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domingo, 21 de agosto de 2011

María Jesús González, pundonor y alegría

Quizá el nombre de María Jesús González no les diga nada a la mayoría de ustedes. En cambio, si me refiero a la madre de Irene Villa casi todos caerán inmediatamente en la cuenta de quién se trata. Hay muchas veces que a los padres se les conoce solo por la trascendencia de sus vástagos, lo que no les resta mérito alguno. Al contrario, alguna culpa tendrán en los logros alcanzados por sus hijos, en las cimas que conquistan o en las virtudes que les engalanan. He comprobado que en el caso de María Jesús e Irene, dos mujeres absolutamente extraordinarias, es exactamente así.

En realidad, a ningún español nos habría gustado conocer a María Jesús y a su hija. Desde luego, no conocerlas como las conocimos, como nos hicieron conocerlas. Habríamos preferido que continuase su anónima y plácida existencia con las complicaciones y las alegrías propias del común de los mortales. Pero los asesinos no quisieron, y las eligieron a ellas para atacarnos a todos nosotros. El 17 de octubre de 1991 los terroristas colocaron una bomba adosada a los bajos del vehículo conducido por María Jesús, que era funcionaria en la Dirección General de la Policía. Llevaba al colegio a su hija Irene, de 12 años., pero ese día no llegaron. El artefacto etarra estalló y provocó gravísimas heridas a ambas. La niña perdió las piernas, y la madre, un brazo y una pierna. Pero ninguna de ellas, —y esto lo hemos comprobado con el tiempo quienes hemos tenido la fortuna de conocerlas personalmente—, han perdido la alegría y la sonrisa sincera. Ni el pundonor y la capacidad de lucha que hasta ese momento habían mantenido probablemente oculto y larvado, y que les ha ayudado a salir adelante con total entereza y dignidad.

Muchas son las víctimas del terrorismo que comprensiblemente hastiadas, o en búsqueda de la placidez robada, persiguen el alejamiento de una realidad social tan despiadada e insolidaria. Pero María Jesús nunca optó por ese camino, sino por el de la lucha, la superación, el compromiso y la exigencia de memoria y justicia. Su vinculación durante tantos años con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, y actualmente con Voces Contra el Terrorismo, atestiguan y dan fe de su entrega absoluta, —a una causa común a todos los españoles decentes—, después de haber entregado y perdido muchísimo más que la mayoría. Su presencia y entereza en los medios de comunicación, su determinación y su claridad han sido proverbiales. ¿Cómo no iba a ser la niña Irene con los años una mujer excepcional? ¿Cómo no serlo con esa madre coraje? ¿Cómo no seguir ese ejemplo tan emocionante?

María Jesús ha peleado todos los días desde aquel fatídico día, ha pedido justicia, y ha luchado contra las secuelas y las cicatrices. La superación física que nos ha mostrado María Jesús es un ejemplo de pundonor y de alegría, y es una lección para todos nosotros para los que la vida es un poco más sencilla. Sin lamentos, sin queja, siempre con una sonrisa, María Jesús ha sido un faro para su hija, que ha sabido aprovechar esa lección, sin permitirse la amargura, exigiéndose sacrificio, y demostrándonos una felicidad que hace saltar las lágrimas.

Nuestra amiga María Jesús ha criado un ser maravilloso en mitad de todas las dificultades imaginables, contra pronóstico, e Irene ha respondió a tanto amor. Hoy es una deportista de élite que ha obtenido grandes logros en el deporte paralímpico. En ese campo, compite con gente con sus mismas o parecidas dificultades. Pero en el campo de la superación vital nos da mil vueltas a todos, también a los que lo tenemos todo más fácil.

Parece que criar una hija así, con tanto éxito, habría de quitarle a alguien todo el tiempo, absorbiéndole por completo. María Jesús González aun tiene tiempo para todos nosotros. Hace unas semanas me la encontré en la mítica cafetería Riofrío de Madrid. Allí estábamos un grupo de conjurados que acudíamos al Tribunal Supremo a querellarnos contra los seis traidores del Tribunal Constitucional que legalizaron a la organización terrorista ETA en las elecciones municipales. María Jesús no lo dudó y se embarcó en el lío acompañándonos a interponer la querella. Aun tenía tiempo para España. No sé si la Patria la merece.







Publicado en Alba.

viernes, 29 de julio de 2011

Manuel Abascal, elogio de un abuelo

Resulta difícil escribir sobre el propio abuelo, máxime cuando podría entenderse como licencioso hacerlo en estas páginas, dedicadas a glosar la figura de insignes o desconocidos patriotas españoles. Pero no hay licencia alguna. Es más, creo que he tardado demasiado en brindarle estas letras, y que el pudor de ser su nieto le ha hecho una injusticia, la de esperar más de lo debido este homenaje modesto, cariñoso, justo y merecido, ya que el homenajeado transita con salud camino de emular a su casi centenario padre, Santiago Abascal Canales, que falleció a las puertas de coronar un siglo de vida, con 99 flamantes años. Mi abuelo, Manuel Abascal Pardo, oriundo de la Montaña, se asomó a la vida el 7 de marzo de 1920 en la capital del mundo, que es como llaman a Arredondo los paisanos de la zona.

La guerra civil le llamó muy joven, ya en Vitoria, y le hizo recorrer media España como soldado del bando nacional en la parte final de la guerra y de la posguerra, padeciendo el hambre y la miseria, y siendo testigo del horror de aquella época. Por los pelos se libró de participar en pelotones de fusilamiento, y a punto estuvo de acabar en la División Azul. Por aquel entonces, la familia intentaba salir adelante recorriendo los caminos de Álava y Navarra, a lomos de unos mulos, vendiendo telas por los pueblos y caseríos. Allí, en uno de los permisos, conoció a Pilar Escuza Olabarrieta, una vasca auténtica, españolísima por lo tanto, a por la que no dudó en volver para casarse en 1946 en Oquendo, asentándose en Amurrio y estableciendo un negocio textil del que, aun hoy, vive gran parte de la familia.

Cuenta el abuelo que el gobernador civil le hizo alcalde (1963-1979), bajo amenaza de llevarle al calabozo. Y aunque entró a regañadientes no se hizo el remolón, procurando a la villa de Amurrio las conducciones que aun hoy permiten a los vecinos disfrutar del agua de las estribaciones del Gorbea, trayendo la industria con los actuales tres polígonos que emplean a miles de amurrianos y ayaleses, y construyendo las piscinas municipales, el frontón, y el campo de futbol de los que todavía gozan los vecinos. Me hace gracia oírle decir que él nunca hizo política. Entonces esbozó una leve sonrisa recordando la sarcástica frase de Franco invitando a hacer como él, no metiéndose en política. Pero el abuelo Manolo se defiende afirmando que el jamás benefició o perjudicó a nadie por ideas políticas. ¿Qué mejor tributo a la patria común que alejarse de las prácticas del sectarismo y del partidismo? Le creo a pies juntillas, no en vano, muchos de los concejales del PNV y Bildu en la actualidad tenían a sus ascendientes como concejales en la corporación que presidía mi abuelo, al que —paradojas de la vida— las Ikastolas de Álava reconocieron por su labor en favor de la lengua vasca como Diputado Foral de Promoción del Vascuence durante la dictadura.

Llegó la democracia y con ella el separatismo y el recrudecimiento del terrorismo. Y el abuelo Manolo tampoco se libró de este horror, siendo destinatario de las cartas de extorsión etarra, a las que nunca respondió. Jamás pagó. Ni huyó, a pesar del tajante “le buscaremos hasta ejecutarle” y a pesar de que en esos días, a escosas metros de su casa, la banda asesinaba a otros convecinos. Después la ETA trató en varias ocasiones de matar a su hijo, —mi padre—, y a su nieto, –yo mismo-, añadiendo a su existencia longeva losas de preocupación y pesar.

Firme como un junco, Manuel Abascal Pardo, ha permanecido en su tierra, en la parte de España en que quiso vivir, orgulloso, y nosotros orgullosos de él, engendrando a ocho hijos, rodeado de una veintena de nietos, disfrutando de biznietos que aun no saben la fortuna que tienen de conocer a este hombre excepcional. A sus 91 años, aun con el carné de conducir; devorando periódicos; calculando en euros como un adolescente; recientemente viudo tras 65 años de amor, entrega y compromiso; rodeado de todo el cariño, la honradez y el respeto que ha trasmitido, el abuelo Manolo aun pregunta, lo pregunta todo, como un hombre que siempre lo ha sido y lo es de su tiempo. Que Dios nos lo guarde muchos años.

Publicado en Alba.

viernes, 17 de junio de 2011

Javier Ortega; por España, un paso al frente.

He conocido pocas personas tan voluntariosas, tan versátiles y tan entusiastas. De hecho, creo que no me había topado en mi vida con nadie que resumiese en su personalidad todas esas características de una manera tan acentuada. No en vano, Javier pertenece esa grupo de los que valen "lo mismo para un fregado que para un barrido", espécimen español sobre el que ya he tratado en esta sección con anterioridad.

Dicen que quien mucho abarca poco aprieta. Y será verdad. Pero Javier es la excepción a esta regla de la lógica. Su compromiso cívico y patriótico con todo lo que huela a España, o, a víctimas del terrorismo le empuja a implicarse en todo, y además a meterse hasta las cachas. Y, contra todo pronóstico, a todo llega, cierto es que cinco minutos tarde, pero llega. Nada grave esa tardanza, por otra parte, atendiendo a la vorágine capitalina y al ronroneo de los atascos urbanos.

Hoy, Javier Ortega Smith-Molina es uno de los principales puntales de la Fundación DENAES, para la Defensa de la Nación Española, de la que es responsable jurídico. Con sus casi dos metros de altura era gracioso verle como a un niño con zapatos nuevos, con la ilusión desbordada y la esperanza viva, al tener el honor de estampar su firma como letrado en la querella criminal por prevaricación contra los seis magistrados del Tribunal Constitucional que legalizaron a Bildu-ETA. Pero, como decía, Javier vale lo mismo para estudiar y promover la más sesuda de las querellas, que para ejercer de portavoz de la Fundación, que para repartir dípticos propagandísticos por la calle, que para hacer de relaciones públicas de la misma. Es una de esas personas a las que no se les caen los anillos y son capaces de valorar la dignidad y el honor del puesto que en cada momento le toque desempeñar.

Gozamos de gran fortuna en la Fundación DENAES por tener en nuestras filas a un tipo de la llaneza, la laboriosidad y la solvencia de Javier Ortega. Pero sobre todo, no podemos dar con un canto en los dientes mientras Javier Ortega pueda seguir entregando su tiempo, mucho de su tiempo, de una manera tan altruista y alegre. Cuando me le presentaron hace unos años en la entrega de los Premios Españoles Ejemplares, y pude apretar su mano, que doblaba la mía, percibí en él un entusiasmo que no he dejado de notar en momento alguno. Por entonces, él y un grupo de amigos de Madrid, volcaban íntegramente su compromiso patriótico —que no partidista— ayudando en las jornadas electorales a Icíar Lamarain, la valerosa concejal popular de Mondragón. Y todo ello, insisto, empujado por un sólido y rocoso amor a España, ya que lo hacían sin ser afiliados, y quizá ni votantes, del Partido Popular. No en vano, Javier Ortega, suele concluir sus escritos electrónicos o sus referencias verbales a Mondragón, con un inequívoco “por España, un paso al frente”.

Hoy, Javier y todos sus amigos del “Grupo Mondragón” son unos estrechos colaboradores de la Fundación DENAES, a la que se han entregado a ciegas. De entre ellos, es Javier Ortega Smith-Molina uno de los que se han convertido en imprescindibles. Hay días, que este altruista, —no otra cosa es un patriota—, ha tenido que entregar mañana, tarde y noche a la causa de DENAES, que es la de España, y lo ha hecho retirando tiempo a su ocio y robándoselo a su modus vivendi, la abogacía.

He visto a Javier Ortega en acción repartiendo enseñas nacionales a las puertas del Camp Nou, que conseguimos colorear de rojigualda en una de las finales de la Copa del Rey; le he visto ante la audiencia televisiva defendiendo aquello que otros no se atreven a defender, y le visto en las puertas de los tribunales apelando al cumplimiento de la legalidad española que no es otra cosa que el cumplimiento —imperfecto, sí, pero cumplimiento al fin— de la voluntad del pueblo español. Y he de agradecerle muchas cosas pero sobre toda una. Observar su entrega y compromiso, y ser consciente de la calidad humana de compatriotas como él, me ha ayudado mantener intacta mi fe en España, a ver justificado mi patriotismo, y a acrecentar mi esperanza en el mantenimiento de la unidad de nuestro pueblo.



Publicado en Alba el 17 de Junio de 2011.

viernes, 10 de junio de 2011

Desprotegidos

Después de vivir con guardaespaldas desde el 1 de diciembre de 1999 de manera ininterrumpida, el otro día recibí una fria llamada que me comunicaba, sin ninguna explicación, que a partir del 1 de julio de 2011 se me retirará la protección de escoltas. A causa de ello, firmo este breve artículo que precipitadamente me ha pedido LA RAZÓN.

¿QUIÉN SERÁ EL RESPONSABLE?

Buena justificación han encontrado para disminuirnos o retirarnos la protección a los cargos o ex cargos públicos "constitucionalistas" del País Vasco. Los otrora manoseados "héroes" vascos son ahora postergados, y su seguridad cuestionada en aras de una falsaria contención del gasto público. No se tocará para nada ese estado de bienestar de los partidos políticos que representa el Estado Autonómico, ni se cuestionarán los multimillonarios ingresos de Bildu-ETA. En cambio, dejarán desprotegidos a aquellos que son o fueron la avanzadilla o la última resistencia de España en el País Vasco. Cuestión de prioridades.

Cuando hace 12 años nos comunicaron que debíamos ser protegidos, en formales y serias reuniones, aquellos que querían renunciar a la escolta eran obligados a firmar un documento asumiendo la responsabilidad, para que la del político quedara inmaculada, justamente y con razón. Para que las manos y la conciencia del responsable político estuviesen limpias. Ahora, una simple y fría llamada de teléfono del último funcionario de una oficina nos anuncia que ya no seremos protegidos, sin indicarnos ni las razones, ni la evolución de nuestra situación de riesgo. Aquellos que no deseamos renunciar a la protección de nuestras vidas —y no a un coche en el que no solemos entrar porque conducen tras del nuestro—, ahora, no recibimos ningún documento de quien se haga responsable de la decisión tomada, como paradojicamente en su día exigían a quienes renunciaban a la escolta. Que no mientan. El riesgo, que no es solo un tiro por las espalda o una bomba debajo del coche, sigue ahí. Una paliza por la calle, o la primera víctima después de una "tregua". Demasiados casos ha habido. ¿Quién será ahora el responsable de los futuros sucesos facilitados por las decisiones políticas de hoy? Que los de la conciencia sucia y las manos limpias no vengan a las pompas fúnebres ni llamen a los apaleados. Absténgase el ministro, el consejero o el traidor de turno.

SANTIAGO ABASCAL CONDE

Presidente de la Fundación DENAES, para la Defensa de la Nación Española.

Ex concejal del Ayuntamiento de Llodio

Ex juntero de las Juntas Generales de Álava

Ex diputado del Parlamento Vasco

Ex presidente de NNGG del PP del País Vasco

viernes, 3 de junio de 2011

Miguel Bernard, contra la corrupción

El nuestro es un país de etiquetas, de clichés, de viejas facturas que se desempolvan para cobrarse después de décadas. Hay personas en España a las que se les pasa factura de manera desmesurada y permanente por episodios de su pasado. Cuando eso ocurre, cuando alguien agita al aire una de esas facturas maliciosas, con ganas de cobrársela o de perjudicar al supuesto deudor, lo primero que pienso es que a esa persona se la quiere atacar por algo que hace en el presente pero no se encuentran argumentos, y se ha de rebuscar en su pasado. Miguel Bernard, líder del Sindicato de Funcionarios Manos Limpias es una de esas personas.



Hoy , cerca de la edad de la jubilación, lucha contra la corrupción, venga de donde venga, y por el cumplimiento de la legalidad, sea la que sea. Su lucha en los tribunales ha hecho mella en gente poderosa, que ha tenido que rebuscar en su pasado. ¡Ultraderechista!, ¡Ultraderechista!, ha sido el mantra con el que cualquier cosa que este hombre haya hecho, haga hoy, o haga mañana, será denostada. A mí me importa un bledo el pasado de Miguel Bernard, que además ni ha robado ni matado a nadie, como me importan un bledo el pasado en ETA hace cuatro décadas de Jon Juaristi y de Mikel Azurmendi, o el pasado «marxista» de Gustavo Bueno. Todos ellos hoy son o patronos o amigos de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, que yo presido, y no les preguntamos de dónde vienen sino a dónde van.



Es curioso que en España, atacada durante años por el terror separatista de ultraizquierda, olvidemos inmediatamente el pasado ultraizquierdista o ultranacionalista de muchas personas. Me parece bien, por cierto. E incluso que haya quienes quieran hacer pasar a los terroristas del presente por hombres de paz o a los nacionalistas supuestamente moderados por socios de gobierno. Me parece muy mal, por cierto. Y sin embargo, no admitamos como ciudadanos de pleno derecho a personas con un supuesto pasado ultraderechista, falangista o similar. Esa doble vara de medir me parece de lo más injusta y no seré yo quien contribuya lo más mínimo a que la vara en cuestión actúe dando palos a gente decente y patriota con total impunidad.



Porque Miguel Bernard es precisamente un luchador incansable contra la impunidad, contra la corrupción; económica o de la legalidad, y para ello el Sindicato de Funcionarios Manos Limpias acude precisamente a la legalidad constitucional española, como una muestra de respeto a nuestro sistema. Con ese objetivo, no ha dudado en arremeter contra cualquier partido político, o contra cualquier responsable público que haya metido las manos en la masa. Desde el destape inicial de la red gürtel, hasta la defensa de la colocación de la enseña nacional en todas las instituciones, pasando por la corrupción en Andalucía, o la prevaricación de seis miembros del Tribunal Constitucional para legalizar a Bildu, o la acusación contra Juan María Atutxa cuando desde el Parlamento Vasco desobedeció a los tribunales.



La hoja de servicios de Miguel Bernard a la Nación Española es intachable. Que sea atacado y vituperado con cualquier argumento es una prueba más de su acierto; que continúe en la lucha lo es de su valentía y de su generosidad patriótica. Cuando me llamó hace unos días para interponer una querella criminal por presunta prevaricación contra los seis señores del Tribunal Constitucional que legalizaron a la ETA invadiendo la jurisdicción ordinaria del Tribunal Supremo y contradiciendo la propia doctrina del Tribunal Constitucional, no lo dudé ni lo dudamos en la Fundación DENAES. Me resbalan las etiquetas que le cuelguen a Bernad, y tenemos claro que nuestro barco es el suyo, y el suyo es en nuestro. Se trata de España, y aquí sólo sobran los terroristas, los separatistas que quieren destruir la convivencia nacional y los corruptos; roben éstos a manos llenas o, simplemente, violenten la legalidad a su antojo.



Insisto, Miguel Bernard, es un patriota español intachable, un hombre que respeta la ley, y cuya amabilidad, sentido común, y carencia de ambiciones personales, es un filón para el movimiento civil español. Miguel Bernard es un muchacho excelente.


Publicado en Alba el 3 de Junio de 2011.

viernes, 27 de mayo de 2011

Carlos García, premio al valor

Se presentaba como candidato por Elorrio sin grandes expectativas, como paracaidista, sin conocer el pueblo, en un feudo del nacionalismo más radical, representando al Partido Popular. Y lo ha conseguido, vaya que sí, contra pronóstico, sin ayuda ni respaldo. Sólo él y varios amigos que decidieron echarle un cable. Y lo han conseguido. Un solo concejal, pero suficiente para tener mucho que decir. ¡Y de qué manera!. Los etarras de Bildu han ganado las elecciones, pero seguidos del PNV, que ha empatado en número de concejales. Ya nos lo ha dicho a algunos; el PNV tendrá que hacer cumplir algunas leyes si quiere gobernar, y habrá de izar la bandera nacional de España en el consistorio municipal. De lo contrario, Carlos García no moverá un dedo, un dedo que no sirva para enarbolar la enseña nacional o para abanderar el cumplimiento de la legalidad constitucional en ese pequeño pueblo del corazón de Vizcaya.


A mí no me ha sorprendido ni la audacia ni la determinación de Carlos García, aunque sí su éxito. Ha hecho una campaña pagada de su bolsillo, a la americana, ante la falta de medios del partido que representaba. Ha diseñado y auto-editado sus propios dípticos electorales, con sus lemas y propuestas municipales, con una pequeña bandera nacional a modo de sello inequívoco. No ha disimulado lo que es, lo que siente, lo que pretende, y lo que quiere para Elorrio. La autenticidad tiene premio, por eso ha sido elegido. Y la implicación personal también tiene premio. Con su dinero ha alquilado un coche de megafonía, en el que se ha subido para hacer publicidad electoral durante los días de campaña. Se ha pateado los bares y locales del pueblo, presentándose y conociendo a la los vecinos. El forastero, poco a poco, se les ha hecho familiar, simpático, admirable, y votable. Doscientos setenta y nueve votos para Carlos y para España en Elorrio.


La trayectoria de Carlos García Fernández, un chaval del bilbaíno barrio de Santuchu, la conozco muy bien, porque fue pareja a la mía. Cuando tuve la oportunidad de presidir la organización juvenil del PP en el País Vasco fue uno de mis principales y más incondicionales colaboradores. Ya entonces se tuvo que enfrentar a los vetos de algunos jefecillos del partido que no querían permitirle ser el números dos de la organización. Los mismos que le han vetado ahora en las listas de Bilbao, ciudad de la que era concejal desde hace 8 años. Con el tiempo, Carlos García también fue presidente de las Nuevas Generaciones del Partido Popular en el País Vasco. Hoy, aun joven, y ya sin la melena rizosa estilo Bisbal, sigue siendo un verso suelto, pero leal a sí mismo y a los principios que siempre ha defendido el PP vasco.


Hoy, Carlos García, uno de esos jóvenes que embarcó a toda su familia, –hermanos, madre, novia-, en la aventura política del PP vasco, sigue ahí, en un pequeño ayuntamiento, con una concejalía ganada a pulso, contra viento, marea y zancadillas. Sigue erguido, con la dignidad intacta después de ser apartado de la importante concejalía de Bilbao, ya haciendo subir a su partido votos en Elorrio mientras otros –los que le han purgado- los pierden.


Ahora Carlos García tiene una misión, un servicio que cumplir, no para él mismo, ni para su partido, sino para España. Porque tiene la oportunidad de conseguir el hito de izar la bandera nacional en el ayuntamiento vizcaíno y la posibilidad de evitar que la nueva máscara de la ETA se haga con el poder en ese pequeño y bucólico pueblo vasco que descansa a los pies del imponente puerto de Urquiola. Sin ninguna duda, el ejercicio de esa responsabilidad le procurará todo tipo de sinsabores, presiones y amenazas, como las que ya ha padecido de una manera especialmente virulenta; pintadas, seguimientos etarras, planes para ser asesinado. No tengo dudas de que Carlos García permanecerá firme. Ya lo ha demostrado en el pasado. Y en el presente es aun más fuerte. Quien es capaz de soportar los zarpazos, traiciones, y falta de agradecimiento de los propios, es capaz de resistir las peores pruebas a las que le querrán someter los enemigos de España.
Publicado en Alba el 27 de Mayo de 2011.

viernes, 20 de mayo de 2011

Carlos Cuesta, en el plató y en la acera

La buena gente le quiere. Las señoras le adoran. Es lo que tiene la tele. Más aún cuando ésta se mezcla con un compromiso civil inequívoco. Carlos Cuesta, el presentador de La Vuelta al Mundo en Veo 7 no ha dejado de estar en una sola de las manifestaciones convocadas por las víctimas del terrorismo en los últimos años. Y allí los hombres le llaman, y las señoras le reclaman, le besan y le achuchan. Es el agradecimiento normal y el cariño sincero que se le profesa en justa correspondencia al compromiso indudable y a la vehemencia con la que defiende la causa de las víctimas del terrorismo, y el modo valiente y desacomplejado en el que arremete contra los que las han traicionado. Se puede decir que, en gran medida, ha puesto su programa al servicio de las víctimas de la ETA. Y siempre encuentra un hueco para que estás tengan voz, puedan ser escuchadas por la audiencia, y los españoles puedan sensibilizarse más con ellas.


Carlos Cuesta, que ejerce de periodista, pero cuya formación y cultura es mucho más amplia, es un hombre muy joven, desconocido en el panorama mediático hasta hace poco tiempo, y hace gala de la independencia partidaria que han perdido tantos periodistas. No es neutral, defiende lo que cree, pero no se arrima al buen árbol, ni hace de vocero de nadie, ni interpreta dosieres repartidos en Génova o en Ferraz. Es un español libre y un ciudadano consciente que exhibe un discurso patriótico en cualquier tema que aborde: víctimas del terrorismo, crisis económica, o crisis territorial. Ahí surge siempre su enfoque patriótico, tendente a defender el interés común, el proyecto común, la causa y la casa común. De pocos periodistas puede hoy decirse eso. Parece que el periodista se ha convertido en un adosado del político y demasiadas veces hablan como simples guiñoles en lugar de como informadores independientes con ideas propias. Claro que Carlos Cuesta no es uno de éstos.



Ha acertado Pedro J. Ramírez con este timonel para su vuelta al mundo, porque, respetando ampliamente la pluralidad mínima exigible a un programa de debate e invitando a algunos de esos que reproducen consignas, no se convierte en mero árbitro y espectador. Insisto; no es, ni mucho menos, neutral. No es partidista pero toma partido. Se moja, se compromete. Es claro y directo. Es audaz. Por eso triunfa y por eso gusta a la gente, que está hasta el gorro de paniaguados y charlatanes. Esa autenticiad de Carlos Cuesta se reconoce en las calles, y se jalea y aplaude. Yo, y muchos, lo hemos podido constatar en las últimas movilizaciones cívicas. En ellas es uno de los personajes más aclamados. Cierto que hay otros muchos comunicadores muy queridos pero no suelen dejarse ver en estos tumultos. Carlos Cuesta, en cambio, está en el plató y en la acera. Y como no es lo mismo predicar que dar trigo, él defiende su verdad con la palabra y con su presencia física en las manifestaciones. Vamos, que predica con el ejemplo.



Siempre me ha llamado la atención el fenómeno de masas que representan algunos periodistas o medios de comunicación. Son aclamados en la calle como cantantes deseados o políticos admirados -rara avis estos últimos, cada vez más- y eso le ocurra a Cuesta, que lejos de cualquier divismo se mezcla con su gente, y vuelve, —supongo—, con ánimos renovados a defender desde la tele, la radio y la prensa escrita la unidad de la nación española y la libertad y la vida de los españoles, dándonos algo de esperanza a todos nosotros.



Ojalá en el barco de esa Vuelta al Mundo, o en el del Gato al Agua, o en el de Debates en Libertad haya cada vez más españoles, que naveguen con un rumbo cierto y preciso; y se alejen de las norias y tiovivos que sólo buscan volver sobre lo mismo, enzarzarse en lo de siempre, enfrentar a media España con otra media, y no aportar jamás una solución para el futuro de España. Esperemos que Carlos Cuesta triunfe en su empeño. Será un triunfo para todos nosotros, para toda España.




Publicado en Alba el 20 de Mayo de 2011.

viernes, 13 de mayo de 2011

Enrique Cabanas, vaya tropa


Detrás de las organizaciones, sean éstas civiles o políticas, se encuentran las personas más comprometidas, altruistas y determinantes. Las que actúan como voluntarios, y rara vez se ve su cara. No buscan beneficios personales, no quieren protagonismo, pero creen en un ideal, y luchan por este en el puesto que les corresponde, o en el lugar que se les asigna, o se dedican diligentemente a tapar todos los agujeros.

En la trastienda de la Fundación DENAES, organización civil y patriótica de voluntarios, contamos con numerosos hombres y mujeres cuya naturaleza es precisamente esa; servir, servir, y servir. Enrique Cabanas Burkhalter es uno de los mejores ejemplos de ese altruismo patriota que en los últimos años ha engrandecido a la Fundación para la Defensa de la Nación Española. Un comportamiento y una entrega como los que Enrique Cabanas acredita es condición indispensable para que triunfen las organizaciones sociales sin ánimo de lucro.

Pero lo de Enrique Cabanas no es sólo voluntarismo y buena disposición; ni siquiera es sólo generosidad y entrega; es mucho más: es que este hombre vale lo mismo para un roto que para un descosido, o como diría Galdós, vale igual para un fregado que para un barrido. Y digo esto porque al referirme a los que están detrás de las organizaciones y ocupan sus puestos sin rechistar, no quiero decir que no puedan estar al fente de las mismas. Todo lo contrario. Enrique Cabanas lo mismo te da buenos consejos que te apercibe por no tener algo en agenda; lo mismo da aliento y ánimo espoleándole a uno a la acción, que le sujeta con las riendas. Pero sobre todo, este chico para todo, -no tan chico-, que es Enrique Cabanas, siempre está, nunca falla, y jamás decepciona. Su versatilidad, y su capacidad, son envidiables. Y si tuviera una empresa no dudaría en ficharle. En DENAES tenemos la fortuna de contar con su trabajo voluntario siendo uno de los mejores de nuestra excelente tropa.

Tropa. Quizá no haya mejor palabra para referirse a alguien como Enrique Cabanas, hijo, nieto, biznieto, sobrino y hermano de militares. El patriotismo, el servicio y la disciplina los ha visto por todas partes. Ya en casa eran un poco tropa, ¿qué podía hacer su padre, un militar de la antigua usanza, con siete vástagos varones sino militarizar el hogar? Y se nota; en cómo es Enrique, un hombre con unas excelentes dotes para la sobrevivencia y para desenvolverse en situaciones de riesgo o crisis. Y con capacidad de mando, heredada y aprendida. ¿cómo se explica en casa contrario que lleve con pulso firme a su otra tropa? Cinco niños para esta época no es moco de pavo para un hombre joven. Pero claro, Reyes, la vasconavarra que tiene en casa alguna culpa debe tener. Que no se queden los Cabanas con todas las medallas, que ya tienen bastantes.

El otro día, tras la sentencia del TC, Enrique Cabanas promovió a través de las redes sociales, y el correo electrónico, una precipitada e imposible quedada frente al ignominioso tribunal, para protestar por la desesperanzadora vuelta de la ETA a los ayuntamientos tras la traición de seis miembros del tribunal. Nadie secundó la convocatoria, salvo su hermano, que le tomó una fotografía ante el TC, visiblemente irritado y con gestualidad elocuentísima. Enrique nos envió a todos la instantánea, que dejaba bien claro que Enrique Cabanas fue el único español que, al día siguiente de la sentencia, se manifestó frente al TC. El único, pero representando el hartazgo y el enfado de más de 25 millones de españoles que abominan de la ETA y de quienes les han relegalizado.

La tropa-prole de los Cabanas, en tropel o sola, pero sin tacha, ni ausencia ni tardanza, parece que siempre llega a todo, cuando se trata de defender lo de todos. A todo lo que sea estar con las víctimas y defender a España. Sin duda, esta patria nuestra, tan fértil en buenos vasallos y esteril en buenos señores, subsiste y subsistirá gracias a personas hechas de la pasta de Enrique Cabanas Burkhalter, uno de los siete hijos de Don. Santiago, el Coronel Cabanas, moldeados a su imagen y semejanza, en un ambiente de exigencia, maratones matutinos, camaradería , y versos de Calderón de la Barca.

Publicado en Alba el 13 de Mayo de 2011.

viernes, 15 de abril de 2011

Ana Iribar, a la medida exacta de Goyo Ordóñez


En torno a la figura admirable del malogrado Gregorio Ordóñez, asesinado por los terroristas separatistas, hemos glosado la grandeza de personas que le conocieron, como María San Gil que presenció su muerte, o Pedro Altuna, que desde la Fundación Gregorio Ordóñez vela por la memoria de Goyo. Pero aun no me había detenido en estas líneas a hablaros de las bondades de la mujer que mejor le conoció y que le dio a su hijo Javier: Ana Iríbar, su esposa y su viuda.

Muchas veces hemos oído hablar de la fortaleza de algunas mujeres vascas y se podría pensar que se trata de un estereotipo o de una caricatura complaciente. Nada más lejos de la realidad. He conocido a decenas de ellas, y de algunas ya he escrito aquí como de María San Gil, Regina Otaola o Ana María Vidal Abarca, todas marcadas por la iniquidad del terrorismo. Ana Iríbar es una de esas mujeres extraordinarias, detrás de cuya calidez, suavidad, simpatía y aparente fragilidad se esconde una fortaleza a prueba de las más duras pruebas. Aunque la procesión, sin duda, va por dentro. Y su mayor bendición, y alegría, —su hijo Javier, que contaba con una año de edad cuando mataron a su padre—, es a la vez recuerdo de la mayor de las tristezas: la pérdida prematura, e inmensamente injusta del hombre al que amaba. El pequeño Javier, que durante muchos años habrá sido el bálsamo de todos los dolores, también ha sido el recuerdo de aquel hombre, y cada una de sus preguntas se habrán marcado a fuego en el corazón de Ana. Ella lo ha reconocido así en alguna ocasión:

“Fue quizá mi hijo quien me ha ayudado muchísimo en estos años. Ha sido, desde luego, la personita que en primer lugar me ha ayudado a enfrentarme a la realidad. Y lo más importante ha sido y es su mirada. Su mirada que interroga. Su mirada que pregunta. Y lo más importante ha sido y es saber responder a sus preguntas. Javier fue creciendo y me iba preguntando dónde está papá, cómo ha muerto mi padre, quién ha matado a mi padre, dónde está el asesino de mi padre”.

Javier Ordoñez Iríbar ha sido a la vez el bálsamo y la sal sobre la herida inborrable de Ana. Pero la sal también cura. Aunque el recuerdo de aquel hombre arrollador, optimista, enganchado a la política, que lleva un antiguo fax en el maletero del coche incluso cuando salía vacaciones no pueda irse nunca, porque así debe ser, aunque la presencia del recuerdo venga acompañado de la del dolor. Dolor por la pérdida, dolor por la persistencia del terrorismo, dolor por la traición de tantos políticos, y dolor por la orfandad de un hijo.

Con el dolor y la dignidad incólumes acudió Ana Iribar al Parlamento Vasco a la inauguración de la placa en honor de su marido, que se instalaba trece años después de su asesinato. ¡Ahí es nada! Los que esperaban parabienes, y sonrisas; contención e hipocresía; se equivocaron. Borbotes de verdad salieron de la boca de Ana, y también de valentía, cuando Iribar se dirigió a la presidenta del Parlamento Vasco, del que Goyo fue miembro, y le pidió: “Desde aquí, presidenta, quiero que traslade al lehendakari vasco mi más sincero desprecio por su deslealtad e hipocresía y por la cobardía con la que actúa en contra de la memoria misma de Gregorio Ordoñez, en contra de los principios democráticos, que son los míos y los de miles de ciudadanos, en contra de las razones por las que Gregorio fue asesinado” Para acabar con España.

Yo estaba presente, y recuerdo la incomodidad de los parlamentarios en ese momento, incluso la de algunos compañeros de partido de Gregorio Ordoñez, que murmuraban por lo bajini sobre lo inoportuno de la intervención. Jaime Mayor, también presente, les replicó, que lo incomodo para Ana era hacer lo que hizo, y que cuando alguien busca la comodidad no dice la verdad. Algunos callaron y otros ironizaron sobre la máxima del expresidente del PP vasco: “en política estamos para sufrir y acertamos cuando estamos en la incomodidad”.

Yo hoy solo quiero añadir que Javier, puede estar orgulloso de ser el hijo de Goyo. Muchos quisiéramos ser la mitad de dignos y valientes que él. Pero también, puede estar orgulloso de ser el hijo de Ana Iríbar, una mujer hecha a la medida exacta de Goyo Ordoñez.

Publicado en Alba el 15 de Abril de 2011.

viernes, 8 de abril de 2011

Pedro Altuna, en el zulo españolista


En todas las batallas los hay que están en los puestos de mando, o en la primera línea. Todos son imprescindibles para obtener la victoria o para conquistar la dignidad y el honor en la derrota. Pero en nuestro imaginario, qué duda cabe, admiramos a aquellos que están en las trincheras, cuyo sacrificio físico es más evidente, cuya cercanía a las líneas enemigas es mayor, y cuyo riesgo es pavoroso. También en la lucha contraterrorista existen esos dos tipos de individuos, hablemos de policías, de guardias civiles, de políticos, de periodistas o de jueces. Los hay que hacen excelentes e impagables trabajos en los despachos, y los hay que viven próximos al enemigo, —al terrorista en este caso—, e incluso los hay que viven entre el enemigo. Todos merecemos un respeto, pero esas personas merecen un respeto especial. Pedro Altuna es uno de esos hombres valiosísimos, audaces, y a los que su pasión por España mantiene firme como un junco, y al que la indignación ante lo anormal le conserva en su sano juicio.

Oponerse al terror nacionalista en España es arriesgado. Hacerlo en el País Vasco es muy peligroso, pero hacerlo en Guipúzcoa es casi suicida. Que se lo digan a Gregorio Ordóñez, y a tantos otros que ya no pueden contarlo. O que se lo digan a Pedro Altuna, que hoy vela por la memoria de la Fundación Gregorio Ordóñez. Ya han pasado 16 años desde que el 23 de enero de 1995 una alimaña etarra asesinara por la espalda a unos de los políticos más valientes que ha tenido España, y casi han pasado los mismos años desde que en diciembre de ese mismo año se constituyera la Fundación que aun hoy lleva su nombre con objeto de defender su memoria y reivindicar su figura pública.

Y yo creo que la memoria de Gregorio Ordóñez está a buen recaudo. Entre otros motivos, pero muy importante, por la cara anónima que se esconde detrás de una organización tan simbólica para quienes admirábamos a Gregorio Ordóñez ya antes de que fuera asesinado. Pedro Altuna es esa persona casi anónima, por su discreción, excepto cuando el guión lo exige, y también ejerce de portavoz de la fundación custodia de tan digna memoria. Altuna, un chaval aun, lleva 11 años de su vida entregados a esa causa, siendo el chico para todo de la Fundación, y sin el cual no se entiende ni comprende ni la larga vida ni todo el trabajo que vemos desde el exterior. Y ya imaginan que no es fácil encontrar a un guipuzcoano que se entregue sin titubeo a tan admirable tarea.

Creo que las mujeres de la vida de Gregorio Ordóñez, y a las que de vez en cuando vemos en televisión; su viuda Ana Iribar, su hermana Consuelo Ordóñez, y su madre Consuelo Fenollar, han de estar orgullosas de haber tenido a un hombre tan especial y admirado en sus vidas, pero también pueden estar satisfechas de haber encontrado a alguien de la integridad y entrega de Pedro Altuna para dirigir e impulsar la Fundación que lleva el nombre del querido, atípico y arrojadísimo político easonense.

Hace años que gozo la amistad de Pedro Altuna, ya que por razones generacionales no pude gozar de la Gregorio, del que era simple admirador, y siempre me ha llamado la atención ver a este vascoparlante de cuna, que habla vascuence del de verdad, y con tropecientos apellidos vascos en fila india, y –como dice él- con RH del de Arzallus, defenderla españolidad de Guipúzcoa con vehemencia y energías inusitadas y con razones poderosas.

Y todo eso desde un diminuto «zulo» españolista en el que se ubica la sede de la Fundación Gregorio Ordóñez, desde la que Altuna ora defiende la memoria de Goyo, ora demuestra la independencia partidaria de la Fundación, ora organiza unos premios o conferencias, ora lanza una campaña de captación de fondos ante la agónica situación de la Fundación rebelándose contra el ahogo institucional y atizando a tirios y troyanos.

A Gregorio Ordóñez ya no podemos recuperarle, pero gracias al valiente Altuna su memoria está más presente que nunca.

Publicado en Alba el 8 de Abril de 2011.

viernes, 11 de marzo de 2011

Cayetano González, siempre con las víctimas




Permítanme que afirme, reinventando la frase de Berthold Brech, que “hay periodistas que están un día con las víctimas y son buenos, hay quienes están muchos años y son muy buenos, pero los hay que están con las víctimas toda la vida. Esos son los imprescindibles”. Sin temor a exagerar, se puede afirmar que Cayetano González Hermosilla es una de esas personas. Cierto es que muchos son los periodistas que se han comprometido con las víctimas del terrorismo etarra o con las víctimas del 11 de marzo, pero se cuentan con los dedos de una mano los que lo han hecho con la intensidad, el cariño y el conocimiento de causa que lo ha hecho Cayetano González.

No en vano, Cayetano González tuvo responsabilidades de comunicación en el ministerio del Interior, en calidad de director de comunicación del primer ministro del ramo que acabó con toda suerte de atajos en la lucha antiterrorista, Jaime Mayor Oreja. Precisamente fue durante su mandato como ministro cuando las víctimas del terrorismo fueron realmente acompañadas, puestas en el centro de la acción política, y la comunicación del Gobierno y del ministerio respecto del terrorismo etarra tuvo importantes consecuencias más allá de las fronteras españolas, y muchos medios de comunicación internacionales colocaron sus focos de atención sobre la situación de las víctimas del separatismo criminal en España. Es obvio que este no es mérito exclusivo del jefe de prensa de un ministerio, pero es innegable que Cayetano González fue parte de esa gran obra del gobierno de España en la batalla contraterrorista.

Mucho y muy doloroso fue el sufrimiento que este periodista honesto tuvo que ver, compartir y padecer al lado de un ministro como Mayor Oreja que, durante su mandato, hubo de asistir al funeral de bastantes compañeros de partido y de otros muchos ciudadanos, y que padeció durante esos años las traumáticas acciones del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, previo horrendo e inasumible chantaje, y el larguísimo secuestro de José Antonio Ortega Lara. Sin duda, con esos galones, Cayetano sabe lo que ha visto, sabe de lo que habla y sabe de lo que escribe.

Pero no empezó ahí el conocimiento de la cuestión del terrorismo nacionalista por parte de este leonés nacido en 1954. Durante 20 años, y hasta su entrada en el ministerio del Interior, trabajó en diversos medios de comunicación del País Vasco, y pudo vivir con toda su crudeza los peores años ochenta, en los que cada tres días la ETA asesinaba a una persona ante el ominoso silencio de la sociedad vasca, y la cobardía o complicidad de tantos de sus dirigentes políticos.

Con este bagaje es comprensible que este gran conocedor del terrorismo, amigo de sus víctimas, y bella persona, sea el director del Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo de la Fundación San Pablo-CEU, así como responsable de la organización de los Congresos Internacionales de Víctimas del Terrorismo que han tenido lugar en España desde 2004 con gigantescos éxitos de asistencia, participación y, ¡cómo no!, repercusión mediática. Es visible que Cayetano no es sólo un hombre sensible sino que sabe hacer su trabajo como muy pocos sabrían hacerlo.

No escribo a humo de pajas sobre el Cayetano periodista ni sobre el Cayetano ciudadano, sino como testigo privilegiado de su actividad laudable al menos desde 1996, cuando en compañía de Jaime Mayor Oreja nos visitaba en el País Vasco a los que estábamos en primera línea, y después como observador de su actividad en torno a los congresos internacionales e intervenciones en prensa, y siempre como compañero en la guerra del movimiento cívico, en la que siempre ha estado, y para la que nunca ha tenido un no. No ha habido manifestación de las víctimas en la que no fuera posible encontrar a Cayetano, ni acto medianamente importante sobre éstas en el que no estuviera, como el de este verano, cuando nos acompañó en la IV Escuela de Verano de la Fundación DENAES que abordaba el fin del terrorismo y donde, una vez más, demostró no solo su saber sensible, sino su capacidad para estar cerca de las víctimas, de todas las víctimas, independientemente de sus sensibilidades, en una época de divisiones y enfrentamientos. Creo que no desbarro si concluyo estos elogios con la más grande de las loas que podría esperar un buen hombre: todas las víctimas quieren a Cayetano González. Pregunten y verán.

Publicado en Alba el 11 de marzo de 2011

viernes, 4 de marzo de 2011

Dieter Brandau, contra La Noria mediática


Nacido en 1975, Dieter Brandau es probablemente uno de los benjamines del periodismo español con más futuro. No creo que haya muchos presentadores de informativos políticos con 35 años y con una trayectoria que ya se puede considerar dilatada. Reza el dicho que a la fuerza ahorcan, y Brandau puede dar fe de ello. Siendo un chaval de 24 años entró en Libertad Digital, sin saber gran cosa de periodismo, según confiesa él mismo. Saltó a la plaza sin apenas saber lo que era un toro, y hoy es ya uno de los maestros. Por el camino ha pasado por todos los puestos imaginables; redactor de base, jefe de sección y redactor jefe de uno de los periódicos de internet de información política más potentes de España. Después director de informativos de la televisión Libertad Digital TV, y finalmente director de informativos de esRadio, del mismo grupo. Entre medias, diez años de trabajo vertiginoso y de aprendizaje a marchas forzadas. Y siempre con un norte, la independencia del poder político, la veracidad, y la nítida y previsible línea editorial, no sólo del medio, sino del propio Brandau.

Esta alabanza no es mera retórica. En un tiempo de tribulaciones, en el que la prensa enteramente libre, no adicta al poder político o económico, es un preciado y codiciado bien para quienes creemos en el pluralismo y en la libertad, encontrar periodistas como Brandau es una razón para tener esperanza. Eso no significa que el periodista en cuestión no tenga principios o no se case con nadie; los tiene y bien firmes, y se casa con aquel o aquellos que defiendan los mismos principios, pero únicamente mientras los defiendan. Por eso es fácil ver un informativo de Brandau repartiendo a diestro y siniestro sin entrar en contradicción con él mismo, algo raro en el panorama mediático español en el que tantos periodistas y grupos de comunicación se alinean con el que manda, o con el que va a mandar, a modo de inversión de futuro. Y rara avis en un panorama en el que vemos a demasiados periodistas, —convertidos en esbirros de los políticos—, cambiando de opinión a la misma velocidad que lo hace el político de turno, para no dañar la rentabilidad de su inversión.

Ese servilismo mediático nada tiene que ver con la lealtad. Porque un buen periodista puede y debe tener lealtades y fidelidades, claro que sí: Lealtad y fidelidad a las propias convicciones, a las que no se traiciona. Dieter Brandau las tiene y viene manteniendo el respeto hacia sí mismo desde hace más de diez años. Las libertades individuales de los españoles, la unidad de la Nación Española, y la memoria y la justicia para las víctimas del terrorismo son el norte y el sur de este joven comunicador y excelente tipo. Si uno, además de por convicciones, es acompañado por la facilidad comunicadora, por una buena presencia, y por una mirada carente de toda doblez, lo tiene todo para merecer el respeto de todos, aunque no logre la atención que es la que permite triunfar en el circo del periodismo español.

Hace poco leía una entrevista en la le preguntaban al joven Brandau: “¿Qué noticia le gustaría dar en sus informativos?”. Antes de leer la respuesta ya pude imaginarla: “Que ETA ha desaparecido, pero porque ha sido derrotada. Que hay vencedores y vencidos, y que los vencedores son María Jesús González, Irene Villa y todas las víctimas. Y los vencidos De Juana Chaos, Txapote, Txeroki y compañía”. Brandau gustará más o menos, pero nunca decepciona.

He sido testigo durante muchos años, creo que como pocos, del compromiso e interés de Dieter Brandau con el sufrimiento de las víctimas del terrorismo separatista. En los peores años del terrorismo para los de mi generación, Brandau estaba ahí, siempre. Es cierto que entonces estaban todos, cuando la cuestión vasca era motivo de apertura de todos los informativos nacionales. Pero ahora que las víctimas se han convertido en un lastre, en una molestia, en una china en el zapato para tantos, Dieter Brandau sigue ahí con otro puñado de leales. Muchos de los otros ya se han ido, y ahora, a partes iguales se dedican al servilismo o a los sucesos.

Con Brandau no dan ganas de apagar la televisión. Al contrario, uno se alimenta de esa dosis diaria de inteligencia, de fina ironía, e información veraz con opinión previsible. Frente a la noria mediática, Brandau sigue ahí, quieto, previsible: “No sé trabajar de otra manera, no se contar las cosas de otra manera, no sé ver la vida de otra manera”. Y que nunca lo sepas.

Publicado en Alba el 4 de Marzo de 2011.

viernes, 18 de febrero de 2011

Juan de Dios, y de España. Un Dávila


Juan de Dios Dávila Garijo tiene cara de niño grande. Su aspecto risueño y campechano no permite atisbar tras de sí una vida difícil y marcada por un trágico golpe. Tampoco imagina uno escondida detrás de esa sonrisa sincera y tranquila el heroísmo que corre por sus venas, herencia indudable del heroísmo que corrió por las venas de los suyos.


El 21 de junio de 1993, su hermano, el Teniente Coronel del Ejército de Tierra, Fidel Dávila Garijo, fue asesinado en un devastador atentado junto a otros cinco compañeros y el conductor. A las 8:16 un criminal etarra activó una potente bomba al paso de la furgoneta militar que transportaba a Fidel y a los tros cinco militares. La Glorieta López de Hoyos, esquina con la calle Joaquín Costa, se convirtió en un infierno de humo y llamas en el que otros cuarenta ciudadanos resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad. Juan de Dios contaba con 24 años cuando perdió a su hermano de 46, alto mando del ejército, al que a buen seguro admiraba.


Como admiraba a su padre y a su abuelo, ambos militares, al igual que varios de sus tíos. Su padre D. Fidel Dávila Jalón llego a General de Brigada honorífico, y luchó en la División Azul, sobreviviendo y regresando junto a otros siete hombres de una compañía arrasada y diezmada en la que había más de doscientos miembros. Su abuelo D. Fidel Dávila Arrondo, veterano de las guerras de Cuba y Marruecos, se retiró en 1931 cuando iba a ser ascendido por el Gobierno de la Segunda República, para no tener que jurar lealtad a la misma, y regresó en 1936 llegando a ser Jefe del Ejército del Norte durante la Guerra Civil, y finalmente Capitán General del Ejército a título póstumo.


La ascendencia militar le viene a Juan de Dios por todas partes, y de lejos. No hay seguido esa senda, pero le han quedado grabados a fuego en su carácter y en sus sentimientos, el amor a España, la rectitud y la honradez. Ya decía el gran Calderón de la Barca que «la milicia no es más que una religión de hombres honrados».


Supongo que no imaginaba el General Dávila cuando se le otorgó la Medalla de sufrimientos por la Patria, que aun habría de sufrir más, y que su hijo Fidel acabaría siendo víctima mortal del terror separatista. Ni imaginaba, por supuesto, que después de fallecer el mismo en 2002, otro hijo suyo, esta vez Juan de Dios, acabaría enrolándose en otra suerte de milicia siendo elegido nada más y nada menos que concejal del PP en la difícil plaza de Hernani entre 2003 y 2007.


Cuando conocí a Juan de Dios me pareció un personaje de otro mundo. Andaba a caballo entre su casa de Madrid, su trabajo en Noruega y su concejalía en Hernani. No sé qué pensaría él de mis andanzas pero a mí las suyas me resultaban casi novelescas. Un día le salí al camino en Álava, cuando se dirigía a Guipúzcoa, y de las alforjas se sacó un regalo que conservo con cariño: la España inteligible, del maestro Julián Marías.


La preocupación por España, y la militancia patriótica, nos ha vuelto a unir después, y —curiosamente—, ambos hemos fundado y presidimos dos fundaciones hermanas por sus objetivos; la Fundación Unidad y Diversidad él, y la Fundación pra la Defensa de la Nación Española yo. Ciertamente merece una reflexión el hecho de que aquellos que hemos sufrido de una manera o de otra el acoso o el zarpazo del terrorismo separatista nos hayamos comprometido y conjurado en defensa de España de una manera tan significada y activa. Sin duda, los terroristas nos han ayudado a discernir lo esencial de lo importante.


El otro día tuve el honor de poder compartir escenario ante miles de personas junto a Juan de Dios y otras víctimas de ETA tras una impresionante manifestación contra la claudicación de España. Y tras escucharle no he podido resistirme a escribir estas líneas en homenaje a este gran patriota y mejor persona que lleva el nombre de Juan de Dios y al que yo me atrevo a rebautizar: Juan de Dios, —y de España—, y Jua sin miedo. Un Dávila. Un español.


Publicado en Alba el 18 de Febrero de 2011

viernes, 4 de febrero de 2011

Salvador Ulayar, Echarri es España


Todos los asesinos son asesinos pero no todos los asesinos son iguales. La crueldad también tiene grados. No hace falta la misma dosis de fanatismo y la misma dosis de sangre fría para activar una bomba a distancia sin ver de cerca el dolor que se ocasiona, que para arrancarle la vida a un hombre ante los ojos atónitos de su hijo. Y lo mismo vale para las víctimas que éstos provocan. Todas las víctimas son víctimas y todas merecen nuestro respeto, pero no todas las víctimas son iguales. Así lo deciden los asesinos. No es lo mismo sufrir la amputación de un dedo a causa de la bomba que te afecto al pasar por el lugar inadecuado en el momento inoportuno, que haber visto en la edad de la máxima inocencia como un sicario descerraja varios tiros a tu propio padre hasta dejarlo tendido a tus pies. Por eso Salvador Ulayar, —el hijo de Jesús Ulayar, asesinado por Vicente Nazabal—, no es una víctima cualquiera. Salvador es más victima que nadie, merece más respeto que nadie y tiene más derechos que nadie a sostener lo que le venga en gana.

Pero Salvador no ejerce de poseedor de esos derechos. Al contrario. Soy testigo de que es mejor que la mayoría y más generoso que nadie. El aciago día de 27 de enero de 1979 el criminal etarra Vicente Nazabal asesinó al ex alcalde de Echarri- Aranaz en la puerta de su casa, cuando este entraba con su hijo Salvador. No le tembló el pulso al asesino Nazabal para dejar viuda y varios huérfanos y para hacer ver a un niño la cruel muerte de su padre. Salvador Ulayar, su madre, sus hermanos, y por supuesto su padre, son las víctimas de la bestia inhumana y psicopática al servicio del separatismo que representa Vicente Nazabal, pero Salvador y su familia han sido doblemente victimizados porque el culpable fue declarado hijo predilecto del pueblo del que Jesús Ulayar había sido alcalde y buen alcalde. El cruel Nazabal, no contento con recoger sus galones de héroe del populacho separatista y terrorista y sin demostrar arrepentimiento alguno, —apadrinado por el supuesto demócrata Patxi Zabaleta—, se ha permitido el lujo de importunar a la familia Ulayar insultándoles en un supermercado mientras realizaba gestos obscenos.

Con una historia así los sentimientos de venganza , de odio, de rencor y de amargura, son, no solo lógicos sino respetables, pero nunca he visto a Salvador carcomido por ninguno de esos sentimientos a pesar del sufrimiento inmenso que se le ha hecho padecer a lo largo de su vida. Fui testigo de cómo Salvador Ulayar pronunciaba unas palabras sobrecogedoras en la IV Escuela de la Fundacion DENAES. Allí, ante la admiración y la sorpresa general, dijo que, si a él le pidieran perdón, él perdonaría. Es probablemente, y desde una perspectiva religiosa, el modo más perfecto de ser consecuente en grado extremo con el “perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden” . Dos milenios llevamos rezando la misma letanía sin lograrlo, por eso Salvador no me parece de este mundo, y por eso creo que es una de las mejores y más bondadosas personas que he conocido.

Pero esa disposición para el perdón, nunca solicitado, no hace de Salvador Ulayar una víctima meliflua, que solo piense en la indemnización. Salvador es una víctima comprometida porque sabe muy bien el motivo por el Vicente Nazabal mato a su padre. Vicente Nazabal quería matar a España. Jesus Ulayar ya está muerto pero España no, todavía no. Por eso Salvador Ulayar tiene esperanza , tiene dignidad , tiene coraje y sabe cuál es el mejor modo de defender la de su padre, de defender nuestra dignidad y de hacer justicia: conseguir que nuestra patria salga victoriosa sobre el terror separatista y que Echarri-Aranaz nunca deje de ser tierra española.

Por eso yo estaré el día cinco a las cinco junto al hijo de Jesús Ulayar, en las calles de Madrid, clamando contra cualquier negociación con terroristas y defendiendo la dignidad y la unidad de nuestra nación.

Publicado en Alba el 4 de febrero de 2011.