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jueves, 10 de noviembre de 2011

Rogelio Alonso, con nuestros caídos



Coincidimos en la cena del V aniversario de la Fundación DENAES, al que habían asistido numerosas víctimas del terrorismo. Le había saludado y felicitado hacia unos meses por el magnífico libro Vidas rotas, del que era coautor junto a Marcos García Rey y Florencio Domínguez, este último uno de los mejores conocedores de la organización terrorista ETA y uno de los hombres mejor informados de España sobre todo lo relativo a la banda.
Me alegró verle allí. Inmediatamente me dispuse a presentarle a algunas personas: “Rogelio Alonso, el hombre que ha escrito el libro más importante sobre ETA”, dije a varios de los presentes cada vez que le presentaba. Rogelio, entre tímido y agradecido, negaba con la cabeza y decía: “¡Qué va!”. No era falsa modestia. Muy probablemente él no crea haber escrito el libro más importante y decisivo sobre la banda criminal. Pero a mi, su negativa reiterada a tal reconocimiento, me hizo reflexionar. ¿Era el libro de Rogelio Alonso el más importante sobre la historia de la banda? Me volví a responder afirmativamente. Lo era. Probablemente no era la obra en la que mejor se desentrañaban las interioridades de la mafia etarra, ni en la que mejor se explicaban su organigrama y sus diferentes estrategias durante estas cuatro décadas de terror. Pero el libro refleja lo esencial de la banda como ningún texto lo había hecho antes, representando un documento excepcional no conocido hasta que Rogelio Alonso y compañía se pusieron manos a la obra.
Porque la historia de la ETA no es sino la historia de sus víctimas. Eso es lo único que en verdad importa de la organización mafiosa: que no olvidemos los muertos provocados ni los objetivos totalitarios y secesionistas que han animado tantos crímenes. Vidas rotas, en mil trescientas páginas, es el primer gran compendio de todas las víctimas del terrorismo, del casi un millar de muertos provocados, con una breve historia de quiénes fueron y cómo murieron a manos del terror etarra.
Es justo reconocer el esfuerzo no solo científico, sino patriótico de los autores a la hora de acometer tan vasta tarea, un esfuerzo realizado en favor de la sociedad y de la memoria de la misma. Al final, los autores han puesto el acento en lo esencial, en nuestros caídos, en nuestros inocentes -todos ellos- ante la sinrazón de los medios y los fines terroristas.
Pero más que de los autores, yo quiero volver de nuevo al autor; Rogelio Alonso, profesor titular de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos. Siempre me ha sorprendido el conocimiento, pero más aún el compromiso de este profesor con aspecto de estudiante. Parece un chaval. Creo que siempre ha puesto su formación y sus investigaciones al servicio de la sociedad española, dedicándose a estudios absolutamente útiles para la vida colectiva de una nación. Querían comparar el País Vasco con Irlanda para justificar una negociación entre bandos y Rogelio Alonso se convirtió en el mayor experto español sobre el caso irlandés, derribando sin piedad cualquier paralelismo. El yihadismo atacó al mundo occidental, y Alonso volvió a zambullirse en ese otro terrorismo. También ante el reciente comunicado etarra fue de los pocos que no se dejó embaucar. Y afirmó con rotundidad que se trataba de un alivio, pero que ETA seguía siendo una amenaza, y mientras no se disolviera no se podía subestimar su capacidad terrorista. En el futuro, la perpetuación de la memoria de las víctimas de la ETA, será en gran medida obra suya. “Un monumento hecho con palabras” en expresión de Maite Pagazaurtundua. Porque Vidas rotas es una contribución a la memoria, pero también a que los terroristas no consigan romper la vida colectiva, en libertad y democracia, de la Nación española, que tiene en Rogelio Alonso a uno de sus mejores hijos.

domingo, 21 de agosto de 2011

María Jesús González, pundonor y alegría

Quizá el nombre de María Jesús González no les diga nada a la mayoría de ustedes. En cambio, si me refiero a la madre de Irene Villa casi todos caerán inmediatamente en la cuenta de quién se trata. Hay muchas veces que a los padres se les conoce solo por la trascendencia de sus vástagos, lo que no les resta mérito alguno. Al contrario, alguna culpa tendrán en los logros alcanzados por sus hijos, en las cimas que conquistan o en las virtudes que les engalanan. He comprobado que en el caso de María Jesús e Irene, dos mujeres absolutamente extraordinarias, es exactamente así.

En realidad, a ningún español nos habría gustado conocer a María Jesús y a su hija. Desde luego, no conocerlas como las conocimos, como nos hicieron conocerlas. Habríamos preferido que continuase su anónima y plácida existencia con las complicaciones y las alegrías propias del común de los mortales. Pero los asesinos no quisieron, y las eligieron a ellas para atacarnos a todos nosotros. El 17 de octubre de 1991 los terroristas colocaron una bomba adosada a los bajos del vehículo conducido por María Jesús, que era funcionaria en la Dirección General de la Policía. Llevaba al colegio a su hija Irene, de 12 años., pero ese día no llegaron. El artefacto etarra estalló y provocó gravísimas heridas a ambas. La niña perdió las piernas, y la madre, un brazo y una pierna. Pero ninguna de ellas, —y esto lo hemos comprobado con el tiempo quienes hemos tenido la fortuna de conocerlas personalmente—, han perdido la alegría y la sonrisa sincera. Ni el pundonor y la capacidad de lucha que hasta ese momento habían mantenido probablemente oculto y larvado, y que les ha ayudado a salir adelante con total entereza y dignidad.

Muchas son las víctimas del terrorismo que comprensiblemente hastiadas, o en búsqueda de la placidez robada, persiguen el alejamiento de una realidad social tan despiadada e insolidaria. Pero María Jesús nunca optó por ese camino, sino por el de la lucha, la superación, el compromiso y la exigencia de memoria y justicia. Su vinculación durante tantos años con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, y actualmente con Voces Contra el Terrorismo, atestiguan y dan fe de su entrega absoluta, —a una causa común a todos los españoles decentes—, después de haber entregado y perdido muchísimo más que la mayoría. Su presencia y entereza en los medios de comunicación, su determinación y su claridad han sido proverbiales. ¿Cómo no iba a ser la niña Irene con los años una mujer excepcional? ¿Cómo no serlo con esa madre coraje? ¿Cómo no seguir ese ejemplo tan emocionante?

María Jesús ha peleado todos los días desde aquel fatídico día, ha pedido justicia, y ha luchado contra las secuelas y las cicatrices. La superación física que nos ha mostrado María Jesús es un ejemplo de pundonor y de alegría, y es una lección para todos nosotros para los que la vida es un poco más sencilla. Sin lamentos, sin queja, siempre con una sonrisa, María Jesús ha sido un faro para su hija, que ha sabido aprovechar esa lección, sin permitirse la amargura, exigiéndose sacrificio, y demostrándonos una felicidad que hace saltar las lágrimas.

Nuestra amiga María Jesús ha criado un ser maravilloso en mitad de todas las dificultades imaginables, contra pronóstico, e Irene ha respondió a tanto amor. Hoy es una deportista de élite que ha obtenido grandes logros en el deporte paralímpico. En ese campo, compite con gente con sus mismas o parecidas dificultades. Pero en el campo de la superación vital nos da mil vueltas a todos, también a los que lo tenemos todo más fácil.

Parece que criar una hija así, con tanto éxito, habría de quitarle a alguien todo el tiempo, absorbiéndole por completo. María Jesús González aun tiene tiempo para todos nosotros. Hace unas semanas me la encontré en la mítica cafetería Riofrío de Madrid. Allí estábamos un grupo de conjurados que acudíamos al Tribunal Supremo a querellarnos contra los seis traidores del Tribunal Constitucional que legalizaron a la organización terrorista ETA en las elecciones municipales. María Jesús no lo dudó y se embarcó en el lío acompañándonos a interponer la querella. Aun tenía tiempo para España. No sé si la Patria la merece.







Publicado en Alba.

viernes, 10 de junio de 2011

Desprotegidos

Después de vivir con guardaespaldas desde el 1 de diciembre de 1999 de manera ininterrumpida, el otro día recibí una fria llamada que me comunicaba, sin ninguna explicación, que a partir del 1 de julio de 2011 se me retirará la protección de escoltas. A causa de ello, firmo este breve artículo que precipitadamente me ha pedido LA RAZÓN.

¿QUIÉN SERÁ EL RESPONSABLE?

Buena justificación han encontrado para disminuirnos o retirarnos la protección a los cargos o ex cargos públicos "constitucionalistas" del País Vasco. Los otrora manoseados "héroes" vascos son ahora postergados, y su seguridad cuestionada en aras de una falsaria contención del gasto público. No se tocará para nada ese estado de bienestar de los partidos políticos que representa el Estado Autonómico, ni se cuestionarán los multimillonarios ingresos de Bildu-ETA. En cambio, dejarán desprotegidos a aquellos que son o fueron la avanzadilla o la última resistencia de España en el País Vasco. Cuestión de prioridades.

Cuando hace 12 años nos comunicaron que debíamos ser protegidos, en formales y serias reuniones, aquellos que querían renunciar a la escolta eran obligados a firmar un documento asumiendo la responsabilidad, para que la del político quedara inmaculada, justamente y con razón. Para que las manos y la conciencia del responsable político estuviesen limpias. Ahora, una simple y fría llamada de teléfono del último funcionario de una oficina nos anuncia que ya no seremos protegidos, sin indicarnos ni las razones, ni la evolución de nuestra situación de riesgo. Aquellos que no deseamos renunciar a la protección de nuestras vidas —y no a un coche en el que no solemos entrar porque conducen tras del nuestro—, ahora, no recibimos ningún documento de quien se haga responsable de la decisión tomada, como paradojicamente en su día exigían a quienes renunciaban a la escolta. Que no mientan. El riesgo, que no es solo un tiro por las espalda o una bomba debajo del coche, sigue ahí. Una paliza por la calle, o la primera víctima después de una "tregua". Demasiados casos ha habido. ¿Quién será ahora el responsable de los futuros sucesos facilitados por las decisiones políticas de hoy? Que los de la conciencia sucia y las manos limpias no vengan a las pompas fúnebres ni llamen a los apaleados. Absténgase el ministro, el consejero o el traidor de turno.

SANTIAGO ABASCAL CONDE

Presidente de la Fundación DENAES, para la Defensa de la Nación Española.

Ex concejal del Ayuntamiento de Llodio

Ex juntero de las Juntas Generales de Álava

Ex diputado del Parlamento Vasco

Ex presidente de NNGG del PP del País Vasco

viernes, 20 de mayo de 2011

Carlos Cuesta, en el plató y en la acera

La buena gente le quiere. Las señoras le adoran. Es lo que tiene la tele. Más aún cuando ésta se mezcla con un compromiso civil inequívoco. Carlos Cuesta, el presentador de La Vuelta al Mundo en Veo 7 no ha dejado de estar en una sola de las manifestaciones convocadas por las víctimas del terrorismo en los últimos años. Y allí los hombres le llaman, y las señoras le reclaman, le besan y le achuchan. Es el agradecimiento normal y el cariño sincero que se le profesa en justa correspondencia al compromiso indudable y a la vehemencia con la que defiende la causa de las víctimas del terrorismo, y el modo valiente y desacomplejado en el que arremete contra los que las han traicionado. Se puede decir que, en gran medida, ha puesto su programa al servicio de las víctimas de la ETA. Y siempre encuentra un hueco para que estás tengan voz, puedan ser escuchadas por la audiencia, y los españoles puedan sensibilizarse más con ellas.


Carlos Cuesta, que ejerce de periodista, pero cuya formación y cultura es mucho más amplia, es un hombre muy joven, desconocido en el panorama mediático hasta hace poco tiempo, y hace gala de la independencia partidaria que han perdido tantos periodistas. No es neutral, defiende lo que cree, pero no se arrima al buen árbol, ni hace de vocero de nadie, ni interpreta dosieres repartidos en Génova o en Ferraz. Es un español libre y un ciudadano consciente que exhibe un discurso patriótico en cualquier tema que aborde: víctimas del terrorismo, crisis económica, o crisis territorial. Ahí surge siempre su enfoque patriótico, tendente a defender el interés común, el proyecto común, la causa y la casa común. De pocos periodistas puede hoy decirse eso. Parece que el periodista se ha convertido en un adosado del político y demasiadas veces hablan como simples guiñoles en lugar de como informadores independientes con ideas propias. Claro que Carlos Cuesta no es uno de éstos.



Ha acertado Pedro J. Ramírez con este timonel para su vuelta al mundo, porque, respetando ampliamente la pluralidad mínima exigible a un programa de debate e invitando a algunos de esos que reproducen consignas, no se convierte en mero árbitro y espectador. Insisto; no es, ni mucho menos, neutral. No es partidista pero toma partido. Se moja, se compromete. Es claro y directo. Es audaz. Por eso triunfa y por eso gusta a la gente, que está hasta el gorro de paniaguados y charlatanes. Esa autenticiad de Carlos Cuesta se reconoce en las calles, y se jalea y aplaude. Yo, y muchos, lo hemos podido constatar en las últimas movilizaciones cívicas. En ellas es uno de los personajes más aclamados. Cierto que hay otros muchos comunicadores muy queridos pero no suelen dejarse ver en estos tumultos. Carlos Cuesta, en cambio, está en el plató y en la acera. Y como no es lo mismo predicar que dar trigo, él defiende su verdad con la palabra y con su presencia física en las manifestaciones. Vamos, que predica con el ejemplo.



Siempre me ha llamado la atención el fenómeno de masas que representan algunos periodistas o medios de comunicación. Son aclamados en la calle como cantantes deseados o políticos admirados -rara avis estos últimos, cada vez más- y eso le ocurra a Cuesta, que lejos de cualquier divismo se mezcla con su gente, y vuelve, —supongo—, con ánimos renovados a defender desde la tele, la radio y la prensa escrita la unidad de la nación española y la libertad y la vida de los españoles, dándonos algo de esperanza a todos nosotros.



Ojalá en el barco de esa Vuelta al Mundo, o en el del Gato al Agua, o en el de Debates en Libertad haya cada vez más españoles, que naveguen con un rumbo cierto y preciso; y se alejen de las norias y tiovivos que sólo buscan volver sobre lo mismo, enzarzarse en lo de siempre, enfrentar a media España con otra media, y no aportar jamás una solución para el futuro de España. Esperemos que Carlos Cuesta triunfe en su empeño. Será un triunfo para todos nosotros, para toda España.




Publicado en Alba el 20 de Mayo de 2011.

viernes, 11 de marzo de 2011

Cayetano González, siempre con las víctimas




Permítanme que afirme, reinventando la frase de Berthold Brech, que “hay periodistas que están un día con las víctimas y son buenos, hay quienes están muchos años y son muy buenos, pero los hay que están con las víctimas toda la vida. Esos son los imprescindibles”. Sin temor a exagerar, se puede afirmar que Cayetano González Hermosilla es una de esas personas. Cierto es que muchos son los periodistas que se han comprometido con las víctimas del terrorismo etarra o con las víctimas del 11 de marzo, pero se cuentan con los dedos de una mano los que lo han hecho con la intensidad, el cariño y el conocimiento de causa que lo ha hecho Cayetano González.

No en vano, Cayetano González tuvo responsabilidades de comunicación en el ministerio del Interior, en calidad de director de comunicación del primer ministro del ramo que acabó con toda suerte de atajos en la lucha antiterrorista, Jaime Mayor Oreja. Precisamente fue durante su mandato como ministro cuando las víctimas del terrorismo fueron realmente acompañadas, puestas en el centro de la acción política, y la comunicación del Gobierno y del ministerio respecto del terrorismo etarra tuvo importantes consecuencias más allá de las fronteras españolas, y muchos medios de comunicación internacionales colocaron sus focos de atención sobre la situación de las víctimas del separatismo criminal en España. Es obvio que este no es mérito exclusivo del jefe de prensa de un ministerio, pero es innegable que Cayetano González fue parte de esa gran obra del gobierno de España en la batalla contraterrorista.

Mucho y muy doloroso fue el sufrimiento que este periodista honesto tuvo que ver, compartir y padecer al lado de un ministro como Mayor Oreja que, durante su mandato, hubo de asistir al funeral de bastantes compañeros de partido y de otros muchos ciudadanos, y que padeció durante esos años las traumáticas acciones del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, previo horrendo e inasumible chantaje, y el larguísimo secuestro de José Antonio Ortega Lara. Sin duda, con esos galones, Cayetano sabe lo que ha visto, sabe de lo que habla y sabe de lo que escribe.

Pero no empezó ahí el conocimiento de la cuestión del terrorismo nacionalista por parte de este leonés nacido en 1954. Durante 20 años, y hasta su entrada en el ministerio del Interior, trabajó en diversos medios de comunicación del País Vasco, y pudo vivir con toda su crudeza los peores años ochenta, en los que cada tres días la ETA asesinaba a una persona ante el ominoso silencio de la sociedad vasca, y la cobardía o complicidad de tantos de sus dirigentes políticos.

Con este bagaje es comprensible que este gran conocedor del terrorismo, amigo de sus víctimas, y bella persona, sea el director del Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo de la Fundación San Pablo-CEU, así como responsable de la organización de los Congresos Internacionales de Víctimas del Terrorismo que han tenido lugar en España desde 2004 con gigantescos éxitos de asistencia, participación y, ¡cómo no!, repercusión mediática. Es visible que Cayetano no es sólo un hombre sensible sino que sabe hacer su trabajo como muy pocos sabrían hacerlo.

No escribo a humo de pajas sobre el Cayetano periodista ni sobre el Cayetano ciudadano, sino como testigo privilegiado de su actividad laudable al menos desde 1996, cuando en compañía de Jaime Mayor Oreja nos visitaba en el País Vasco a los que estábamos en primera línea, y después como observador de su actividad en torno a los congresos internacionales e intervenciones en prensa, y siempre como compañero en la guerra del movimiento cívico, en la que siempre ha estado, y para la que nunca ha tenido un no. No ha habido manifestación de las víctimas en la que no fuera posible encontrar a Cayetano, ni acto medianamente importante sobre éstas en el que no estuviera, como el de este verano, cuando nos acompañó en la IV Escuela de Verano de la Fundación DENAES que abordaba el fin del terrorismo y donde, una vez más, demostró no solo su saber sensible, sino su capacidad para estar cerca de las víctimas, de todas las víctimas, independientemente de sus sensibilidades, en una época de divisiones y enfrentamientos. Creo que no desbarro si concluyo estos elogios con la más grande de las loas que podría esperar un buen hombre: todas las víctimas quieren a Cayetano González. Pregunten y verán.

Publicado en Alba el 11 de marzo de 2011

viernes, 4 de marzo de 2011

Dieter Brandau, contra La Noria mediática


Nacido en 1975, Dieter Brandau es probablemente uno de los benjamines del periodismo español con más futuro. No creo que haya muchos presentadores de informativos políticos con 35 años y con una trayectoria que ya se puede considerar dilatada. Reza el dicho que a la fuerza ahorcan, y Brandau puede dar fe de ello. Siendo un chaval de 24 años entró en Libertad Digital, sin saber gran cosa de periodismo, según confiesa él mismo. Saltó a la plaza sin apenas saber lo que era un toro, y hoy es ya uno de los maestros. Por el camino ha pasado por todos los puestos imaginables; redactor de base, jefe de sección y redactor jefe de uno de los periódicos de internet de información política más potentes de España. Después director de informativos de la televisión Libertad Digital TV, y finalmente director de informativos de esRadio, del mismo grupo. Entre medias, diez años de trabajo vertiginoso y de aprendizaje a marchas forzadas. Y siempre con un norte, la independencia del poder político, la veracidad, y la nítida y previsible línea editorial, no sólo del medio, sino del propio Brandau.

Esta alabanza no es mera retórica. En un tiempo de tribulaciones, en el que la prensa enteramente libre, no adicta al poder político o económico, es un preciado y codiciado bien para quienes creemos en el pluralismo y en la libertad, encontrar periodistas como Brandau es una razón para tener esperanza. Eso no significa que el periodista en cuestión no tenga principios o no se case con nadie; los tiene y bien firmes, y se casa con aquel o aquellos que defiendan los mismos principios, pero únicamente mientras los defiendan. Por eso es fácil ver un informativo de Brandau repartiendo a diestro y siniestro sin entrar en contradicción con él mismo, algo raro en el panorama mediático español en el que tantos periodistas y grupos de comunicación se alinean con el que manda, o con el que va a mandar, a modo de inversión de futuro. Y rara avis en un panorama en el que vemos a demasiados periodistas, —convertidos en esbirros de los políticos—, cambiando de opinión a la misma velocidad que lo hace el político de turno, para no dañar la rentabilidad de su inversión.

Ese servilismo mediático nada tiene que ver con la lealtad. Porque un buen periodista puede y debe tener lealtades y fidelidades, claro que sí: Lealtad y fidelidad a las propias convicciones, a las que no se traiciona. Dieter Brandau las tiene y viene manteniendo el respeto hacia sí mismo desde hace más de diez años. Las libertades individuales de los españoles, la unidad de la Nación Española, y la memoria y la justicia para las víctimas del terrorismo son el norte y el sur de este joven comunicador y excelente tipo. Si uno, además de por convicciones, es acompañado por la facilidad comunicadora, por una buena presencia, y por una mirada carente de toda doblez, lo tiene todo para merecer el respeto de todos, aunque no logre la atención que es la que permite triunfar en el circo del periodismo español.

Hace poco leía una entrevista en la le preguntaban al joven Brandau: “¿Qué noticia le gustaría dar en sus informativos?”. Antes de leer la respuesta ya pude imaginarla: “Que ETA ha desaparecido, pero porque ha sido derrotada. Que hay vencedores y vencidos, y que los vencedores son María Jesús González, Irene Villa y todas las víctimas. Y los vencidos De Juana Chaos, Txapote, Txeroki y compañía”. Brandau gustará más o menos, pero nunca decepciona.

He sido testigo durante muchos años, creo que como pocos, del compromiso e interés de Dieter Brandau con el sufrimiento de las víctimas del terrorismo separatista. En los peores años del terrorismo para los de mi generación, Brandau estaba ahí, siempre. Es cierto que entonces estaban todos, cuando la cuestión vasca era motivo de apertura de todos los informativos nacionales. Pero ahora que las víctimas se han convertido en un lastre, en una molestia, en una china en el zapato para tantos, Dieter Brandau sigue ahí con otro puñado de leales. Muchos de los otros ya se han ido, y ahora, a partes iguales se dedican al servilismo o a los sucesos.

Con Brandau no dan ganas de apagar la televisión. Al contrario, uno se alimenta de esa dosis diaria de inteligencia, de fina ironía, e información veraz con opinión previsible. Frente a la noria mediática, Brandau sigue ahí, quieto, previsible: “No sé trabajar de otra manera, no se contar las cosas de otra manera, no sé ver la vida de otra manera”. Y que nunca lo sepas.

Publicado en Alba el 4 de Marzo de 2011.

viernes, 18 de febrero de 2011

Juan de Dios, y de España. Un Dávila


Juan de Dios Dávila Garijo tiene cara de niño grande. Su aspecto risueño y campechano no permite atisbar tras de sí una vida difícil y marcada por un trágico golpe. Tampoco imagina uno escondida detrás de esa sonrisa sincera y tranquila el heroísmo que corre por sus venas, herencia indudable del heroísmo que corrió por las venas de los suyos.


El 21 de junio de 1993, su hermano, el Teniente Coronel del Ejército de Tierra, Fidel Dávila Garijo, fue asesinado en un devastador atentado junto a otros cinco compañeros y el conductor. A las 8:16 un criminal etarra activó una potente bomba al paso de la furgoneta militar que transportaba a Fidel y a los tros cinco militares. La Glorieta López de Hoyos, esquina con la calle Joaquín Costa, se convirtió en un infierno de humo y llamas en el que otros cuarenta ciudadanos resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad. Juan de Dios contaba con 24 años cuando perdió a su hermano de 46, alto mando del ejército, al que a buen seguro admiraba.


Como admiraba a su padre y a su abuelo, ambos militares, al igual que varios de sus tíos. Su padre D. Fidel Dávila Jalón llego a General de Brigada honorífico, y luchó en la División Azul, sobreviviendo y regresando junto a otros siete hombres de una compañía arrasada y diezmada en la que había más de doscientos miembros. Su abuelo D. Fidel Dávila Arrondo, veterano de las guerras de Cuba y Marruecos, se retiró en 1931 cuando iba a ser ascendido por el Gobierno de la Segunda República, para no tener que jurar lealtad a la misma, y regresó en 1936 llegando a ser Jefe del Ejército del Norte durante la Guerra Civil, y finalmente Capitán General del Ejército a título póstumo.


La ascendencia militar le viene a Juan de Dios por todas partes, y de lejos. No hay seguido esa senda, pero le han quedado grabados a fuego en su carácter y en sus sentimientos, el amor a España, la rectitud y la honradez. Ya decía el gran Calderón de la Barca que «la milicia no es más que una religión de hombres honrados».


Supongo que no imaginaba el General Dávila cuando se le otorgó la Medalla de sufrimientos por la Patria, que aun habría de sufrir más, y que su hijo Fidel acabaría siendo víctima mortal del terror separatista. Ni imaginaba, por supuesto, que después de fallecer el mismo en 2002, otro hijo suyo, esta vez Juan de Dios, acabaría enrolándose en otra suerte de milicia siendo elegido nada más y nada menos que concejal del PP en la difícil plaza de Hernani entre 2003 y 2007.


Cuando conocí a Juan de Dios me pareció un personaje de otro mundo. Andaba a caballo entre su casa de Madrid, su trabajo en Noruega y su concejalía en Hernani. No sé qué pensaría él de mis andanzas pero a mí las suyas me resultaban casi novelescas. Un día le salí al camino en Álava, cuando se dirigía a Guipúzcoa, y de las alforjas se sacó un regalo que conservo con cariño: la España inteligible, del maestro Julián Marías.


La preocupación por España, y la militancia patriótica, nos ha vuelto a unir después, y —curiosamente—, ambos hemos fundado y presidimos dos fundaciones hermanas por sus objetivos; la Fundación Unidad y Diversidad él, y la Fundación pra la Defensa de la Nación Española yo. Ciertamente merece una reflexión el hecho de que aquellos que hemos sufrido de una manera o de otra el acoso o el zarpazo del terrorismo separatista nos hayamos comprometido y conjurado en defensa de España de una manera tan significada y activa. Sin duda, los terroristas nos han ayudado a discernir lo esencial de lo importante.


El otro día tuve el honor de poder compartir escenario ante miles de personas junto a Juan de Dios y otras víctimas de ETA tras una impresionante manifestación contra la claudicación de España. Y tras escucharle no he podido resistirme a escribir estas líneas en homenaje a este gran patriota y mejor persona que lleva el nombre de Juan de Dios y al que yo me atrevo a rebautizar: Juan de Dios, —y de España—, y Jua sin miedo. Un Dávila. Un español.


Publicado en Alba el 18 de Febrero de 2011

viernes, 4 de febrero de 2011

Salvador Ulayar, Echarri es España


Todos los asesinos son asesinos pero no todos los asesinos son iguales. La crueldad también tiene grados. No hace falta la misma dosis de fanatismo y la misma dosis de sangre fría para activar una bomba a distancia sin ver de cerca el dolor que se ocasiona, que para arrancarle la vida a un hombre ante los ojos atónitos de su hijo. Y lo mismo vale para las víctimas que éstos provocan. Todas las víctimas son víctimas y todas merecen nuestro respeto, pero no todas las víctimas son iguales. Así lo deciden los asesinos. No es lo mismo sufrir la amputación de un dedo a causa de la bomba que te afecto al pasar por el lugar inadecuado en el momento inoportuno, que haber visto en la edad de la máxima inocencia como un sicario descerraja varios tiros a tu propio padre hasta dejarlo tendido a tus pies. Por eso Salvador Ulayar, —el hijo de Jesús Ulayar, asesinado por Vicente Nazabal—, no es una víctima cualquiera. Salvador es más victima que nadie, merece más respeto que nadie y tiene más derechos que nadie a sostener lo que le venga en gana.

Pero Salvador no ejerce de poseedor de esos derechos. Al contrario. Soy testigo de que es mejor que la mayoría y más generoso que nadie. El aciago día de 27 de enero de 1979 el criminal etarra Vicente Nazabal asesinó al ex alcalde de Echarri- Aranaz en la puerta de su casa, cuando este entraba con su hijo Salvador. No le tembló el pulso al asesino Nazabal para dejar viuda y varios huérfanos y para hacer ver a un niño la cruel muerte de su padre. Salvador Ulayar, su madre, sus hermanos, y por supuesto su padre, son las víctimas de la bestia inhumana y psicopática al servicio del separatismo que representa Vicente Nazabal, pero Salvador y su familia han sido doblemente victimizados porque el culpable fue declarado hijo predilecto del pueblo del que Jesús Ulayar había sido alcalde y buen alcalde. El cruel Nazabal, no contento con recoger sus galones de héroe del populacho separatista y terrorista y sin demostrar arrepentimiento alguno, —apadrinado por el supuesto demócrata Patxi Zabaleta—, se ha permitido el lujo de importunar a la familia Ulayar insultándoles en un supermercado mientras realizaba gestos obscenos.

Con una historia así los sentimientos de venganza , de odio, de rencor y de amargura, son, no solo lógicos sino respetables, pero nunca he visto a Salvador carcomido por ninguno de esos sentimientos a pesar del sufrimiento inmenso que se le ha hecho padecer a lo largo de su vida. Fui testigo de cómo Salvador Ulayar pronunciaba unas palabras sobrecogedoras en la IV Escuela de la Fundacion DENAES. Allí, ante la admiración y la sorpresa general, dijo que, si a él le pidieran perdón, él perdonaría. Es probablemente, y desde una perspectiva religiosa, el modo más perfecto de ser consecuente en grado extremo con el “perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden” . Dos milenios llevamos rezando la misma letanía sin lograrlo, por eso Salvador no me parece de este mundo, y por eso creo que es una de las mejores y más bondadosas personas que he conocido.

Pero esa disposición para el perdón, nunca solicitado, no hace de Salvador Ulayar una víctima meliflua, que solo piense en la indemnización. Salvador es una víctima comprometida porque sabe muy bien el motivo por el Vicente Nazabal mato a su padre. Vicente Nazabal quería matar a España. Jesus Ulayar ya está muerto pero España no, todavía no. Por eso Salvador Ulayar tiene esperanza , tiene dignidad , tiene coraje y sabe cuál es el mejor modo de defender la de su padre, de defender nuestra dignidad y de hacer justicia: conseguir que nuestra patria salga victoriosa sobre el terror separatista y que Echarri-Aranaz nunca deje de ser tierra española.

Por eso yo estaré el día cinco a las cinco junto al hijo de Jesús Ulayar, en las calles de Madrid, clamando contra cualquier negociación con terroristas y defendiendo la dignidad y la unidad de nuestra nación.

Publicado en Alba el 4 de febrero de 2011.