta en España, únicamente el seis por ciento es música española.

Pero este perdido por la música española que es el simpático y apasionado Pascual Osa no se ha sentido satisfecho con rescatar las mejores piezas del baúl de nuestra historia musical. Su lealtad a nuestra música y a España le ha llevado a no olvidar a nuestros mejores compositores vivos, algunos jovencísimos, y a dirigir sus obras para darles la visibilidad y el reconocimiento que merecen y que les hurtan las instituciones culturales españolas.

Habrá quien piense que esta apuesta por la música española y por los compositores jóvenes españoles colocan a Osa en las antípodas del mercado musical, aunque tan sólo le sitúan a años luz de las actitudes acomplejadas y pijas que no son capaces de reconocer lo bueno que tenemos en España, porque no pueden citar los nombres y apellidos de nuestros compositores y autores con el mismo acento snob e impostado con los que se refieren a los extranjeros, de los que probablemente sólo sepan recitar empalagosamente su nombre.

En definitiva, el bueno de Pascual Osa es un romántico inevitable, pero es también un hombre que sabe distinguir la virtud musical entre las partituras de un olvido empolvado, y es un hombre valiente que muestra al mundo su descubrimiento, su pasión, y su razón musical. Habrá quien vea contradicciones entre lo elevado, lo cosmopolita y lo espiritual de la música y la supuesta baja pasión del patriotismo, del amor a la tierra de los padres, y el intento por recuperar sus mejores piezas musicales. Pero no hay contradicción, porque tanto la música como la patria se encuentran en el terreno de las altas pasiones, que sólo los espíritus sensibles y elevados saben apreciar. Osa lo ha rubricado con su ejemplo.

Publicado en el diario Alba.

viernes, 6 de mayo de 2011

Juan Pablo II, un español más


¿Y cómo explicar que en esta sección dedicada a glosar la figura de insignes patriotas españoles elijamos esta vez a un polaco para homenajear sus virtudes patrióticas? Muchas son las razones que iremos dando, pero basten a modo de introducción dos ideas esenciales. En primer lugar, la universalidad de la Iglesia Católica y de su mensaje de salvación y de amor entre todos los hombres, y en segundo lugar la idea de la hispanidad, nacida de cabezas españolas y católicas, y universal a su vez. Tal obra española fue el mayor mensaje de hermanamiento universal que una patria lanzó jamás por todo el orbe, con errores sí, pero pocos al lado del gigantesco éxito que representó y representa la hispanidad, la expansión de la lengua y la cultura españolas y el mestizaje racial que España ha aportado a medio mundo en los últimos cinco siglos. ¿Cómo ibamos los hijos de España y de la Hispanidad a tener remilgos ante la figura de Su Santidad Juan Pablo II, un polaco universal, que además amaba profundamente a España?

Tan consciente era el Papa de esa magna construcción española que no dudó en recordárnosla en forma de consejo a los españoles en su visita del año 2003 afirmando que: “el lugar evoca, pues, la vocación de los católicos españoles a ser constructores de Europa y solidarios con el resto del mundo. España evangelizada, España evangelizadora, ése es el camino. No descuidéis nunca esa misión que hizo noble a vuestro País en el pasado y es el reto intrépido para el futuro” ¿Cómo no dar carta de español ejemplar a un hombre polaco que reivindica la hispanidad y la acción de España en el Nuevo Mundo combatiendo con tanta claridad la leyenda negra sobre las conquistas españolas? ¿Cómo no considerar compatriota a un hombre polaco que al referirse al pasado español habla de nobleza y no de villanía? ¿ Cómo no hacerlo además si ese hombre –camino de la Santidad- fue nada menos que el Papa de la Iglesia de Roma, motor y razón del impulso español durante siglos? ¿Cómo no ser agradecidos con alguien que amaba a nuestra Patria con tanta pasión y sinceridad?

Algo que solo podía hacer alguien que amaba a la suya, a Polonia, y a sus padres, como hacen las mentes sanas. Juan Pablo II realizaba en sus escritos explicita referencia al “concepto de patria y su relación con la paternidad y la generación”, lo cual a su juicio explicaba con hondura y claridad “el valor moral del patriotismo”. Hasta tal punto era así que si al anterior Pontífice de Roma se le” pregunta por el lugar del patriotismo en el Decálogo, la respuesta era inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre”. Para Juan Pablo II “el patriotismo conlleva precisamente este tipo de actitud interior, desde el momento en que la patria es verdaderamente una madre para cada uno”.

¡Cuánto bien nos hacen a los españoles estas palabras sabias y sencillas! Hoy, tan divididos cómo estamos, abrazando falsas patrias o alejados del sano concepto de la patria como si de algo anticuando y represor se tratase, los españoles nos encontramos vacíos, y hambrientos de un maná que bien podrían ser las palabras de Su Santidad Juan Pablo II.

En estos días de justa beatificación de este hombre bueno que amaba al Hombre, de este polaco que amaba a Polonia, de este Pontífice que nos enseñó a querernos un poco más a nosotros mismos y a nuestro pasado, que nos enseñó a amar a España; sirvan estas modestísimas líneas como gesto de gratitud y de esperanza en que la semilla sembrada germine en el corazón y en la cabeza de todos los españoles.

“Hasta siempre España, hasta siempre tierra de María”. Ésas fueron las últimas palabras que el Papa pronunció en su final visita España antes de que la muerte le llevara. La muerte, que no es el final. Por eso, hoy, podemos decirle con gratitud “hasta siempre” a quien, sin duda, fue un español más.

Publicado en Alba el 6 de Mayo de 2011.

viernes, 4 de marzo de 2011

Dieter Brandau, contra La Noria mediática


Nacido en 1975, Dieter Brandau es probablemente uno de los benjamines del periodismo español con más futuro. No creo que haya muchos presentadores de informativos políticos con 35 años y con una trayectoria que ya se puede considerar dilatada. Reza el dicho que a la fuerza ahorcan, y Brandau puede dar fe de ello. Siendo un chaval de 24 años entró en Libertad Digital, sin saber gran cosa de periodismo, según confiesa él mismo. Saltó a la plaza sin apenas saber lo que era un toro, y hoy es ya uno de los maestros. Por el camino ha pasado por todos los puestos imaginables; redactor de base, jefe de sección y redactor jefe de uno de los periódicos de internet de información política más potentes de España. Después director de informativos de la televisión Libertad Digital TV, y finalmente director de informativos de esRadio, del mismo grupo. Entre medias, diez años de trabajo vertiginoso y de aprendizaje a marchas forzadas. Y siempre con un norte, la independencia del poder político, la veracidad, y la nítida y previsible línea editorial, no sólo del medio, sino del propio Brandau.

Esta alabanza no es mera retórica. En un tiempo de tribulaciones, en el que la prensa enteramente libre, no adicta al poder político o económico, es un preciado y codiciado bien para quienes creemos en el pluralismo y en la libertad, encontrar periodistas como Brandau es una razón para tener esperanza. Eso no significa que el periodista en cuestión no tenga principios o no se case con nadie; los tiene y bien firmes, y se casa con aquel o aquellos que defiendan los mismos principios, pero únicamente mientras los defiendan. Por eso es fácil ver un informativo de Brandau repartiendo a diestro y siniestro sin entrar en contradicción con él mismo, algo raro en el panorama mediático español en el que tantos periodistas y grupos de comunicación se alinean con el que manda, o con el que va a mandar, a modo de inversión de futuro. Y rara avis en un panorama en el que vemos a demasiados periodistas, —convertidos en esbirros de los políticos—, cambiando de opinión a la misma velocidad que lo hace el político de turno, para no dañar la rentabilidad de su inversión.

Ese servilismo mediático nada tiene que ver con la lealtad. Porque un buen periodista puede y debe tener lealtades y fidelidades, claro que sí: Lealtad y fidelidad a las propias convicciones, a las que no se traiciona. Dieter Brandau las tiene y viene manteniendo el respeto hacia sí mismo desde hace más de diez años. Las libertades individuales de los españoles, la unidad de la Nación Española, y la memoria y la justicia para las víctimas del terrorismo son el norte y el sur de este joven comunicador y excelente tipo. Si uno, además de por convicciones, es acompañado por la facilidad comunicadora, por una buena presencia, y por una mirada carente de toda doblez, lo tiene todo para merecer el respeto de todos, aunque no logre la atención que es la que permite triunfar en el circo del periodismo español.

Hace poco leía una entrevista en la le preguntaban al joven Brandau: “¿Qué noticia le gustaría dar en sus informativos?”. Antes de leer la respuesta ya pude imaginarla: “Que ETA ha desaparecido, pero porque ha sido derrotada. Que hay vencedores y vencidos, y que los vencedores son María Jesús González, Irene Villa y todas las víctimas. Y los vencidos De Juana Chaos, Txapote, Txeroki y compañía”. Brandau gustará más o menos, pero nunca decepciona.

He sido testigo durante muchos años, creo que como pocos, del compromiso e interés de Dieter Brandau con el sufrimiento de las víctimas del terrorismo separatista. En los peores años del terrorismo para los de mi generación, Brandau estaba ahí, siempre. Es cierto que entonces estaban todos, cuando la cuestión vasca era motivo de apertura de todos los informativos nacionales. Pero ahora que las víctimas se han convertido en un lastre, en una molestia, en una china en el zapato para tantos, Dieter Brandau sigue ahí con otro puñado de leales. Muchos de los otros ya se han ido, y ahora, a partes iguales se dedican al servilismo o a los sucesos.

Con Brandau no dan ganas de apagar la televisión. Al contrario, uno se alimenta de esa dosis diaria de inteligencia, de fina ironía, e información veraz con opinión previsible. Frente a la noria mediática, Brandau sigue ahí, quieto, previsible: “No sé trabajar de otra manera, no se contar las cosas de otra manera, no sé ver la vida de otra manera”. Y que nunca lo sepas.

Publicado en Alba el 4 de Marzo de 2011.

viernes, 25 de febrero de 2011

Ibarrola, esculpiendo la libertad


Agustín Ibarrola Goicoechea lleva toda una vida ejerciendo de escultor comprometido con los problemas sociales y políticos de su tiempo, que es ya un tiempo largo. Y no de manera intermitente. Y no sólo en sus ratos libres, sino cuando sus manos dibujan, trazan líneas y moldean, y en su cabeza febril vienen y van los sufrimientos de los más desfavorecidos. Su arte podrá gustar más o menos. Esto es discutible, y vaya por delante que a mí no me entusiasman sus obras desde un punto de vista puramente estético. Pero mientras otros artistas inundan las salas de arte contemporáneo de subproductos artísticos, carentes de simbolismo y de esfuerzo, Agustín Ibarrola siempre ha hecho de su obra, y de su peculiar arte, un modo de denuncia social. Otros buscan simplemente provocar, llamar la atención sobre su abultado ego o su gigantesca sinvergonzonería, de manera burda y escatológica muchas veces. Mientras tanto, Ibarrola nos obliga a poner nuestra atención sobre aquellos que más sufren, sobre los problemas humanos de la época.

De Agustín Ibarrola si puede decirse con veracidad y justicia que ha luchado toda la vida. Al contrario que algunos antifranquistas sobrevenidos, Ibarrola si puede ostentar galones de militancia contra el régimen de Franco. No en vano su vinculación al PCE le trajo numerosas penurias en forma de presidio. LLegó la democracia a España y el artista no se retiró a sus talleres, ni abdicó de su responsabilidad social. Esta vez el nacionalismo vasco y la organización terrorista ETA fueron sus adversarios. Vaya que sí. Ibarrola se convirtió, por esa nueva lucha contra la insolidaridad nacionalista y el odio terrorista, probablemente en uno de los pocos escultores del mundo que viven con protección policial.

En estos últimos años, su compromiso con las libertades en el País Vasco y con las víctimas del terrorismo han atravesado su obra. Desde el monumento erigido en la península santanderina de La Magdalena hasta el vizcaíno Bosque de Oma, pasando por numerosas obras con ese trasfondo, a Ibarrola se ha sublevado todos los días contra los liberticidas que, enfrentados a muerte con la democracia española, no se lo han perdonado. Y como no tuvieron empacho en pintar lomos de caballos con amenazas para amedrentarnos algunos, tampoco se pararon en barras para atacar y estropear la obra del escultor Ibarrola, e incluso para talar los árboles decorados por el artista en el ya famoso bosque.

Ibarrola no es de mi generación, sino de la de mis abuelos. Sin embargo, como el viejo rockero nunca ha abandonado la lucha por las libertades, y pude ser compañero de la misma en aquel momento feliz, y ya pasado, en que izquierda y derecha se unieron en torno a Basta Ya y Foro de Ermua en la lucha contra el separatismo liberticida y en defensa de la España constitucional. Tan fiel ha sido a esa combate, como a su inseparables boina, y a su incondicional Mari Luz, su eterna compañera y casi siamesa del entrañable Agustín.

Ibarrola prestó incluso su pincel a aquel incipiente movimiento cívico, diseñando el ya conocido faro que es el símbolo del Foro de Ermua, primera respuesta intelectual y cívica al terrible secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de inhumanas alimañas etarras.

Por esa trayectoria honesta, por esa valentía para "tomar partido hasta mancharse", por ese sueño de una izquierda y una derecha que abandonen sus propios separatismos ideológicos en pos de una España unida, en concordia y viable, la Fundación DENAES, para la defensa de la Nación Española, ha distinguido al gran Ibarrola con el premio Españoles Ejemplares. Y es que merece un premio y un monumento, e incluso ser esculpido, quien habiendo vivido, y padecido en toda su extensión y con toda crudeza, esta España oscilante del siglo XX, aun tiene el coraje de darnos ánimos y de proclamar a los cuatro vientos: "tengo esperanza en España". Sin duda algo debemos agradecer a este hombre ya viejo que nos regala esperanza y que ha contribuido a moldear una España mejor.

Publicado en Alba el 25 de Febrero de 2011.

viernes, 18 de febrero de 2011

Juan de Dios, y de España. Un Dávila


Juan de Dios Dávila Garijo tiene cara de niño grande. Su aspecto risueño y campechano no permite atisbar tras de sí una vida difícil y marcada por un trágico golpe. Tampoco imagina uno escondida detrás de esa sonrisa sincera y tranquila el heroísmo que corre por sus venas, herencia indudable del heroísmo que corrió por las venas de los suyos.


El 21 de junio de 1993, su hermano, el Teniente Coronel del Ejército de Tierra, Fidel Dávila Garijo, fue asesinado en un devastador atentado junto a otros cinco compañeros y el conductor. A las 8:16 un criminal etarra activó una potente bomba al paso de la furgoneta militar que transportaba a Fidel y a los tros cinco militares. La Glorieta López de Hoyos, esquina con la calle Joaquín Costa, se convirtió en un infierno de humo y llamas en el que otros cuarenta ciudadanos resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad. Juan de Dios contaba con 24 años cuando perdió a su hermano de 46, alto mando del ejército, al que a buen seguro admiraba.


Como admiraba a su padre y a su abuelo, ambos militares, al igual que varios de sus tíos. Su padre D. Fidel Dávila Jalón llego a General de Brigada honorífico, y luchó en la División Azul, sobreviviendo y regresando junto a otros siete hombres de una compañía arrasada y diezmada en la que había más de doscientos miembros. Su abuelo D. Fidel Dávila Arrondo, veterano de las guerras de Cuba y Marruecos, se retiró en 1931 cuando iba a ser ascendido por el Gobierno de la Segunda República, para no tener que jurar lealtad a la misma, y regresó en 1936 llegando a ser Jefe del Ejército del Norte durante la Guerra Civil, y finalmente Capitán General del Ejército a título póstumo.


La ascendencia militar le viene a Juan de Dios por todas partes, y de lejos. No hay seguido esa senda, pero le han quedado grabados a fuego en su carácter y en sus sentimientos, el amor a España, la rectitud y la honradez. Ya decía el gran Calderón de la Barca que «la milicia no es más que una religión de hombres honrados».


Supongo que no imaginaba el General Dávila cuando se le otorgó la Medalla de sufrimientos por la Patria, que aun habría de sufrir más, y que su hijo Fidel acabaría siendo víctima mortal del terror separatista. Ni imaginaba, por supuesto, que después de fallecer el mismo en 2002, otro hijo suyo, esta vez Juan de Dios, acabaría enrolándose en otra suerte de milicia siendo elegido nada más y nada menos que concejal del PP en la difícil plaza de Hernani entre 2003 y 2007.


Cuando conocí a Juan de Dios me pareció un personaje de otro mundo. Andaba a caballo entre su casa de Madrid, su trabajo en Noruega y su concejalía en Hernani. No sé qué pensaría él de mis andanzas pero a mí las suyas me resultaban casi novelescas. Un día le salí al camino en Álava, cuando se dirigía a Guipúzcoa, y de las alforjas se sacó un regalo que conservo con cariño: la España inteligible, del maestro Julián Marías.


La preocupación por España, y la militancia patriótica, nos ha vuelto a unir después, y —curiosamente—, ambos hemos fundado y presidimos dos fundaciones hermanas por sus objetivos; la Fundación Unidad y Diversidad él, y la Fundación pra la Defensa de la Nación Española yo. Ciertamente merece una reflexión el hecho de que aquellos que hemos sufrido de una manera o de otra el acoso o el zarpazo del terrorismo separatista nos hayamos comprometido y conjurado en defensa de España de una manera tan significada y activa. Sin duda, los terroristas nos han ayudado a discernir lo esencial de lo importante.


El otro día tuve el honor de poder compartir escenario ante miles de personas junto a Juan de Dios y otras víctimas de ETA tras una impresionante manifestación contra la claudicación de España. Y tras escucharle no he podido resistirme a escribir estas líneas en homenaje a este gran patriota y mejor persona que lleva el nombre de Juan de Dios y al que yo me atrevo a rebautizar: Juan de Dios, —y de España—, y Jua sin miedo. Un Dávila. Un español.


Publicado en Alba el 18 de Febrero de 2011

viernes, 11 de febrero de 2011

Jorge Campos, Baleares frente al pancatalanismo


El Circulo Balear se ha constituido estos días como Fundación con el inequívoco nombre —teniendo en cuenta su compromiso con el proyecto común de España— de Fundación Nacional Circulo Balear. En este tiempo en que lo nacional español anda de capa caída y se sustituye el término “nacional” por el vocablo “estatal” en tantas agencias y organismos públicos españoles, es de agradecer a Jorge Campos, presidente de la nueva Fundación, su contribución a la causa de detener la deriva desnacionalizadora de España.

Pero los méritos de este hombre joven que es Jorge Campos no se resumen, en modo alguno, en una anécdota semántica. Aunque se da la paradoja que la lingüística ha sido la principal batalla del Circulo Balear durante estos últimos años. Una de las principales virtudes del Circulo Balear ha sido la de erigirse en una ola cívica de carácter netamente independiente de los partidismos, aunque con unos claros principios e ideas, y que ha hecho de la transversalidad partidista una de sus señas de identidad, aunando a todos aquellos que dentro del PP, del PSOE, de UPyD y de Ciudadanos, apostasen por España y por la libertad de manera indubitada, y arreando a todos aquellos que dentro de esos partidos hiciesen de la complicidad con el nacionalismo pancatalanista el eje de su acción política en las Islas Baleares.

Jorge Campos, con el apoyo de Montse Amat y un puñado de hombres libres y desinteresados, han hecho, de la generosidad y del valor, características de la movilización social. Y eso les ha permitido condicionar, de manera exitosa, —y reorientar—, la política errada del PP en materia lingüística en las Islas Baleares haciendo gala de una extraordinaria interlocución con las dos sensibilidades del PP Balear, ahora unidas, la oficialista de Bauzá, y la rebelde y anticatalanista de Carlos Delgado. Hoy las dos parecen una, y Bauzá ha asumido las principales demandas de Carlos Delgado y del Circulo Balear de Jorge Campos.

Porque si algo tiene claro Jorge Campos, y por extensión su obra, la Fundación Nacional Circulo Balear, es su credo, fundamentado en la identidad balear y española de las islas y en la libertad lingüística frente a los pancatalanistas liberticidas que también ocupan de manera transversal todo el espacio político balear con presencia destacada en todas las fuerzas políticas.

Pero tener las cosas claras no es virtud suficiente, y de poco o nada sirve si no se combina con el arrojo y la falta de cálculos a la hora de defender las propias ideas. Jorge Campos resume en su persona todas esas virtudes, y ha tenido el coraje, no sólo de liderar personalmente ese movimiento social con las incomodidades que ello lleva aparejadas, no sólo de involucrar a todos sus amigos y familia, no sólo de resistir numerosas presiones y amenazas, sino de convocar, -cuando muchos pensaban que sería un fracaso-, una exitosa manifestación en Palma de Mallorca contra la imposición del catalán y la postergación del español y del balear en la enseñanza.

Además, y mucho antes de que la ETA golpeará con saña en Baleares contra dos jóvenes guardias civiles, Jorge Campos ya hizo suyo y del Circulo Balear el problema del terrorismo, comprometiéndose con sus víctimas e invitándoles en numerosas ocasiones a intervenir en los actos del Circulo Balear con objeto de sensibilizar a los ciudadanos. Por si fuera poco, y en un gesto que acredita a la perfección su amor por la unidad de España y su apología de la españolidad de las Islas Baleares, premiaron a la Fundación DENAES para la defensa de la Nación Española, el mismo año que esta surgió.

Visto lo visto, está meridianamente claro que Jorge Campos y la Fundación Nacional Circulo Balear llevan en la pechera todos los galones para ser atacados, incluso a pedradas, por los enemigos de España y de la libertad que pululan por esas ínsulas. Así ha sido. Pero Jorge, como era de esperar, los ha resistido redoblando sus esfuerzos y sus compromisos. Quería yo que conocieran al personaje.

Publicado en Alba el 11 de Febrero de 2011.

viernes, 4 de febrero de 2011

Salvador Ulayar, Echarri es España


Todos los asesinos son asesinos pero no todos los asesinos son iguales. La crueldad también tiene grados. No hace falta la misma dosis de fanatismo y la misma dosis de sangre fría para activar una bomba a distancia sin ver de cerca el dolor que se ocasiona, que para arrancarle la vida a un hombre ante los ojos atónitos de su hijo. Y lo mismo vale para las víctimas que éstos provocan. Todas las víctimas son víctimas y todas merecen nuestro respeto, pero no todas las víctimas son iguales. Así lo deciden los asesinos. No es lo mismo sufrir la amputación de un dedo a causa de la bomba que te afecto al pasar por el lugar inadecuado en el momento inoportuno, que haber visto en la edad de la máxima inocencia como un sicario descerraja varios tiros a tu propio padre hasta dejarlo tendido a tus pies. Por eso Salvador Ulayar, —el hijo de Jesús Ulayar, asesinado por Vicente Nazabal—, no es una víctima cualquiera. Salvador es más victima que nadie, merece más respeto que nadie y tiene más derechos que nadie a sostener lo que le venga en gana.

Pero Salvador no ejerce de poseedor de esos derechos. Al contrario. Soy testigo de que es mejor que la mayoría y más generoso que nadie. El aciago día de 27 de enero de 1979 el criminal etarra Vicente Nazabal asesinó al ex alcalde de Echarri- Aranaz en la puerta de su casa, cuando este entraba con su hijo Salvador. No le tembló el pulso al asesino Nazabal para dejar viuda y varios huérfanos y para hacer ver a un niño la cruel muerte de su padre. Salvador Ulayar, su madre, sus hermanos, y por supuesto su padre, son las víctimas de la bestia inhumana y psicopática al servicio del separatismo que representa Vicente Nazabal, pero Salvador y su familia han sido doblemente victimizados porque el culpable fue declarado hijo predilecto del pueblo del que Jesús Ulayar había sido alcalde y buen alcalde. El cruel Nazabal, no contento con recoger sus galones de héroe del populacho separatista y terrorista y sin demostrar arrepentimiento alguno, —apadrinado por el supuesto demócrata Patxi Zabaleta—, se ha permitido el lujo de importunar a la familia Ulayar insultándoles en un supermercado mientras realizaba gestos obscenos.

Con una historia así los sentimientos de venganza , de odio, de rencor y de amargura, son, no solo lógicos sino respetables, pero nunca he visto a Salvador carcomido por ninguno de esos sentimientos a pesar del sufrimiento inmenso que se le ha hecho padecer a lo largo de su vida. Fui testigo de cómo Salvador Ulayar pronunciaba unas palabras sobrecogedoras en la IV Escuela de la Fundacion DENAES. Allí, ante la admiración y la sorpresa general, dijo que, si a él le pidieran perdón, él perdonaría. Es probablemente, y desde una perspectiva religiosa, el modo más perfecto de ser consecuente en grado extremo con el “perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden” . Dos milenios llevamos rezando la misma letanía sin lograrlo, por eso Salvador no me parece de este mundo, y por eso creo que es una de las mejores y más bondadosas personas que he conocido.

Pero esa disposición para el perdón, nunca solicitado, no hace de Salvador Ulayar una víctima meliflua, que solo piense en la indemnización. Salvador es una víctima comprometida porque sabe muy bien el motivo por el Vicente Nazabal mato a su padre. Vicente Nazabal quería matar a España. Jesus Ulayar ya está muerto pero España no, todavía no. Por eso Salvador Ulayar tiene esperanza , tiene dignidad , tiene coraje y sabe cuál es el mejor modo de defender la de su padre, de defender nuestra dignidad y de hacer justicia: conseguir que nuestra patria salga victoriosa sobre el terror separatista y que Echarri-Aranaz nunca deje de ser tierra española.

Por eso yo estaré el día cinco a las cinco junto al hijo de Jesús Ulayar, en las calles de Madrid, clamando contra cualquier negociación con terroristas y defendiendo la dignidad y la unidad de nuestra nación.

Publicado en Alba el 4 de febrero de 2011.