martes, 26 de junio de 2012

A esto lo llaman sentencia

La "Agrupación para la ruina de la Constitución", secta ideológica y políticamente obediente que ostenta la mayoría en el Tribunal Constitucional, ha vuelto a perpetrar una de sus viles acciones, emitiendo un infame salvoconducto para que la ETA política siga campando a sus anchas –superando todos los controles, henchida de gozo y perpleja ante nuestra torpeza– por las instituciones democráticas de la Nación española.
Los profesores universitarios –que no jueces de carrera– del llamado Tribunal Constitucional han vuelto a llevar la contraria a los jueces que quedan en ese tribunal y a los jueces del Tribunal Supremo, así como al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo que respaldó las anteriores ilegalizaciones del mundo proetarra, no sólo por los medios terroristas empleados sino por los fines totalitarios y sediciosos perseguidos. En resumen, el Tribunal Constitucional ha ilegalizado al Tribunal Supremo en vez de a la ETA.

No me da la gana de entrar en finos análisis jurídicos cuando las normas son violentadas con vileza y sin vergüenza por quienes habrían de velar por su salvaguarda. Sobran los matices cuando nos enfrentamos a la traición y a la prevaricación de unos señores que previamente han convertido en impunes todos sus actos.

Pascual Sala, Eugenio Gay, Elisa Pérez Vera, Luis Ignacio Ortega, Adela Asua y Pablo Pérez Tremps son los nombres de la infamia, los verdaderos hombres de negro del pueblo español; pero son sólo la voz de su amo, los ejecutores de una política que no pretende hacer cumplir nuestras leyes sino blindar un proceso de negociación con la mafia etarra basado en la rendición del Estado español. Y van ganando. Poco a poco han conseguido ablandar los resortes del Estado hasta dejarlos amorfos e inertes, paralizados, capitulados. Pero el Estado no es la Nación española. Somos millones los españoles que no nos rendimos y que no vamos a asumir mansamente la derrota que nos quieren procurar desde las instituciones, y volveremos desde la sociedad civil a reclamar la victoria de España frente al terror, exigiendo al gobierno de la Nación la disolución no de la ETA sino del TC. Respecto de la ETA exigimos la ilegalización de todas sus marcas políticas y el aplastamiento de la banda terrorista en todas sus expresiones.

La legitimación de los crímenes pasados, y la facilitación de los futuros, es la principal consecuencia de la acción de Pascual Sala y sus secuaces. El deshonor y la vergüenza ya es suyo. La injusticia y el peligro es para nosotros. De los traidores no esperemos nada, salvo verles navegar a la deriva sobre los restos de un sistema decadente. De los traicionados, del pueblo español, de la sociedad civil, hemos de esperar que tengan, que tengamos, la consciencia de la situación que estamos viviendo, la determinación para defender nuestros derechos como españoles y nuestra dignidad como Nación, y la clarividencia para provocar con nuestras escritos, denuncias, movilizaciones y protestas una rectificación de fondo en la política antiterrorista, para volver a la senda que nunca debimos abandonar.

Dicho lo cual –y esto se lo dirijo a los que se parapetan y esconden su vileza, su cobardía o su flojera, !igual da!, tras el discurso-cantinela del respeto a las instituciones–, yo no tengo empacho en decir que ni comparto ni respeto ese infame y sanguinolento salvoconducto que quieren llamar sentencia, y que me ha producido la misma sensación que tuve al leer las cartas de extorsión etarra que recibía mi abuelo. A esto lo han llamado sentencia. A aquello lo llamaban impuesto revolucionario.

21 de junio de 2012

martes, 13 de diciembre de 2011

NO ES ESTO, NO ES ESTO

MANIFIESTO DE LA FUNDACIÓN DENAES CONTRA LA PRESENCIA DE LA ETA EN LAS CORTES GENERALES DE ESPAÑA


Hoy es un día importante para los españoles, porque aquellos conciudadanos que hemos elegido en las urnas acceden a sus puestos para representarnos.



El ejercicio de la soberanía nacional permite que 650 diputados y senadores tengan el honor, y asuman la responsabilidad, de representar a millones de españoles, en el amplio marco que permiten los valores superiores de nuestra Constitución; la indisoluble Unidad de la Nación Española, la Libertad, la Justicia, la Igualdad y el pluralismo político.



Pero hoy es también un día triste, de enorme decepción. La presencia de los defensores de la ETA en las Cortes Generales de la Nación española otorga una apariencia de legitimidad, -no sólo a su ideología totalitaria y secesionista-, sino también a los medios terroristas y criminales utilizados durante casi medio siglo por la banda asesina. No puede haber un síntoma más claro de la degradación política y moral de nuestra democracia.



La presencia de los promotores del terrorismo en el Congreso de los Diputados y en el Senado es un hecho que, -jurídica y políticamente,- no tiene parangón en las naciones de nuestro entorno, y que hiere a la sociedad española en lo más hondo de sus convicciones. Un hecho que, además, lastima nuevamente a las víctimas del terrorismo.



Por ello, como ciudadanos españoles, queremos manifestar:



1º/ Porque SI creemos en la Libertad y en el pluralismo político, NO aceptamos que ninguno de los representantes de la Nación Española puedan ser portavoces de ideologías totalitarias que atentan contra la libertad individual y los derechos fundamentales de los españoles.



2º/ Porque SI creemos en la Justicia, NO aceptamos que los recadistas de los asesinos de casi un millar de españoles nos representen, provocando que la Justicia quede desterrada de la vida política española al situar al mismo nivel a los defensores del terror secesionista con el resto de diputados españoles.



3º/ Porque SI creemos en la Igualdad, NO aceptamos que los portadores de delirantes ideologías excluyentes y esencialistas puedan representar al conjunto de la Nación española.



4º/ Porque SI creemos en la indisoluble unidad social, política, histórica y territorial de la Nación española, -que es fundamento de nuestra Constitución-, NO aceptamos que puedan ocupar un escaño en el parlamento nacional aquellos que destilan tanto odio contra la Nación, y que actúan sin descanso, e ilegítimamente, con el proyecto de destruirla.



5º/ Y porque SI creemos en la democracia española, NO aceptamos que los delegados de los asesinos fraticidas se infiltren en nuestras instituciones, poniendo en gravísimo peligro a la propia democracia española.



En definitiva, porque NO aceptamos que se vulnere nuestro DERECHO A LA UNIDAD DE ESPAÑA, solicitamos a todos los ciudadanos que vuelvan a entonar un rotundo NO ES ESTO, NO ES ESTO.






NO A LA PRESENCIA DE LA ETA EN LAS CORTES GENERALES DE ESPAÑA

martes, 29 de noviembre de 2011

Guerra de vítores en el PSO¿E?



La abultada derrota electoral de los socialistas ha puesto sobre el tapete de nuevo la existencia de una inquietante disyuntiva en el socialismo español. En el próximo Congreso Federal (sic) el PSOE habrá de elegir a su Secretario General, lo que sin duda constituye una elección importante para España, pero antes habrá de elegir el vítor que le defina como partido nacional español o como agrupación de partidos nacionalistas, elección, -ésta sí-, capital y determinante para el futuro de España.
La retórica España plural de los socialistas, mutada en “nación discutida y discutible” durante el septenio negro de Zapatero, y descosida por las costuras debido a la presión de unas autonomías inflamadas y de unos líderes locales desleales con España, ha puesto de plena actualidad el debate sobre la idea de España en el PSOE.
Bono ha dicho, por convicción o estrategia, -no le juzgo-, que el PSOE deberá elegir como líder a una persona "sin complejos de territorio, ni de edad, ni de clase (…) que sea un socialista moderado, que no sea no dogmático (…) que sea español sin complejos, (…) que no le de vergüenza cuando acabe el congreso gritar ¡viva España!”
Más allá de la elocuencia populista y grandilocuente con la que Bono se expresa, -y a pesar de que muchos portavoces de su partido han salido a decir que Bono se inventa un problema con España donde no lo hay-, lo cierto es que el aún presidente del Congreso de los Diputados ha puesto el dedo en la llaga sobre el principal problema identitario del PSOE, y que afecta a la cuarta letra de sus siglas. Parece que Bono tiene claro que quiere formar parte de un partido socialista español y no de un partido socialista internacionalista que se mueva en un limbo nacional indefinido o simplemente antiespañol. Antes de definir el grado de izquierdismo del PSOE convendría que su cónclave aclarase quienes son los destinatarios de las recetas socialistas; o bien los ciudadanos de la nación española, a los vasallos de los nuevos reinos de taifas, o el conjunto de los habitantes planetarios.
La respuesta de los socialistas catalanes no se ha hecho esperar, de hecho estaba escrita antes de que Bono hablase. Tan veraz y razonable es la preocupación de Bono que el PSC (Partido Socialista de Cataluña), partido que puede alumbrar de manera increíble a la próxima Secretaria General de un partido distinto, va a debatir en su ponencia marco la inclusión de la reivindicación del llamado derecho de autodeterminación, que no es sino el eufemismo para ocultar el hipotético derecho de secesión de las distintas partes de España. Así están las cosas en el partido de Carmen Chacón.
La respuesta de los socialistas vascos ha sido como la de un resorte mecánico. Desde el Partido Socialista de Euskadi Bono ha recibido la más irritada de las contestaciones que, llevándole la contraria, no hace sino darle la razón. El presidente del PSE, Jesús Eguiguren ha respondido a Bono en tono desabrido aseverando que no cree que haya que gritar viva España, pero sí "Gora Euzkadi", "Visca Catalunya" y "Viva La Constitución". Es innegable que para Eguiguren España no es una nación, -se niega incluso a mentar su nombre-, sino cárcel de naciones (imaginarias), ya que éstas sí se pueden vitorear por sus nombres (Euskadi y Cataluña) sin necesidad de esconder las pasiones detrás de un frio ¡Viva el Estatuto!. Leyendo a Eguiguren, -cautivo de sus amistades peligrosas-, se entiende bien su tonteo permanente con la ETA.
El problema es que José Bono también tiene una respuesta de los socialistas españoles -¿o habrá que decir socialistas federales?- formulada con carácter retroactivo. La Conferencia Política del PSOE, celebrada antes de que se diese el pistoletazo de salida de la campaña electoral fue de lo más preocupante por alguna de sus afirmaciones en lo que al discurso nacional se refiere. En ella se acusaba al PP de querer confrontar un “nacionalismo español rancio” con los “nacionalismo periféricos”. Cualquier lector avisado puede percibir que el PSOE califica de manera peyorativa a ese supuesto nacionalismo español calificándolo como rancio, y sin embargo define de una manera neutra a los nacionalismos periféricos a los que no ataca dialécticamente porque quizá le parezcan lícitos. Por lo tanto ¿tiene un rechazo el PSOE a los nacionalismos? ¿O solo al imaginario y maligno nacionalismo español? En realidad el PSOE tiene un problema con España que tiene mucho que ver con el auto-odio sólo analizable desde la disciplina delirante de la psicología histórica.
Las respuestas dadas a Bono por otros socialistas con ánimo de llevarle la contraria no hacen sino darle la razón. Elena Valenciano, una de las artífices del descalabro socialista, ha dicho entre risas en la sexta que “nunca se han dado vivas a España en los congresos del PSOE, sería una cosa verdaderamente inédita, pero en fin”. Lo que confirma que el PSOE tiene un problema con España, y España tiene un problema con el PSOE. Por el bien de todos los españoles, ojalá que lo “inédito” se haga normal.

jueves, 24 de noviembre de 2011

José Ramón Parada, la academia patriótica



No es habitual que los hombres entregados al selecto y elevado campo de lo académico desciendan al “mundano” de las afirmaciones patrióticas. Parece que a mucho se les cayesen los anillos, y que mentar la patria fuera casi como mentar la bicha; unos por encuadrarla en el ámbito de lo irracional y otros por condenarla directamente al ámbito de lo despreciable o dañino. ¿Cuántas veces hemos tenido que oír la lamentable sentencia, convertida ya en lugar común, de que “el patriotismo es el último refugio de los canallas”?
El patriotismo, por el contrario, es el lado más humano, generoso, y desinteresado de los grandes hombres. José Ramón Parada Vázquez, Catedrático de Derecho Administrativo, eminencia entre los administrativistas , y principal discípulo del rey del Derecho Administrativo, García de Enterría , -del que fue primer ayudante y primer pasante- , no empaña lo más mínimo su relumbrón académico por ser un hombre capaz de hacer afirmaciones patrióticas, y por mentar la bicha sin ningún tipo de complejo.
Le conocí hace unos años, cuando participó como jurado en lo Premios Españoles Ejemplares de la Fundación DENAES. Allí lanzó sus propuestas y peleó con vehemencia y convicción para que se distinguiese con el galardón a aquellos españoles que hubieran destacado por su patriotismo. Ese día comprobé que era de los que se toman las cosas en serio y de los que no van a los jurados aceptando ser figuras decorativas, ni como convidados de piedra.
Años después he comprobado que José Ramón Parada tiene la misma actitud a la hora de entregar premios que a la hora de recibirlos. Tampoco en este caso tiene a bien dejarse usar como figura ornamental de la distinción de turno. Hace unos meses el Senado le concedió la medalla “Eugenio Montero Ríos” como reconocimiento a su laudada trayectoria en el ámbito del Derecho Administrativo. Montero Ríos, que fuera Presidente del Senado, y que compartía con Parada dos importantes señas de identidad y otra esencial y definitiva; las dos primeras eran las de ser ambos gallegos así como la de hallarse entre los más importantes administrativistas de sus respectivos tiempos. La definitiva y esencial era la de ser patriotas españoles.
Tal coincidencia hizo a Parada citar a Montero Ríos en el acto de recepción de la medalla, y a su vez a Montero Ríos hablar desde la ultratumba por boca de Parada. Les dejo con ellos y con las palabas seleccionadas por Parada para recibir la medalla y que fueran pronunciadas el 28 de enero de 1909 por Montero Ríos, que intervino en el Senado con motivo de las pretensiones descentralizadoras de los nacionalistas acompañadas de la ausencia de lealtad constitucional: “Nacionalistas! Tengo la completa seguridad de que mi partido, ni ningún otro, no profesa, no profesará jamás ideas semejantes; pero si las profesara yo dejaría de ser liberal, yo no pertenecería a ningún partido político, para ser español, siempre español y defensor de la unidad de mi patria”
Tras citar a Montero Ríos, José Ramón Parada no pudo sino continuar con palabras de elegante protesta, y de patriótica dignidad, que bien parecían las de aquel histórico presidente del Senado de corte liberal-progresista: “ Y es que, Don Eugenio Montero Ríos, nunca hubiera hablado en el Senado, ni hubiera permitido que ningún senador se hubiera expresado en esta Cámara en idioma distinto del castellano o español, nuestro idioma común y oficial. Menos aun hubiera permitido un servicio de traducción para que se entendieran entre sí gallegos, vascos, catalanes y castellanos. Tengan por seguro que, antes de consentirlo, hubiera dimitido de nuevo como Presidente del Senado y de su cargo de senador vitalicio”. Imaginen la cara impávida del actual presidente de la Cámara, presente en el acto.
Por si esto fuera poco el otro día llegó a mis manos la obra “Jalones históricos de la Nación Española” de Enrique Orduña, editada por la Fundación Alfonso Martín Escudero, fundación a la que –en mi ignorancia- no imaginaba tan comprometida con la recuperación de la Historia de España ¿Saben ustedes quién preside tal Fundación? El mismísimo José Ramón Parada. Da gusto y provee de esperanza pensar que hay un hombre que está detrás de tantas de las cosas buenas que se hacen en España, y por España.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vargas Llosa, uno de los nuestros



Con el Premio Nobel concedido a Mario Vargas Llosa los españoles hemos sentido la misma alegría y emoción que cuando lo lograron Camilo José Cela, Jacinto Benavente, Santiago Ramón y Cajal, o Severo Ochoa. Al margen de la nacionalidad española concedida a Vargas Llosa, -extremo del que yo no estaba seguro y muchos desconocerán-, lo cierto es que con el galardón otorgado al mismo los españoles nos hemos visto reconocidos por el premio y reconocidos en él, en el premiado. Porque el peruano Mario Vargas Llosa es un español mucho antes de que ningún documento administrativo acreditase la nueva nacionalidad española, concedida precisamente cuando en El Perú autoritario se barajaba quitarle su otra nacionalidad con la excusa típica de caricaturizar su lucha por la libertad como una traición a la patria. “Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que la tengo”, ha hecho público su amor de un modo que eriza el vello a millones de españoles.
Más allá de que esta sea la victoria de nuestro literato compatriota y con él, de nuestra lengua universal, es la de un hombre que ha vivido muchos años de su dilatada vida y amplia trayectoria literaria en España, que nos conoce y se reconoce en nosotros, que nos siente y le sentimos, que nos quiere. No en vano Vargas Llosa dedicó extensos y sentidos párrafos de afecto a España en el discurso mismo que pronunció en Estocolmo mientras degustaba las mieles del triunfo y del reconocimiento mundial. A esa España que le acogió en Barcelona y en Madrid y a esos españoles que fueron y son sus amigos y de los que el bien nacido no olvidó nombres ni apellidos.
Pero la relación de Vargas Llosa con España es aún mayor que la relación del hipotético forastero que es acogido y aplaudido en una tierra, entre unas gentes. Y él mismo lo reconoce y reivindica de alguna manera. La ligazón de Vargas Llosa a España es emocional e histórica, a través de los antepasados, de aquellos que nos precedieron en el gran mundo hispánico. Por eso el maestro de las palabras expresó a la vez que su cosmopolitismo y su patriotismo peruano, el amor a España y la reivindicación de la hispanidad sin leyendas rosas ni negras que ojalá asumieran todos los hispanoamericanos y todos los españoles. “A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas (…), y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron” (…)“La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra”
Más allá de los matices que podríamos señalar sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo, debemos agradecer que la pasión llosiana por España no sea retórica o estética. Es un querer en el que se detecta su preocupación por el devenir de España, de su unidad y de su libertad. Por eso se detuvo para alabar la transición española y la Barcelona de aquellos días para acto seguido abominar con nitidez y crudeza de los nacionalismos: ”Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz”. Siendo tajante en su afirmación de que “detesto toda forma de nacionalismo” se esmeró en distinguirlo del patriotismo al que ensalzó y que claramente practica, distanciándose de otras posturas liberales que relativizan en exceso la patria.
España ha ganado porque Mario ha ganado. Y Mario ha devuelto con su discurso el favor y el amor que España le ha regalado. ” Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esa tribuna, ni a ser un escritor conocido”. Su gratitud es absoluta. La nuestra también.






Publicado en Alba

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Nicolás Redondo, la izquierda nacional




En España, la izquierda política o bien es internacionalista o bien simpatiza con los nacionalismos periféricos cuando no los emula directamente. En la reciente conferencia política del PSOE, este partido acusaba a la derecha de pretender la confrontación de un “rancio nacionalismo español” con los “nacionalismos periféricos”, definiendo al primero de una manera peyorativa y a los segundos de una manera neutra. En cualquier convocatoria electoral o debate no es raro ver a un candidato o político de izquierdas engalanándose con el europeísmo, el vasquismo, el catalanismo, el galleguismo, el andalucismo etc, pero a ninguno le oiremos jamás mención alguna al españolismo a no ser que se pretenda denostar. En este panorama, cualquier español mínimamente patriota recibe como agua de mayo la más mínima manifestación de conciencia nacional o de sentimiento patriótico en la boca o en la pluma de un político izquierdista. Por eso, la figura de Nicolás Redondo Terreros se agiganta hasta límites insospechados en mosaico de la izquierda española en general, y del PSOE en particular.

No nos hace falta ver a Nicolás Redondo envuelto en la bandera de España, ni lanzando vítores a la nación, ni tan siquiera realizando profesión de fe españolista para saber de manera indubitada que nos encontramos ante un patriota de una pieza cuyos méritos no son otros que sus hechos. En el año 2001 dio esperanza a toda España, granjeándose la simpatía de izquierda y derecha, cuando anunció antes de las elecciones autonómicas vascas que pactaría con el PP para expulsar a los nacionalistas. Fue inaudito desde un punto de vista político que tanto el PP de Mayor Oreja como el PSE de Nicolás Redondo no sólo afirmasen sus intenciones de pacto durante la campaña sino que se prestasen a participar en multitudinarios actos conjuntos en el marco de la Iniciativa Ciudadana Basta Ya. Fue un espejismo, pero por vez primera en décadas las banderías partidistas quedaban de lado y se ponía el acento en lo esencial; España, la Constitución, y la libertad.

Precisamente, ya fuera de la política, que tanto le ha maltratado, Nicolás Redondo continúa presidiendo la Fundación para la Libertad, institución de evocador nombre que da sentido a su trayectoria política. Y desde ella sigue siendo un faro de sensatez y sentido común en todo lo que tiene que ver con España y el terrorismo. Porque su presidente, y su equipo, saben distinguir lo esencial de lo accesorio, y situar a España por encima del partidismo y del maniqueísmo izquierda-derecha.

Hace ya unos años que está apartado de la primera línea política, e incluso de la segunda y la tercera, pero de vez en cuando se le puede escuchar en las tertulias radiofónicas. Escúchenle con atención; no oirán a un vocero de partido, ni a un resentido después de las purgas políticas. Estarán escuchando a un hombre cabal y a un español patriota, que representa a la perfección el paradigma contrario al sectarismo desde una óptica izquierdista.

El sectarismo interno lo han padecido él y los suyos. Unos siguen luchando. Otros se han rendido. La gente que le rodeó en su andadura ha corrido suertes dispares: Maite Pagaurtundua con la sangre helada por Patxi López mientras capitanea la Fundación Víctimas del Terrorismo; Rosa Díez fuera del PSOE, y el otrora admirable alcalde de Ermua, Carlos Totorika, prestándose a participar en la conferencia proetarra de San Sebastián. La ingratitud de la política es mucho más que una fórmula convencional en el caso de Nicolás Redondo.

Quizá confundo la realidad con los deseos pero ojalá en un futuro de catarsis y regeneración el PSOE situé al frente del partido a un hombre como Nicolás Redondo Terreros que entronca con la mejor tradición nacional de la izquierda española. Decía Gustavo Bueno que Azaña, Prieto y Uribe tienen frases de un españolismo tan intenso que podrían ser confundidos con Ramiro de Maeztu o José Antonio Primo de Rivera. Ojalá llegue el día que al hablar de España no distingamos si uno es de izquierda o de derecha. Con Nicolás Redondo aun es posible una izquierda para la que la Nación española ni sea discutida ni sea discutible.








Publicado en el Semanario Alba

jueves, 10 de noviembre de 2011

Rogelio Alonso, con nuestros caídos



Coincidimos en la cena del V aniversario de la Fundación DENAES, al que habían asistido numerosas víctimas del terrorismo. Le había saludado y felicitado hacia unos meses por el magnífico libro Vidas rotas, del que era coautor junto a Marcos García Rey y Florencio Domínguez, este último uno de los mejores conocedores de la organización terrorista ETA y uno de los hombres mejor informados de España sobre todo lo relativo a la banda.
Me alegró verle allí. Inmediatamente me dispuse a presentarle a algunas personas: “Rogelio Alonso, el hombre que ha escrito el libro más importante sobre ETA”, dije a varios de los presentes cada vez que le presentaba. Rogelio, entre tímido y agradecido, negaba con la cabeza y decía: “¡Qué va!”. No era falsa modestia. Muy probablemente él no crea haber escrito el libro más importante y decisivo sobre la banda criminal. Pero a mi, su negativa reiterada a tal reconocimiento, me hizo reflexionar. ¿Era el libro de Rogelio Alonso el más importante sobre la historia de la banda? Me volví a responder afirmativamente. Lo era. Probablemente no era la obra en la que mejor se desentrañaban las interioridades de la mafia etarra, ni en la que mejor se explicaban su organigrama y sus diferentes estrategias durante estas cuatro décadas de terror. Pero el libro refleja lo esencial de la banda como ningún texto lo había hecho antes, representando un documento excepcional no conocido hasta que Rogelio Alonso y compañía se pusieron manos a la obra.
Porque la historia de la ETA no es sino la historia de sus víctimas. Eso es lo único que en verdad importa de la organización mafiosa: que no olvidemos los muertos provocados ni los objetivos totalitarios y secesionistas que han animado tantos crímenes. Vidas rotas, en mil trescientas páginas, es el primer gran compendio de todas las víctimas del terrorismo, del casi un millar de muertos provocados, con una breve historia de quiénes fueron y cómo murieron a manos del terror etarra.
Es justo reconocer el esfuerzo no solo científico, sino patriótico de los autores a la hora de acometer tan vasta tarea, un esfuerzo realizado en favor de la sociedad y de la memoria de la misma. Al final, los autores han puesto el acento en lo esencial, en nuestros caídos, en nuestros inocentes -todos ellos- ante la sinrazón de los medios y los fines terroristas.
Pero más que de los autores, yo quiero volver de nuevo al autor; Rogelio Alonso, profesor titular de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos. Siempre me ha sorprendido el conocimiento, pero más aún el compromiso de este profesor con aspecto de estudiante. Parece un chaval. Creo que siempre ha puesto su formación y sus investigaciones al servicio de la sociedad española, dedicándose a estudios absolutamente útiles para la vida colectiva de una nación. Querían comparar el País Vasco con Irlanda para justificar una negociación entre bandos y Rogelio Alonso se convirtió en el mayor experto español sobre el caso irlandés, derribando sin piedad cualquier paralelismo. El yihadismo atacó al mundo occidental, y Alonso volvió a zambullirse en ese otro terrorismo. También ante el reciente comunicado etarra fue de los pocos que no se dejó embaucar. Y afirmó con rotundidad que se trataba de un alivio, pero que ETA seguía siendo una amenaza, y mientras no se disolviera no se podía subestimar su capacidad terrorista. En el futuro, la perpetuación de la memoria de las víctimas de la ETA, será en gran medida obra suya. “Un monumento hecho con palabras” en expresión de Maite Pagazaurtundua. Porque Vidas rotas es una contribución a la memoria, pero también a que los terroristas no consigan romper la vida colectiva, en libertad y democracia, de la Nación española, que tiene en Rogelio Alonso a uno de sus mejores hijos.