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miércoles, 10 de agosto de 2011

Carmelo Barrio, personificación de la lealtad

Conozco a Carmelo Barrio Baroja desde mi adolescencia. Él era en un jovencísimo político de Alianza Popular a finales de los años ochenta. En mi casa siempre se ha hablado bien de Carmelo Barrio y eso, como es comprensible, facilita un elogio de esas características. Cuando en 1989 la AP alavesa se partió en dos mitades con la escisión que constituyó la antinacionalista Unidad Alavesa, por lealtad, permaneció en el partido, a pesar de que probablemente su identificación con los escindidos era mayor que la que sentía por las filas políticas en las que permaneció y aún hoy permanece. Y así actuaron otros pocos como él, muy pocos, entre ellos mi padre, para los cuales la razón de fondo de ese antiguo sector del partido, no les habilitaba para provocar una ruptura tan grande. Los leales qua aguantaron en una AP alavesa que era un desguace conocían la importancia de la fortaleza y la unidad del centroderecha español en el País Vasco.

Sé que la lealtad al partido es una virtud discutible, pero creo que no lo es en este caso, no en las personas que consideran la política un instrumento para la defensa de unos principios. En Carmelo Barrio tenemos a un hombre para el que la política no ha sido otra cosa que un acto de servicio a Álava desde un moderado foralismo, al País Vasco y a la Nación Española. Por eso, sus actos de lealtad al partido y a las personas con las que ha trabajado codo con codo en la difícil e ingrata política vasca, no son sino actos de lealtad a España.

Carmelo Barrio ha vivido muchos de los peores momentos de la política vasca, que no han sido sino los mayores desafíos planteados a España desde el separatismo vasco, fuese éste el separatismo terrorista o fuese el separatismo no terrorista. Carmelo Barrio ha sido testigo privilegiado de la política vasca, de sus momentos más emocionantes y de los hechos más tristes como los asesinatos de tantos compañeros a los que ha tenido que velar o de tantas viudas a las que ha tenido que consolar como Secretario General del PP del País Vasco. Precisamente en ese puesto es donde, durante más de una década, ha exhibido su lealtad como hombre de confianza y mano derecha de Carlos Iturgaiz y María San Gil, dos de las personas que más han hecho por la unidad de España y por el fortalecimiento y ascenso del proyecto del centroderecha españolista en tierra vasca. Detrás de esas glorias ha estado Carmelo Barrio, todas las horas del día y muchas de las de la noche, atravesando el mapa vasco diariamente, sin protagonismos, chupándose todas las “guardias” que las sustituciones de los líderes le procuraban en fines de semana y épocas vacacionales. Y siempre sin rechistar, sin quejarse, y con la lealtad inquebrantable que demostró hasta el último momento —y aun hoy demuestra— con María San Gil.

He tenido la fortuna de ser compañero de Carmelo en el Parlamento Vasco durante varios años. Su generosidad con los demás parlamentarios del PP allí ha sido como la de nadie, su bondad también. Su valentía política en la tribuna, indiscutible. Su trabajo como parlamentario o como vicepresidente de la cámara, como el de nadie. Su gratitud, proverbial. Recuerdo el día que llevo una Proposición no de Ley para que el Parlamento Vasco agradeciese a la unidad de montaña de la Guardia Civil el rescate de tantos montañeros vascos accidentados en el pirineo, y los nacionalistas, una vez más, mostraron su peor y verdadera cara negándose a ningún tipo de reconocimiento a la Benemérita. Esta iniciativa es la demostración de que Carmelo es uno de esas personas que da importancia a los detalles, a las cosas pequeñas, que muchas veces son las del alma. Carmelo Barrio Baroja es una de esos compañeros a los que se echa de menos y cuya lealtad es muy difícil de corresponder y agradecer en sus justos términos. Pero mi conciencia queda tranquila al entender que esa lealtad al partido y a las personas que siempre nos ha demostrado Carmelo no es sino su modo de ser leal a unas ideas y a España, su forma de ejercer el patriotismo. Que la Patria se lo pague. Eso merece, y eso deseo al bueno de Carmelo.




Publicado en Alba.

viernes, 29 de julio de 2011

Manuel Abascal, elogio de un abuelo

Resulta difícil escribir sobre el propio abuelo, máxime cuando podría entenderse como licencioso hacerlo en estas páginas, dedicadas a glosar la figura de insignes o desconocidos patriotas españoles. Pero no hay licencia alguna. Es más, creo que he tardado demasiado en brindarle estas letras, y que el pudor de ser su nieto le ha hecho una injusticia, la de esperar más de lo debido este homenaje modesto, cariñoso, justo y merecido, ya que el homenajeado transita con salud camino de emular a su casi centenario padre, Santiago Abascal Canales, que falleció a las puertas de coronar un siglo de vida, con 99 flamantes años. Mi abuelo, Manuel Abascal Pardo, oriundo de la Montaña, se asomó a la vida el 7 de marzo de 1920 en la capital del mundo, que es como llaman a Arredondo los paisanos de la zona.

La guerra civil le llamó muy joven, ya en Vitoria, y le hizo recorrer media España como soldado del bando nacional en la parte final de la guerra y de la posguerra, padeciendo el hambre y la miseria, y siendo testigo del horror de aquella época. Por los pelos se libró de participar en pelotones de fusilamiento, y a punto estuvo de acabar en la División Azul. Por aquel entonces, la familia intentaba salir adelante recorriendo los caminos de Álava y Navarra, a lomos de unos mulos, vendiendo telas por los pueblos y caseríos. Allí, en uno de los permisos, conoció a Pilar Escuza Olabarrieta, una vasca auténtica, españolísima por lo tanto, a por la que no dudó en volver para casarse en 1946 en Oquendo, asentándose en Amurrio y estableciendo un negocio textil del que, aun hoy, vive gran parte de la familia.

Cuenta el abuelo que el gobernador civil le hizo alcalde (1963-1979), bajo amenaza de llevarle al calabozo. Y aunque entró a regañadientes no se hizo el remolón, procurando a la villa de Amurrio las conducciones que aun hoy permiten a los vecinos disfrutar del agua de las estribaciones del Gorbea, trayendo la industria con los actuales tres polígonos que emplean a miles de amurrianos y ayaleses, y construyendo las piscinas municipales, el frontón, y el campo de futbol de los que todavía gozan los vecinos. Me hace gracia oírle decir que él nunca hizo política. Entonces esbozó una leve sonrisa recordando la sarcástica frase de Franco invitando a hacer como él, no metiéndose en política. Pero el abuelo Manolo se defiende afirmando que el jamás benefició o perjudicó a nadie por ideas políticas. ¿Qué mejor tributo a la patria común que alejarse de las prácticas del sectarismo y del partidismo? Le creo a pies juntillas, no en vano, muchos de los concejales del PNV y Bildu en la actualidad tenían a sus ascendientes como concejales en la corporación que presidía mi abuelo, al que —paradojas de la vida— las Ikastolas de Álava reconocieron por su labor en favor de la lengua vasca como Diputado Foral de Promoción del Vascuence durante la dictadura.

Llegó la democracia y con ella el separatismo y el recrudecimiento del terrorismo. Y el abuelo Manolo tampoco se libró de este horror, siendo destinatario de las cartas de extorsión etarra, a las que nunca respondió. Jamás pagó. Ni huyó, a pesar del tajante “le buscaremos hasta ejecutarle” y a pesar de que en esos días, a escosas metros de su casa, la banda asesinaba a otros convecinos. Después la ETA trató en varias ocasiones de matar a su hijo, —mi padre—, y a su nieto, –yo mismo-, añadiendo a su existencia longeva losas de preocupación y pesar.

Firme como un junco, Manuel Abascal Pardo, ha permanecido en su tierra, en la parte de España en que quiso vivir, orgulloso, y nosotros orgullosos de él, engendrando a ocho hijos, rodeado de una veintena de nietos, disfrutando de biznietos que aun no saben la fortuna que tienen de conocer a este hombre excepcional. A sus 91 años, aun con el carné de conducir; devorando periódicos; calculando en euros como un adolescente; recientemente viudo tras 65 años de amor, entrega y compromiso; rodeado de todo el cariño, la honradez y el respeto que ha trasmitido, el abuelo Manolo aun pregunta, lo pregunta todo, como un hombre que siempre lo ha sido y lo es de su tiempo. Que Dios nos lo guarde muchos años.

Publicado en Alba.

viernes, 1 de julio de 2011

Luis Arranz, el patriota desconocido


Las guerras y los grandes cambios sociales han sido prolíficos en hombres buenos, valerosos, heroicos y decisivos; muchos de los cuales ha entrado en la historia por la puerta grande, con nombre y apellidos, ocupando páginas y páginas en los libros. Pero hay héroes anónimos, personas imprescindibles, destacadas y determinantes de las que nada sabemos, o tan sólo alguna de sus acciones individuales o colectivas, pero no su identidad. No en vano, muchos son los países que cuentan con un Monumento al Soldado Desconocido. Esta vez quiero traer aquí la semblanza de un hombre casi anónimo, participe de muchos sucesos de nuestra historia reciente, y al que, casi con seguridad, la posteridad conservará en el anonimato de los hombres desconocidos. En un afán de hacerle leve justicia les traigo aquí mi homenaje al patriota desconocido, Luis Arranz.

Este hombre humilde, de raigambre anarquista, castellano del Duero, de tez enrojecida como el vino y manos curtidas por el trabajo rural, anda haciendo la guerra por su cuenta por toda nuestra España, y se va de aquí para allá, bandera de España en mano, respondiendo a la llamada de las injusticias y evocando a su paisano burgalés, El Empecinado, quizá identificado con el origen humilde y rural de tan determinante patriota. Le conocí en las manifestaciones de víctimas del terrorismo hace unos años, y allí me dijo que era de los míos, de la primera hornada, de los que se alistaron en la Fundación DENAES a las primeras de cambio.

Tiempo después supe de él, inesperadamente. Los asesinos de ETA segaron la vida del guardia civil Juan Manuel Piñuel con un traicionero coche bomba colocado frente al cuartel de Benemérita de la antes llamada Villareal de Álava. Fui de los primeros en llegar al cuartel y ver tanta devastación. Al día siguiente se celebró el funeral en la Catedral Nueva de Vitoria en un ambiente de muchísima tensión e indignación. Llegó el momento de la Comunión y un hombre rompió el silencio a voz en grito: “Juan Manuel, has muerto por ser español en una tierra en la que ser español cuesta la vida”. Varios personas se acercaron a reducirle al pensar que se trataba de alguna persona alocada que estropearía la ceremonia en presencia de los Príncipes de Asturias, pero pudo continuar con voz potente: “ Gracias por tu sacrificio. Otros recogeremos tu antorcha”. El aplauso a las palabras del espontáneo fue atronador. Al girarme para ver de quién se trataba, pude ver con sorpresa al Empecinado del Duero, que se había desplazado por sus propios medios hasta allí desde muy lejos para asistir al funeral, y para expresar su patriótico palpitar. Al día siguiente el diario El Mundo elegía su titular principal de portada con las palabras del espontáneo, lo que me hizo reflexionar sobre la trascendencia de las acciones de un ciudadano comprometido. La historia la escriben los decididos.

He tenido la fortuna de conocer más a fondo a ese hombre altruista y entregado que Luis Arranz lleva dentro. Un hombre que regala y derrocha todo su tiempo libre en hacer favores a los demás, entre ellos al PP del Valle de Ayala, para el que hace de interventor en circunstancias muy difíciles en los últimos comicios que se vienen celebrando. Tiempo que también dona sin medida ni mesura a todas las causas defendibles con las que se ha comprometido en estos años, fundamentalmente la unidad de España, la defensa de la libertad, y la justicia para las víctimas del terror.

Pero el bueno de Luis, con el corazón de un León, repleto de idealismo, lleva dentro un reformista, un inconformista, y en la mitad de la vida, se ha entregado de lleno al movimiento 15-M en el que ha tratado de influir sin gran éxito, movimiento por el que se ha partido el pecho. Con toda su bondad y su inocencia inmaculada se acercó a una de las últimas manifestaciones, y se introdujo en la misma con su inseparable bandera nacional. Las imprecaciones que tuvo que oír le decepcionaron un tanto, pero no desalentaron a este hombre cabal, generoso y bueno. Con gente como Luis Arranz, España es un poco más España y, sin duda, un poco mejor.

Publicado en Alba el 1 de Julio de 2011.

viernes, 13 de mayo de 2011

Enrique Cabanas, vaya tropa


Detrás de las organizaciones, sean éstas civiles o políticas, se encuentran las personas más comprometidas, altruistas y determinantes. Las que actúan como voluntarios, y rara vez se ve su cara. No buscan beneficios personales, no quieren protagonismo, pero creen en un ideal, y luchan por este en el puesto que les corresponde, o en el lugar que se les asigna, o se dedican diligentemente a tapar todos los agujeros.

En la trastienda de la Fundación DENAES, organización civil y patriótica de voluntarios, contamos con numerosos hombres y mujeres cuya naturaleza es precisamente esa; servir, servir, y servir. Enrique Cabanas Burkhalter es uno de los mejores ejemplos de ese altruismo patriota que en los últimos años ha engrandecido a la Fundación para la Defensa de la Nación Española. Un comportamiento y una entrega como los que Enrique Cabanas acredita es condición indispensable para que triunfen las organizaciones sociales sin ánimo de lucro.

Pero lo de Enrique Cabanas no es sólo voluntarismo y buena disposición; ni siquiera es sólo generosidad y entrega; es mucho más: es que este hombre vale lo mismo para un roto que para un descosido, o como diría Galdós, vale igual para un fregado que para un barrido. Y digo esto porque al referirme a los que están detrás de las organizaciones y ocupan sus puestos sin rechistar, no quiero decir que no puedan estar al fente de las mismas. Todo lo contrario. Enrique Cabanas lo mismo te da buenos consejos que te apercibe por no tener algo en agenda; lo mismo da aliento y ánimo espoleándole a uno a la acción, que le sujeta con las riendas. Pero sobre todo, este chico para todo, -no tan chico-, que es Enrique Cabanas, siempre está, nunca falla, y jamás decepciona. Su versatilidad, y su capacidad, son envidiables. Y si tuviera una empresa no dudaría en ficharle. En DENAES tenemos la fortuna de contar con su trabajo voluntario siendo uno de los mejores de nuestra excelente tropa.

Tropa. Quizá no haya mejor palabra para referirse a alguien como Enrique Cabanas, hijo, nieto, biznieto, sobrino y hermano de militares. El patriotismo, el servicio y la disciplina los ha visto por todas partes. Ya en casa eran un poco tropa, ¿qué podía hacer su padre, un militar de la antigua usanza, con siete vástagos varones sino militarizar el hogar? Y se nota; en cómo es Enrique, un hombre con unas excelentes dotes para la sobrevivencia y para desenvolverse en situaciones de riesgo o crisis. Y con capacidad de mando, heredada y aprendida. ¿cómo se explica en casa contrario que lleve con pulso firme a su otra tropa? Cinco niños para esta época no es moco de pavo para un hombre joven. Pero claro, Reyes, la vasconavarra que tiene en casa alguna culpa debe tener. Que no se queden los Cabanas con todas las medallas, que ya tienen bastantes.

El otro día, tras la sentencia del TC, Enrique Cabanas promovió a través de las redes sociales, y el correo electrónico, una precipitada e imposible quedada frente al ignominioso tribunal, para protestar por la desesperanzadora vuelta de la ETA a los ayuntamientos tras la traición de seis miembros del tribunal. Nadie secundó la convocatoria, salvo su hermano, que le tomó una fotografía ante el TC, visiblemente irritado y con gestualidad elocuentísima. Enrique nos envió a todos la instantánea, que dejaba bien claro que Enrique Cabanas fue el único español que, al día siguiente de la sentencia, se manifestó frente al TC. El único, pero representando el hartazgo y el enfado de más de 25 millones de españoles que abominan de la ETA y de quienes les han relegalizado.

La tropa-prole de los Cabanas, en tropel o sola, pero sin tacha, ni ausencia ni tardanza, parece que siempre llega a todo, cuando se trata de defender lo de todos. A todo lo que sea estar con las víctimas y defender a España. Sin duda, esta patria nuestra, tan fértil en buenos vasallos y esteril en buenos señores, subsiste y subsistirá gracias a personas hechas de la pasta de Enrique Cabanas Burkhalter, uno de los siete hijos de Don. Santiago, el Coronel Cabanas, moldeados a su imagen y semejanza, en un ambiente de exigencia, maratones matutinos, camaradería , y versos de Calderón de la Barca.

Publicado en Alba el 13 de Mayo de 2011.

viernes, 29 de abril de 2011

Carlos Iturgaiz, sin arriar la bandera


Él tuvo que padecer la peor etapa del PP vasco, un partido cosido a balazos y combatido con bombas en aquella época en la que los funerales por los concejales asesinados eran demasiado habituales. Y lo hizo con valentía, con pasión y con radicalidad, pero también con temple, y eso es lo que más sorprende porque Carlos Iturgaiz asumió la presidencia del PP vasco cuando sólo tenía 31 años, y permaneció en el cargo los duros ocho años que coincidieron con el gobierno de José María Aznar, en los que el PP era el objetivo prioritario de los asesinos de la ETA.

Fue mi jefe directo durante un tiempo, ya que en sus últimos cuatro años de mandato yo presidía la organización juvenil del PP del País Vasco, que contaba con medio centenar de veinteañeros escoltados. En aquella época el tipo de actos que organizábamos eran cualquier cosa menos ortodoxos. No podía esperarse otra cosa de un grupo de chavales que bailaban con la muerte todos los días por un compromiso político con el PP y por una lealtad patriótica hacia España. A Iturgaiz le intentaron matar varias veces, y a bastantes de nosotros también. En algunos casos lo consiguieron. Pero nunca nos lograron doblegar ni amordazar, entre otras razones porque contábamos con un jefe de filas absolutamente desacomplejado que ni temía a la ETA ni respetaba al PNV. Venciendo a esos dos miedos tradicionales, que eran los amos y señores del País Vasco, los cachorros de Iturgaiz nos atrevíamos a salir a la calle, a manifestarnos frente a frente con los proetarras, a clausurar la calle y la estatua dedicadas a Sabino Arana en Bilbao, a ahorcar un muñeco ante la residencia oficial de Ibarretxe en una parodia sobre lo que el nacionalismo hacía con las víctimas del terrorismo y con los consensos constitucionales, o a editar unas pegatinas en las que se veía a Ibarretxe con camisa de fuerza bajo la leyenda “Juanjo I, Rey del Estado Libre Asociado de Euskadi”, y a otro montón de heterodoxas acciones sorpresa, incluso para el PP, y que Iturgaiz no desautorizaba e incluso aplaudía discretamente.

Sin duda Iturgaiz era un gran jefe; que dejaba hacer, que compartía protagonismos, que sabía abrazar a los suyos, que llamaba a las cosas por su nombre, que resistía toda presión –incluso las de la dirección nacional del PP en alguna ocasión-, y que además hizo despegar al PP vasco obteniendo los mejores resultados electorales que nunca tuvo el PP vasco tanto en las autonómicas de 1998 como en las de 2001, convirtiendo al PP en la segunda fuerza política en el País Vasco.

Justamente por eso la ETA quiso matarle insistente e infructuosamente y el PNV quiso desprestigiarle lanzando contra él todo tipo de ataques, dirigiéndole los peores insultos, haciendo mofa de su figura pública, y propagando los peores y más malignos rumores sobre su vida privada destinados a destruir su vida familiar ya que no podían amordazarle políticamente. Pero no consiguieron ni una cosa ni la otra.

Y es que Iturgaiz, con su manía de hablar alto y claro, con su juventud insultante, y con su dominio del eusquera, dejó fuera de juego a los nacionalistas, y llevó al éxito a un partido que parecía condenado a las catacumbas. Y lo hizo sin disfrazarse, sin esconder ni uno sólo de sus principios y haciendo alarde del vasquismo y del españolismo propios del PP vasco. Y lo hizo sin complejos, sin miedo, sin ahorrarse una visita al último pueblo vasco, - como cuando acudió a mi nombramiento con 19 años como responsable de las juventudes del PP del Valle de Ayala-, sin escatimar una sola palmada o abrazo a sus concejales amenazados, sin dejar de atender una sola llamada de teléfono, y además prestando su imagen al PP nacional en el último confín de España, pero sobre todo, sin arriar jamás la bandera. Hoy este hombre joven, trabajador incansable, buen jefe, valeroso patriota y mejor persona se encuentra en Bruselas, desaprovechado para la política nacional, tan necesitada de las virtudes de las que él está sobrado.

viernes, 15 de abril de 2011

Ana Iribar, a la medida exacta de Goyo Ordóñez


En torno a la figura admirable del malogrado Gregorio Ordóñez, asesinado por los terroristas separatistas, hemos glosado la grandeza de personas que le conocieron, como María San Gil que presenció su muerte, o Pedro Altuna, que desde la Fundación Gregorio Ordóñez vela por la memoria de Goyo. Pero aun no me había detenido en estas líneas a hablaros de las bondades de la mujer que mejor le conoció y que le dio a su hijo Javier: Ana Iríbar, su esposa y su viuda.

Muchas veces hemos oído hablar de la fortaleza de algunas mujeres vascas y se podría pensar que se trata de un estereotipo o de una caricatura complaciente. Nada más lejos de la realidad. He conocido a decenas de ellas, y de algunas ya he escrito aquí como de María San Gil, Regina Otaola o Ana María Vidal Abarca, todas marcadas por la iniquidad del terrorismo. Ana Iríbar es una de esas mujeres extraordinarias, detrás de cuya calidez, suavidad, simpatía y aparente fragilidad se esconde una fortaleza a prueba de las más duras pruebas. Aunque la procesión, sin duda, va por dentro. Y su mayor bendición, y alegría, —su hijo Javier, que contaba con una año de edad cuando mataron a su padre—, es a la vez recuerdo de la mayor de las tristezas: la pérdida prematura, e inmensamente injusta del hombre al que amaba. El pequeño Javier, que durante muchos años habrá sido el bálsamo de todos los dolores, también ha sido el recuerdo de aquel hombre, y cada una de sus preguntas se habrán marcado a fuego en el corazón de Ana. Ella lo ha reconocido así en alguna ocasión:

“Fue quizá mi hijo quien me ha ayudado muchísimo en estos años. Ha sido, desde luego, la personita que en primer lugar me ha ayudado a enfrentarme a la realidad. Y lo más importante ha sido y es su mirada. Su mirada que interroga. Su mirada que pregunta. Y lo más importante ha sido y es saber responder a sus preguntas. Javier fue creciendo y me iba preguntando dónde está papá, cómo ha muerto mi padre, quién ha matado a mi padre, dónde está el asesino de mi padre”.

Javier Ordoñez Iríbar ha sido a la vez el bálsamo y la sal sobre la herida inborrable de Ana. Pero la sal también cura. Aunque el recuerdo de aquel hombre arrollador, optimista, enganchado a la política, que lleva un antiguo fax en el maletero del coche incluso cuando salía vacaciones no pueda irse nunca, porque así debe ser, aunque la presencia del recuerdo venga acompañado de la del dolor. Dolor por la pérdida, dolor por la persistencia del terrorismo, dolor por la traición de tantos políticos, y dolor por la orfandad de un hijo.

Con el dolor y la dignidad incólumes acudió Ana Iribar al Parlamento Vasco a la inauguración de la placa en honor de su marido, que se instalaba trece años después de su asesinato. ¡Ahí es nada! Los que esperaban parabienes, y sonrisas; contención e hipocresía; se equivocaron. Borbotes de verdad salieron de la boca de Ana, y también de valentía, cuando Iribar se dirigió a la presidenta del Parlamento Vasco, del que Goyo fue miembro, y le pidió: “Desde aquí, presidenta, quiero que traslade al lehendakari vasco mi más sincero desprecio por su deslealtad e hipocresía y por la cobardía con la que actúa en contra de la memoria misma de Gregorio Ordoñez, en contra de los principios democráticos, que son los míos y los de miles de ciudadanos, en contra de las razones por las que Gregorio fue asesinado” Para acabar con España.

Yo estaba presente, y recuerdo la incomodidad de los parlamentarios en ese momento, incluso la de algunos compañeros de partido de Gregorio Ordoñez, que murmuraban por lo bajini sobre lo inoportuno de la intervención. Jaime Mayor, también presente, les replicó, que lo incomodo para Ana era hacer lo que hizo, y que cuando alguien busca la comodidad no dice la verdad. Algunos callaron y otros ironizaron sobre la máxima del expresidente del PP vasco: “en política estamos para sufrir y acertamos cuando estamos en la incomodidad”.

Yo hoy solo quiero añadir que Javier, puede estar orgulloso de ser el hijo de Goyo. Muchos quisiéramos ser la mitad de dignos y valientes que él. Pero también, puede estar orgulloso de ser el hijo de Ana Iríbar, una mujer hecha a la medida exacta de Goyo Ordoñez.

Publicado en Alba el 15 de Abril de 2011.

viernes, 8 de abril de 2011

Pedro Altuna, en el zulo españolista


En todas las batallas los hay que están en los puestos de mando, o en la primera línea. Todos son imprescindibles para obtener la victoria o para conquistar la dignidad y el honor en la derrota. Pero en nuestro imaginario, qué duda cabe, admiramos a aquellos que están en las trincheras, cuyo sacrificio físico es más evidente, cuya cercanía a las líneas enemigas es mayor, y cuyo riesgo es pavoroso. También en la lucha contraterrorista existen esos dos tipos de individuos, hablemos de policías, de guardias civiles, de políticos, de periodistas o de jueces. Los hay que hacen excelentes e impagables trabajos en los despachos, y los hay que viven próximos al enemigo, —al terrorista en este caso—, e incluso los hay que viven entre el enemigo. Todos merecemos un respeto, pero esas personas merecen un respeto especial. Pedro Altuna es uno de esos hombres valiosísimos, audaces, y a los que su pasión por España mantiene firme como un junco, y al que la indignación ante lo anormal le conserva en su sano juicio.

Oponerse al terror nacionalista en España es arriesgado. Hacerlo en el País Vasco es muy peligroso, pero hacerlo en Guipúzcoa es casi suicida. Que se lo digan a Gregorio Ordóñez, y a tantos otros que ya no pueden contarlo. O que se lo digan a Pedro Altuna, que hoy vela por la memoria de la Fundación Gregorio Ordóñez. Ya han pasado 16 años desde que el 23 de enero de 1995 una alimaña etarra asesinara por la espalda a unos de los políticos más valientes que ha tenido España, y casi han pasado los mismos años desde que en diciembre de ese mismo año se constituyera la Fundación que aun hoy lleva su nombre con objeto de defender su memoria y reivindicar su figura pública.

Y yo creo que la memoria de Gregorio Ordóñez está a buen recaudo. Entre otros motivos, pero muy importante, por la cara anónima que se esconde detrás de una organización tan simbólica para quienes admirábamos a Gregorio Ordóñez ya antes de que fuera asesinado. Pedro Altuna es esa persona casi anónima, por su discreción, excepto cuando el guión lo exige, y también ejerce de portavoz de la fundación custodia de tan digna memoria. Altuna, un chaval aun, lleva 11 años de su vida entregados a esa causa, siendo el chico para todo de la Fundación, y sin el cual no se entiende ni comprende ni la larga vida ni todo el trabajo que vemos desde el exterior. Y ya imaginan que no es fácil encontrar a un guipuzcoano que se entregue sin titubeo a tan admirable tarea.

Creo que las mujeres de la vida de Gregorio Ordóñez, y a las que de vez en cuando vemos en televisión; su viuda Ana Iribar, su hermana Consuelo Ordóñez, y su madre Consuelo Fenollar, han de estar orgullosas de haber tenido a un hombre tan especial y admirado en sus vidas, pero también pueden estar satisfechas de haber encontrado a alguien de la integridad y entrega de Pedro Altuna para dirigir e impulsar la Fundación que lleva el nombre del querido, atípico y arrojadísimo político easonense.

Hace años que gozo la amistad de Pedro Altuna, ya que por razones generacionales no pude gozar de la Gregorio, del que era simple admirador, y siempre me ha llamado la atención ver a este vascoparlante de cuna, que habla vascuence del de verdad, y con tropecientos apellidos vascos en fila india, y –como dice él- con RH del de Arzallus, defenderla españolidad de Guipúzcoa con vehemencia y energías inusitadas y con razones poderosas.

Y todo eso desde un diminuto «zulo» españolista en el que se ubica la sede de la Fundación Gregorio Ordóñez, desde la que Altuna ora defiende la memoria de Goyo, ora demuestra la independencia partidaria de la Fundación, ora organiza unos premios o conferencias, ora lanza una campaña de captación de fondos ante la agónica situación de la Fundación rebelándose contra el ahogo institucional y atizando a tirios y troyanos.

A Gregorio Ordóñez ya no podemos recuperarle, pero gracias al valiente Altuna su memoria está más presente que nunca.

Publicado en Alba el 8 de Abril de 2011.

viernes, 1 de abril de 2011

Carlos Urquijo, honra merece


Ha sido mi compañero durante once duros años en el, —a ratos proetarra, a ratos simplemente nacionalista—, ayuntamiento alavés de Llodio. También ha sido mi compañero en nuestra andadura en el Parlamento Vasco, en el que aun continúa. Y ha sido en ambos lugares, como concejal y como diputado autonómico, una de las figuras más firmes y correosas con las que el Partido Popular de País Vasco ha contado en los últimos 20 años. Además aun es joven, porque empezó siendo un crio y asumiendo pronto riesgos y obligaciones de mayores, pero que los mayores escurrían.

El hoy parlamentario del PP y concejal de Llodio Carlos María Urquijo Valdivielso lleva una toda una vida de servicio público. Veinte años en el parlamento vasco y veintitantos en el ayuntamiento llodiano, y siempre en la ingrata faena de la oposición. Ahí es nada. Ya es importante la dilatada trayectoria, y no lo es menos su intensidad. Carlos Urquijo no es de los que transitan por los lugares sin dejar rastro. No hay duda que ha dejado huella como uno de los políticos más trabajadores que ha habido en la comunidad autónoma vasca, probablemente el más trabajador. Durante muchos años Urquijo ha pulverizado el ranking de iniciativas parlamentarias, poniéndose a la cabeza de la labor de control del gobierno. Sus cientos, —ya miles—, de iniciativas, proposiciones, y escritos están ahí como documento histórico que atestiguará su laboriosidad y profesionalidad.

Estoy convencido de que las personas trabajadoras y responsables en la vida pública son a su vez honradas y leales. Honradas consigo mismas, honradas con los representados, y leales con sus compañeros y con sus principios. A Carlos Urquijo siempre le han caracterizado esas virtudes. Es alguien seguro, del que fiarse, por quién se puede apostar. En definitiva, es alguien previsible, porque conociéndose sus principios, y sabiendo que no los traicionará, es muy fácil presumir cómo actuará. Por eso siempre ha contado con el respaldo y el respeto del PP de Ayala y de su presidente, mi padre, que se han sentido orgullosos de tener a buen hombre entre los suyos.

Lo escrito hasta ahora no son frases hechas. Yo he visto a Urquijo en acción, y he tenido el honor de poder estar a su lado en momentos delicados en los que Carlos Urquijo ha demostrado siempre estar a la altura de las circunstancias, como cuando entramos en el pleno de LLodio a tomar posesión de nuestras actas de concejal, en contra de la opinión de una corporación acobardada, y pudimos ser linchados por dos centenares de proetarras qe abarrotaban el salón de plenos. O como cuando – minutos después- se negó a abandonar el ayuntamiento por la puerta de atrás, aduciendo que eso lo hacían los delincuentes, y exclamando ¡vamos a salir por donde hemos entrado! ¡por donde hemos entrado! se zafó del cobarde alcalde nacionalsita y nos abrimos paso entre la multitud que nos golpeaba y escupía en lo que fue una batalla campal entre escoltas y proetarras. O como cuando fue Delegado del Gobierno y no le tembló el pulso, en los tres meses que duró hasta el 14-M, para enfrentarse a los nacionalistas sin ningún tipo de complejo; o como cuando se mantuvo leal a María San Gil entre un cúmulo de traiciones que crecían día a día a la misma velocidad que el miedo a perder los jugosos puestos.

Sin miedo a ese tipo de perdidas, Carlos Urquijo siempre ha estado en la vanguardia, y ha sido protagonista de valientes y curiosas anécdotas que denotan su arrojo, como cuando tras una intervención sobre la Guardia Civil en el Parlamento Vasco, cuyo nombre se ensuciaba con falaces acusaciones de torturas, concluyó con un sonoro ¡Viva la Guardia Civil!, que le convirtió sin duda en el único parlamentario vasco que ha osado decir tal cosa desde la tribuna. Y a mí, por cierto, en el único en responderle con otro vítor.

Así se comprenden otras de las características de Urquijo: Acosado y amenazado por los terroristas desde hace veinte años como muy pocos, de una manera virulenta e incesante; e insultado y caricaturizado por el nacionalismo moderado, e incluso, a veces, negado o desautorizado por su propio partido, como cuando fue fotografiado cometiendo el delito de leer el libro titulado «Franco, mi padre», lo que al parecer ya le convertía en franquista. La semana siguiente yo pedí las obras completas de Sabino Arana en el Parlamento Vasco y me las lleve al escaño. Nadie me supuso sabiniano ni me criticó.

De Urquijo puede además afirmarse con justicia que de casta le viene al galgo porque la familia Urquijo-Valdivielso, casi al completo, lleva décadas mostrando su compromiso público con España en tierras llodianas. El que a los suyos parece, honra merece.

Publicado en Alba el 1 de Abril de 2011.

viernes, 25 de marzo de 2011

Pedro Insua, picando en Flandes


Si conozco a alguien cuyo pensamiento sea políticamente incorrecto ése es Pedro Insua. Y a lo suyo sí se le puede llamar pensamiento, porque, a pesar de ser un treintañero, es una de las personas más leídas, y más formadas, —que no es lo mismo—, que he tenido la suerte de encontrarme. Este joven gallego es uno de los principales miembros de lo que podríamos llamar escuela del filósofo Gustavo Bueno. Es más, yo diría que Pedro Insua Rodríguez es el más aventajado discípulo del conocido filósofo. No es solo un voraz lector de las buenas cosas que merecen ser leídas, sino que es un pensador de acción. Y yo he tenido la fortuna de verle en acción en más de una ocasión.

En el año 2005 puso en un serio aprieto a Fernando Savater, en un conocido episodio del que pocos saben que este joven profesor de un instituto madrileño fue protagonista destacado y cooperador necesario. Con motivo de un acto de la Fundación para la Libertad contra el Estatuto de Cataluña, en el que intervenían entre otros Arcadi Espada y Fernando Savater, y tras oír las argumentaciones contrarias al mismo sustentadas en las palabras fetiche, libertad, democracia y Estado de Derecho, Pedro Insua levantó la mano apresuradamente y fue el primer integrante del público en intervenir, espetando a los oradores lo que sigue: «Bien, está claro que ustedes defienden la democracia, la libertad, y el Estado de Derecho, pero eso no significa nada. Porque no es lo mismo la democracia china, que la española, que la de Alemania Oriental. Aquí lo que está en juego y es atacado es España. Si ni siquiera la han mencionado, ¿hasta qué punto están ustedes dispuestos a defender la idea de España?». La respuesta de un Fernando Savater pillado a contrapié, y enojado, no puedo ser más torpe y perniciosa. Dijo: «A mi la idea de España me la suda, me la suda, me la sopla. Es una idea para semicuras y fanáticos». El revuelo entre el público y las protestas contra Savater no se hicieron esperar, entre ellas las de Insua, que a voz en grito, exclamaba: «mal, muy mal».

Además, Pedro Insua Rodriguez, fue uno de los primeros miembros de la Fundación DENAES para la defensa de la Nación Española, cuando esta nació en 2006, habiendo sido desde entonces uno de sus más estrechos colaboradores, y habiendo contribuido en grado sumo como principal redactor del libro publicado por DENAES con el título de En defensa de España. Razones para el patriotismo español. Porque ciertamente son razones, poderosas razones lo que España necesita para ser defendida, y este joven filosofo y gran conocedor de la Historia de España dispone de ellas como pocos.

Pero quizá una de las principales virtudes de Pedro Insua sea la valentía, de la que también he sido testigo privilegiado. Recientemente la Diputación Foral de Guipúzcoa y el ayuntamiento de Villafranca de Ordicia conmemoraban el quinto centenario de Andrés de Urdaneta, pero lo hacían a su manera, obviando el contexto geopolítico e imperial de su figura. Pedro Insua, muy atento a este tipo de falsificaciones, y estudioso de Urdaneta y de su época, enseguida bramó con un atronador artículo titulado «Urdaneta 500, zulo del nacionalismo secesionista», pero no contento con ello, ni corto ni perezoso, envió una ponencia a los organizadores sobre las intenciones reales de Urdaneta de utilizar las Filipinas como escala hacia China. Les debió pillar desprevenidos porque le invitaron a exponerla en el congreso que conmemoraba la efeméride en la villa guipuzcoana, hasta donde le acompañé.

Una vez allí, en el hostil ayuntamiento de Ordicia, y tras escuchar una serie de peregrinos argumentos sobre el gran Urdaneta, como que pensaba en vasco, Pedro Insua subió a la tribuna y enérgicamente comenzó diciendo: «Aquí se ha querido explicar la figura de Urdaneta desde consideraciones étnico-linguisticas y esto es una falacia. A Urdaneta solo se le comprende desde la geopolítica de su época y por lo tanto, tomando en consideración lo que fue y significó el Imperio Español. Y lo digo así, como suena. Imperio Español». Y así puso la pica en ese Flandes nacionalista el aguerrido Insua.

Poco más se puede añadir a unas acciones que dibujan nítidamente una personalidad, excepto el orgullo como español de contar con compatriotas como Pedro, y la satisfacción personal de hallarme entre sus amigos.

Publicado en Alba el 25 de Marzo de 2011.

viernes, 18 de marzo de 2011

Emilio Santiago, los últimos de Gerona

El General Mariano Álvarez de Castro, defensor de Gerona durante la Guerra de la Independencia


Supe de la existencia de Emilio Santiago en febrero de 2008 cuando los diarios digitales daban cuenta de una agresión al número dos de la lista del PP al Congreso de los Diputados por esa provincia, tras la cabeza de lista Alicia Sánchez Camacho. Un grupo de ultranacionalistas y filoterroristas habían decidido pillar por sorpresa a Emilio Santiago cuando hacía campaña electoral en Gerona a bordo de un pequeño y popular vehículo, un smart, serigrafiado con la publicidad del PP. Ni cortos ni perezosos, los aguerridos separatistas, a bordo de una máquina elevadora, decidieron atacar al candidato, y elevar por los aires el minúsculo vehículo con Emilio dentro del mismo.

La agresión me produjo una especial impresión por el descaro y la impunidad con que se realizó y por el ataque a la integridad y a la dignidad de una persona que hacía su labor electoral en un país supuestamente libre y democrático. Inmediatamente telefoneé a Alicia Sánchez Camacho para que trasladase mi solidaridad a su número dos y para ponerme en contacto con él. En esto último no tuve éxito por aquel entonces. Pero era cuestión de tiempo que nos conociéramos.

Un año después, y ya sin responsabilidades en el PP, fue Emilio Santiago quien se puso en contacto conmigo para proponerme que presentásemos la Fundación DENAES, para la Defensa de la Nación Española, en Gerona con motivo de la conmemoración del bicentenario del sitio de la ciudad por las tropas napoleónicas.

El 9 de junio de 2009 me planté en Gerona, conocí al peculiar y entusiasta Emilio, y nos dirigimos a un local municipal, donde, para mi sorpresa, Emilio Santiago había convocado a un nutrido grupo de ciudadanos hastiados de la presión del nacionalismo catalán y orgullosos de ser españoles. También logró convocar a un grupo de separatistas que, estelada en mano, intentaron reventar el acto durante la intervención de Emilio Santiago que permaneció curiosamente impasible.

Me fui de vuelta a tierras vasca contentó de mi nueva amistad, y con un buen sabor de boca al comprobar que aun quedaban un puñado de esperanzas en Gerona, —la Guipúzcoa catalana—, al menos tantas como personas logró congregar el decidido Emilio Santiago Pacheco, exmilitar, expolítico, y a pesar de ello aun de mediana edad. Meses antes, Emilio Santiago, un hombre que se conduce por el patriotismo, había abandonado estrepitosamente el mismo partido al que había representado hasta entonces, con una dura carta escrita a Rajoy desde la más grande de las decepciones. Como telón de fondo; el abandono de María San Gil y el maltrato obscuro que, vía filtraciones, propiciaron a San Gil fontaneros y vasallos del partido. En definitiva, la misma decepción que la de tantos españoles que aún recuerdan ese episodio incomprensible.

Emilio Santiago es un hombre de principios, sin doblez, que va de frente, y que situa el patriotismo unos cuantos peldaños por encima del partidismo. Eso, y su escasa habilidad para tragar sapos, como el que supuso ser desplazado por la nueva cabeza popular gerundense, un ex-nacionalista que conserva demasiadas filias de su pasado político, le han hecho alejarse de la vida de partido.

Hoy Emilio Santiago es uno de los pocos ciudadanos que defienden activamente la españolidad de Gerona, lugar donde demasiados han tirado la toalla. Si a Mariano Alvarez de Castro, a pesar de gaditano, la historia le unió al terrible sitio de Gerona; Emilio Santiago, a pesar de madrileño, está intimamente ligado a la esperanza española en Gerona. El problema es que el actual sitio de Gerona es más amenazante que aquel de hace dos siglos porque, hoy, el sitio de Gerona es mental. Esa provincia y Cataluña entera se encuentran autositiadas, por sus complejos y su autoodio. No se trata de un sitio de tropas extranjeras, sino de renegados. En esa tesitura, -lo pude comprobar-, Emilio Santiago es sin duda uno de los últimos de Gerona. Y no lo digo con derrotismo sino con esperanza de que también sea pronto uno de los primeros.

Publicado en Alba el 18 de Marzo de 2011

viernes, 4 de marzo de 2011

Dieter Brandau, contra La Noria mediática


Nacido en 1975, Dieter Brandau es probablemente uno de los benjamines del periodismo español con más futuro. No creo que haya muchos presentadores de informativos políticos con 35 años y con una trayectoria que ya se puede considerar dilatada. Reza el dicho que a la fuerza ahorcan, y Brandau puede dar fe de ello. Siendo un chaval de 24 años entró en Libertad Digital, sin saber gran cosa de periodismo, según confiesa él mismo. Saltó a la plaza sin apenas saber lo que era un toro, y hoy es ya uno de los maestros. Por el camino ha pasado por todos los puestos imaginables; redactor de base, jefe de sección y redactor jefe de uno de los periódicos de internet de información política más potentes de España. Después director de informativos de la televisión Libertad Digital TV, y finalmente director de informativos de esRadio, del mismo grupo. Entre medias, diez años de trabajo vertiginoso y de aprendizaje a marchas forzadas. Y siempre con un norte, la independencia del poder político, la veracidad, y la nítida y previsible línea editorial, no sólo del medio, sino del propio Brandau.

Esta alabanza no es mera retórica. En un tiempo de tribulaciones, en el que la prensa enteramente libre, no adicta al poder político o económico, es un preciado y codiciado bien para quienes creemos en el pluralismo y en la libertad, encontrar periodistas como Brandau es una razón para tener esperanza. Eso no significa que el periodista en cuestión no tenga principios o no se case con nadie; los tiene y bien firmes, y se casa con aquel o aquellos que defiendan los mismos principios, pero únicamente mientras los defiendan. Por eso es fácil ver un informativo de Brandau repartiendo a diestro y siniestro sin entrar en contradicción con él mismo, algo raro en el panorama mediático español en el que tantos periodistas y grupos de comunicación se alinean con el que manda, o con el que va a mandar, a modo de inversión de futuro. Y rara avis en un panorama en el que vemos a demasiados periodistas, —convertidos en esbirros de los políticos—, cambiando de opinión a la misma velocidad que lo hace el político de turno, para no dañar la rentabilidad de su inversión.

Ese servilismo mediático nada tiene que ver con la lealtad. Porque un buen periodista puede y debe tener lealtades y fidelidades, claro que sí: Lealtad y fidelidad a las propias convicciones, a las que no se traiciona. Dieter Brandau las tiene y viene manteniendo el respeto hacia sí mismo desde hace más de diez años. Las libertades individuales de los españoles, la unidad de la Nación Española, y la memoria y la justicia para las víctimas del terrorismo son el norte y el sur de este joven comunicador y excelente tipo. Si uno, además de por convicciones, es acompañado por la facilidad comunicadora, por una buena presencia, y por una mirada carente de toda doblez, lo tiene todo para merecer el respeto de todos, aunque no logre la atención que es la que permite triunfar en el circo del periodismo español.

Hace poco leía una entrevista en la le preguntaban al joven Brandau: “¿Qué noticia le gustaría dar en sus informativos?”. Antes de leer la respuesta ya pude imaginarla: “Que ETA ha desaparecido, pero porque ha sido derrotada. Que hay vencedores y vencidos, y que los vencedores son María Jesús González, Irene Villa y todas las víctimas. Y los vencidos De Juana Chaos, Txapote, Txeroki y compañía”. Brandau gustará más o menos, pero nunca decepciona.

He sido testigo durante muchos años, creo que como pocos, del compromiso e interés de Dieter Brandau con el sufrimiento de las víctimas del terrorismo separatista. En los peores años del terrorismo para los de mi generación, Brandau estaba ahí, siempre. Es cierto que entonces estaban todos, cuando la cuestión vasca era motivo de apertura de todos los informativos nacionales. Pero ahora que las víctimas se han convertido en un lastre, en una molestia, en una china en el zapato para tantos, Dieter Brandau sigue ahí con otro puñado de leales. Muchos de los otros ya se han ido, y ahora, a partes iguales se dedican al servilismo o a los sucesos.

Con Brandau no dan ganas de apagar la televisión. Al contrario, uno se alimenta de esa dosis diaria de inteligencia, de fina ironía, e información veraz con opinión previsible. Frente a la noria mediática, Brandau sigue ahí, quieto, previsible: “No sé trabajar de otra manera, no se contar las cosas de otra manera, no sé ver la vida de otra manera”. Y que nunca lo sepas.

Publicado en Alba el 4 de Marzo de 2011.

viernes, 25 de febrero de 2011

Ibarrola, esculpiendo la libertad


Agustín Ibarrola Goicoechea lleva toda una vida ejerciendo de escultor comprometido con los problemas sociales y políticos de su tiempo, que es ya un tiempo largo. Y no de manera intermitente. Y no sólo en sus ratos libres, sino cuando sus manos dibujan, trazan líneas y moldean, y en su cabeza febril vienen y van los sufrimientos de los más desfavorecidos. Su arte podrá gustar más o menos. Esto es discutible, y vaya por delante que a mí no me entusiasman sus obras desde un punto de vista puramente estético. Pero mientras otros artistas inundan las salas de arte contemporáneo de subproductos artísticos, carentes de simbolismo y de esfuerzo, Agustín Ibarrola siempre ha hecho de su obra, y de su peculiar arte, un modo de denuncia social. Otros buscan simplemente provocar, llamar la atención sobre su abultado ego o su gigantesca sinvergonzonería, de manera burda y escatológica muchas veces. Mientras tanto, Ibarrola nos obliga a poner nuestra atención sobre aquellos que más sufren, sobre los problemas humanos de la época.

De Agustín Ibarrola si puede decirse con veracidad y justicia que ha luchado toda la vida. Al contrario que algunos antifranquistas sobrevenidos, Ibarrola si puede ostentar galones de militancia contra el régimen de Franco. No en vano su vinculación al PCE le trajo numerosas penurias en forma de presidio. LLegó la democracia a España y el artista no se retiró a sus talleres, ni abdicó de su responsabilidad social. Esta vez el nacionalismo vasco y la organización terrorista ETA fueron sus adversarios. Vaya que sí. Ibarrola se convirtió, por esa nueva lucha contra la insolidaridad nacionalista y el odio terrorista, probablemente en uno de los pocos escultores del mundo que viven con protección policial.

En estos últimos años, su compromiso con las libertades en el País Vasco y con las víctimas del terrorismo han atravesado su obra. Desde el monumento erigido en la península santanderina de La Magdalena hasta el vizcaíno Bosque de Oma, pasando por numerosas obras con ese trasfondo, a Ibarrola se ha sublevado todos los días contra los liberticidas que, enfrentados a muerte con la democracia española, no se lo han perdonado. Y como no tuvieron empacho en pintar lomos de caballos con amenazas para amedrentarnos algunos, tampoco se pararon en barras para atacar y estropear la obra del escultor Ibarrola, e incluso para talar los árboles decorados por el artista en el ya famoso bosque.

Ibarrola no es de mi generación, sino de la de mis abuelos. Sin embargo, como el viejo rockero nunca ha abandonado la lucha por las libertades, y pude ser compañero de la misma en aquel momento feliz, y ya pasado, en que izquierda y derecha se unieron en torno a Basta Ya y Foro de Ermua en la lucha contra el separatismo liberticida y en defensa de la España constitucional. Tan fiel ha sido a esa combate, como a su inseparables boina, y a su incondicional Mari Luz, su eterna compañera y casi siamesa del entrañable Agustín.

Ibarrola prestó incluso su pincel a aquel incipiente movimiento cívico, diseñando el ya conocido faro que es el símbolo del Foro de Ermua, primera respuesta intelectual y cívica al terrible secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de inhumanas alimañas etarras.

Por esa trayectoria honesta, por esa valentía para "tomar partido hasta mancharse", por ese sueño de una izquierda y una derecha que abandonen sus propios separatismos ideológicos en pos de una España unida, en concordia y viable, la Fundación DENAES, para la defensa de la Nación Española, ha distinguido al gran Ibarrola con el premio Españoles Ejemplares. Y es que merece un premio y un monumento, e incluso ser esculpido, quien habiendo vivido, y padecido en toda su extensión y con toda crudeza, esta España oscilante del siglo XX, aun tiene el coraje de darnos ánimos y de proclamar a los cuatro vientos: "tengo esperanza en España". Sin duda algo debemos agradecer a este hombre ya viejo que nos regala esperanza y que ha contribuido a moldear una España mejor.

Publicado en Alba el 25 de Febrero de 2011.

viernes, 11 de febrero de 2011

Jorge Campos, Baleares frente al pancatalanismo


El Circulo Balear se ha constituido estos días como Fundación con el inequívoco nombre —teniendo en cuenta su compromiso con el proyecto común de España— de Fundación Nacional Circulo Balear. En este tiempo en que lo nacional español anda de capa caída y se sustituye el término “nacional” por el vocablo “estatal” en tantas agencias y organismos públicos españoles, es de agradecer a Jorge Campos, presidente de la nueva Fundación, su contribución a la causa de detener la deriva desnacionalizadora de España.

Pero los méritos de este hombre joven que es Jorge Campos no se resumen, en modo alguno, en una anécdota semántica. Aunque se da la paradoja que la lingüística ha sido la principal batalla del Circulo Balear durante estos últimos años. Una de las principales virtudes del Circulo Balear ha sido la de erigirse en una ola cívica de carácter netamente independiente de los partidismos, aunque con unos claros principios e ideas, y que ha hecho de la transversalidad partidista una de sus señas de identidad, aunando a todos aquellos que dentro del PP, del PSOE, de UPyD y de Ciudadanos, apostasen por España y por la libertad de manera indubitada, y arreando a todos aquellos que dentro de esos partidos hiciesen de la complicidad con el nacionalismo pancatalanista el eje de su acción política en las Islas Baleares.

Jorge Campos, con el apoyo de Montse Amat y un puñado de hombres libres y desinteresados, han hecho, de la generosidad y del valor, características de la movilización social. Y eso les ha permitido condicionar, de manera exitosa, —y reorientar—, la política errada del PP en materia lingüística en las Islas Baleares haciendo gala de una extraordinaria interlocución con las dos sensibilidades del PP Balear, ahora unidas, la oficialista de Bauzá, y la rebelde y anticatalanista de Carlos Delgado. Hoy las dos parecen una, y Bauzá ha asumido las principales demandas de Carlos Delgado y del Circulo Balear de Jorge Campos.

Porque si algo tiene claro Jorge Campos, y por extensión su obra, la Fundación Nacional Circulo Balear, es su credo, fundamentado en la identidad balear y española de las islas y en la libertad lingüística frente a los pancatalanistas liberticidas que también ocupan de manera transversal todo el espacio político balear con presencia destacada en todas las fuerzas políticas.

Pero tener las cosas claras no es virtud suficiente, y de poco o nada sirve si no se combina con el arrojo y la falta de cálculos a la hora de defender las propias ideas. Jorge Campos resume en su persona todas esas virtudes, y ha tenido el coraje, no sólo de liderar personalmente ese movimiento social con las incomodidades que ello lleva aparejadas, no sólo de involucrar a todos sus amigos y familia, no sólo de resistir numerosas presiones y amenazas, sino de convocar, -cuando muchos pensaban que sería un fracaso-, una exitosa manifestación en Palma de Mallorca contra la imposición del catalán y la postergación del español y del balear en la enseñanza.

Además, y mucho antes de que la ETA golpeará con saña en Baleares contra dos jóvenes guardias civiles, Jorge Campos ya hizo suyo y del Circulo Balear el problema del terrorismo, comprometiéndose con sus víctimas e invitándoles en numerosas ocasiones a intervenir en los actos del Circulo Balear con objeto de sensibilizar a los ciudadanos. Por si fuera poco, y en un gesto que acredita a la perfección su amor por la unidad de España y su apología de la españolidad de las Islas Baleares, premiaron a la Fundación DENAES para la defensa de la Nación Española, el mismo año que esta surgió.

Visto lo visto, está meridianamente claro que Jorge Campos y la Fundación Nacional Circulo Balear llevan en la pechera todos los galones para ser atacados, incluso a pedradas, por los enemigos de España y de la libertad que pululan por esas ínsulas. Así ha sido. Pero Jorge, como era de esperar, los ha resistido redoblando sus esfuerzos y sus compromisos. Quería yo que conocieran al personaje.

Publicado en Alba el 11 de Febrero de 2011.

viernes, 4 de febrero de 2011

Salvador Ulayar, Echarri es España


Todos los asesinos son asesinos pero no todos los asesinos son iguales. La crueldad también tiene grados. No hace falta la misma dosis de fanatismo y la misma dosis de sangre fría para activar una bomba a distancia sin ver de cerca el dolor que se ocasiona, que para arrancarle la vida a un hombre ante los ojos atónitos de su hijo. Y lo mismo vale para las víctimas que éstos provocan. Todas las víctimas son víctimas y todas merecen nuestro respeto, pero no todas las víctimas son iguales. Así lo deciden los asesinos. No es lo mismo sufrir la amputación de un dedo a causa de la bomba que te afecto al pasar por el lugar inadecuado en el momento inoportuno, que haber visto en la edad de la máxima inocencia como un sicario descerraja varios tiros a tu propio padre hasta dejarlo tendido a tus pies. Por eso Salvador Ulayar, —el hijo de Jesús Ulayar, asesinado por Vicente Nazabal—, no es una víctima cualquiera. Salvador es más victima que nadie, merece más respeto que nadie y tiene más derechos que nadie a sostener lo que le venga en gana.

Pero Salvador no ejerce de poseedor de esos derechos. Al contrario. Soy testigo de que es mejor que la mayoría y más generoso que nadie. El aciago día de 27 de enero de 1979 el criminal etarra Vicente Nazabal asesinó al ex alcalde de Echarri- Aranaz en la puerta de su casa, cuando este entraba con su hijo Salvador. No le tembló el pulso al asesino Nazabal para dejar viuda y varios huérfanos y para hacer ver a un niño la cruel muerte de su padre. Salvador Ulayar, su madre, sus hermanos, y por supuesto su padre, son las víctimas de la bestia inhumana y psicopática al servicio del separatismo que representa Vicente Nazabal, pero Salvador y su familia han sido doblemente victimizados porque el culpable fue declarado hijo predilecto del pueblo del que Jesús Ulayar había sido alcalde y buen alcalde. El cruel Nazabal, no contento con recoger sus galones de héroe del populacho separatista y terrorista y sin demostrar arrepentimiento alguno, —apadrinado por el supuesto demócrata Patxi Zabaleta—, se ha permitido el lujo de importunar a la familia Ulayar insultándoles en un supermercado mientras realizaba gestos obscenos.

Con una historia así los sentimientos de venganza , de odio, de rencor y de amargura, son, no solo lógicos sino respetables, pero nunca he visto a Salvador carcomido por ninguno de esos sentimientos a pesar del sufrimiento inmenso que se le ha hecho padecer a lo largo de su vida. Fui testigo de cómo Salvador Ulayar pronunciaba unas palabras sobrecogedoras en la IV Escuela de la Fundacion DENAES. Allí, ante la admiración y la sorpresa general, dijo que, si a él le pidieran perdón, él perdonaría. Es probablemente, y desde una perspectiva religiosa, el modo más perfecto de ser consecuente en grado extremo con el “perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden” . Dos milenios llevamos rezando la misma letanía sin lograrlo, por eso Salvador no me parece de este mundo, y por eso creo que es una de las mejores y más bondadosas personas que he conocido.

Pero esa disposición para el perdón, nunca solicitado, no hace de Salvador Ulayar una víctima meliflua, que solo piense en la indemnización. Salvador es una víctima comprometida porque sabe muy bien el motivo por el Vicente Nazabal mato a su padre. Vicente Nazabal quería matar a España. Jesus Ulayar ya está muerto pero España no, todavía no. Por eso Salvador Ulayar tiene esperanza , tiene dignidad , tiene coraje y sabe cuál es el mejor modo de defender la de su padre, de defender nuestra dignidad y de hacer justicia: conseguir que nuestra patria salga victoriosa sobre el terror separatista y que Echarri-Aranaz nunca deje de ser tierra española.

Por eso yo estaré el día cinco a las cinco junto al hijo de Jesús Ulayar, en las calles de Madrid, clamando contra cualquier negociación con terroristas y defendiendo la dignidad y la unidad de nuestra nación.

Publicado en Alba el 4 de febrero de 2011.